sábado, 10 de junio de 2017

Amor Fati

Hace tiempo
que me puse en manos
del azar
y el tiempo infinito
me busco entre las miradas
antiguas y sabias
los libros que me dan sosiego
las experiencias
que me dan esperanza
y poco a poco
en medio de ese paseo
encuentro esta angustia
como un juego
escucho y me oigo
cambiar el mapa
la óptica que determina
mi antesala
y los días me llevan,
arrastrados por el viento
más serena, más tranquila
avanzo con mi angustia
con una fe que nunca tuve
en el amor fati

La sabia lechuza

Con cansancio y desgana
me esfuerzo por encontrar las palabras
en medio de este vacío tan ensordecedor
de tu ausencia
de mi ausencia
de esta congoja silenciosa
y solitaria
y la paradoja
de sentirme afortunada
No quiero quedarme a solas
porque entonces viene de golpe
todo tu ingrávido peso
y el murmullo
de las erinias
Un nudo se me encoge
en la garganta
quiero huir hacia adelante
que todo sea más sencillo
observar
mi personalidad
convertida en llamas
y acabar de madrugada
en medio de mis propias brasas.
No puedo pedir nada,
no puedo pedirte nada
sólo puedo sentir esta tristeza
de un amor dulce
que nunca llegó a ser del todo
que nunca murió del todo
que ha vivido a la espera
de un mañana mejor
que nunca llegaría
Y quisiera tener la fuerza
que entre los dos nunca tuvimos
ya no sé si para seguir sola mi camino
o para haber podido, contigo y conmigo
La sabia lechuza pulula
a altas horas de la noche
ella quiere que florezca
entre las acacias y las moras
que beba del dulce néctar
de la uva y la juventud
mientras siento
que habito un cuerpo
 que no es mío
y un alma
que no me reconoce
Entre libros y vinos me paseo
entre andares y risas me contemplo
y tu sombra
siempre está conmigo
no quiero que este poema se acabe
porque todavía no concibo
que nos hayamos despedido.




jueves, 30 de marzo de 2017

Si me diese tiempo

Y me odio, me odio porque soy un mar que permanece en calma durante demasiado tiempo: tanto que cuando llega la bravura, lo arrasa todo consigo. Pero mi córtex evita que estalle, y sólo lo sé yo, en cada calada de un cigarrillo, en cada exhalación de oxígeno perfumado de primavera. Porque no, algo me impide dar ese salto, porque sé que es mortal. Que el orgullo me impide sincerarme. Porque no acepto el rechazo. Deseo que adivines que estoy llena de tempestades por dentro. Esas que tampoco a ti te comunico, siempre en calma, con millones de ideas y pensamientos haciendo zig zag en mi mente; sin que lleguen a salir a la superficie, porque ninguno de ellos tiene potestad para hacerlo. Ninguno es firme. Son miles de murmullos, de arrullos que me vienen, mientras los demás simplemente hablan, yo callo; calloy pienso. Y por eso los demás creen que tal vez no tengo nada que decir. Porque al ser un mar dormido, guardo todo aquello que aprendo, y hasta lo olvido. Hace tiempo que nada me devuelve la ambrosía, hasta que ha llegado la primavera, en forma de deseo, cuando querría sublimar y hacer Mi Obra. Pienso en sus ojos y me duele. Pienso en su forma de escribir, de arrullarme con cada palabra, y me duele. El deseo es proporcional a la rabia de la lejanía y la indiferencia. Esa suculenta combinación de timidez, orgullo y deseo inoportuno hace que mi vida se base en una sucesión de fracasos continuos. Es ahí donde llego a dormirme. Es donde comienza el sueño infinito. Porque tardo un abismo en ser consciente de que lo que me está matando es esa falta de dopamina; y antes de contemplar esa posibilidad, contemplo otras, miles, absurdas, que sólo me hacen daño. Comparaciones ridículas, inseguridades vanas. Y no, no soy yo. Simplemente no es lo que busco. Y necesito dos malditos años para darme cuenta. Y es que ni siquiera se trata de culpas. Se trata de que sé que seguramente, en otro escenario, con otros personajes, me sentiría igual. Y tal vez por eso fantaseo continuamente con ser otra persona. Otro mar. Porque me empeño en creer que la vida de los demás es como una melodía más acompasada; como una historia con un final predestinado, que uno busca porque ya conoce. Mientras yo siento que no dejo de ensayar en una vida que se me escapa. Y se sigue escapando mientras no encuentro el Camino. Por eso hoy me iría corriendo, si pudiera. A buscar un cuento lleno de ventajas. Si me dejara. Si me diese tiempo.

jueves, 26 de enero de 2017

Sobrevivo

Me gustaría creer
que la vorágine
de mis días
acabará
en un lago
de argentina
Quisiera pensar
que no me engaño
que no hago mal
que no soy cómplice
de un sistema
en el que no creo
Ojalá
no me sintiera
tan miserable
entre tanta hipocresía
mediocridad
obediencia
y rabia contenida
Me gustaría
valer más que todo eso
y poder plasmarlo
sentirme libre
y vivir de ello
Que el miedo
no sea
la moneda de cambio
y no sentir
que en lugar de vivir
sobrevivo

jueves, 3 de noviembre de 2016

De Antígona, prometeo y otras condenas



En el día mundial del teatro, voy a hacer un homenaje: 
Tras un concierto, dos amigos hablan:

1- Me voy a casa
2- ¿Qué te pasa?
1- Nada, no te preocupes. Siempre estoy igual, me canso hasta yo. No quiero darte la noche, es tu noche.
2- Venga, no te vayas. Tómate la última conmigo y hablamos. ¿Es por lo que me has contado antes?
1- Sí. No lo puedo evitar... Y me siento súper tonta.
2- Hombre, un poco tonta sí que eres -dice el segundo hablante con sorna-. Pero, ¿por qué te martirizas así? No es para tanto. Además, aún no sabes lo que piensa. 
1- Eso se intuye. Se nota. Está en otra parte. No me ha visto. Está haciendo de su vida una obra de arte, y yo no quepo en ella. No hay lugar para mí. Y es normal. ¿Qué hacía yo cuando era más joven? Nada. Estaba muerta de miedo. No era capaz de vivir. Hace todo lo que yo debí hacer cuando tenía su edad. Siente como yo sentía. Tiene mi mismo entusiasmo. Pero yo no tuve el valor de llevarlo a la práctica. Los años, la vida, no pasan sobre él. Arrasa sobre su vida. Su esencia invade cada movimiento, cada paso que da. Es independiente, fuerte. Me ha dicho que quiere irse. Que es así como sabe que tiene hacerlo.
2- Sí, yo también sabía decir esas, pero eso no quiere decir que de verdad sepa lo que significa. Y además, tú haces y hacías muchas cosas. También eres valiente. No tienes que compararte.
1- Le he dicho que yo antes era como el niño de La lengua de las mariposas. Un gorrión. Un gorrión que no sabía salir del nido. Le he hablado del saxo en la niebla. Del muchacho que no sabe tocar, hasta que no se enamora. De la china que llora porque sabe que está tocando para ella. Y no he tenido que explicárselo. Habitamos Lugares Comunes. Es un fueguito de Galeano, que si te acercas, se enciende. Arde la vida con tanta fuerza... y no soporto que no sea para mí. No soporto haberme perdido tantas cosas. 
2- Te repito: no sabes lo que piensa. Tienes que dejar de compararte. 
1-  No me perdono que su valentía me duela. Haber perdido tantos años.
2-  ¿Por qué te empeñas en verlo así?
1- Porque me duele. Él seguirá siendo un fueguito encendido, ardiendo cada día más lejos. Le admiro, y me odio por no ser capaz de disfrutar viéndole volar, por no poder volar con él. Por no haber sabido llegar a las entrañas, como otros invaden las mías.
2- No necesitas sus alas, mi pequeña madame Bovary... Ni deja de existir la Magia que te envuelve, sólo porque alguien no la vea. También ardes la vida, con tantas ganas.
1- Tiene tanta luz que me encandila. El mundo se ve distinto cuando le miro. No entiendo por qué tengo que renunciar a buscarle. No me hace gracia que el universo se burle poniéndomelo delante. Que nunca pueda ser partícipe de esa belleza.
2- Sabes que no es eso. No hay castigos divinos. 
1- Quizá debería rendirme, e intentar ignorar esa parte de mí. Volverme estoica, budista, practicar la atharaxia. Pero no puedo. Sé que no puedo. Estoy viva. Es como mirar el jardín de las delicias. Me gusta todo lo que veo, todas las cosas buenas de la vida. Pero siempre le presto más atención a la misma parte del cuadro. A la misma imagen.
2- Eres así, puro deseo. Por eso eres Madame Bovary. Esa es tu condena. 
1- ¿Qué significa eso?
2- Eres el ciego que lo ve todo, menos a sí mismo. No ves lo que eres. Ni lo que haces. Todos lo vemos menos tú. Eres Prometeo. Porque cada día se te comen las entrañas por robar el fuego, por ser auténtica. Por tu inocencia.  Te lo he dicho muchas veces. Eres mi noche estrellada.
1-  Siempre me has idealizado
2- No. Siempre he sabido verte, porque tú me viste a mí. Tú sabes ver a los demás, y ser su espejo. Pero a cambio de perderte a ti. Tan empática, tan radiante, tan auténtica, tan capaz de envolverte en la manera de sentir de los demás, que no te encuentras. No te ves. Y los que te vemos, nos morimos de rabia.
1- Y entonces, ¿qué virtud es esa? si me estoy consumiendo a mí misma, ¿cómo iba a gustarme, aunque me viera?
2- Eres Antígona. No participas del mundo. Te quedas fuera. Estás fuera. En tu tumba. Pero eres capaz de hacer salir a los demás de la suya. De revivir a las personas, con tu luz. Y ni siquiera te das cuenta. Y quiero verte salir. No eres feliz porque siempre estás buscando fuera. El espejo. Y ni aun cuando lo encontraras, serías feliz, porque queriendo verte a través de otros ojos, nunca estarás satisfecha con la imagen que te devuelva, ningún espejo. Hasta que te canses, y busques otro. Como Madame Bovary. 
1-  Pero me hace desdichada. Mi mayor virtud, es mi mayor condena. Y te extraña que no pueda verme bien.
2-  Sé que acabarás viéndote. No quiero que dejes de ver las cosas malas que haces, o que eres. Pero quiero que veas también las buenas. No sabes la semilla que sembraste en mí al conocerte. No sabes los árboles que han ido creciendo a tu paso. Me cogiste de la mano, me llevaste fuera de la tumba.  Eres tierra fresca. Mi noche estrellada. Estás exenta de coraza. Esa que todo el mundo tiene. Incluso cuando intentas ser quien no eres, no te sale. Eres incapaz de mentir. No puedes. Por eso me desarmaste. Y dejé que me tocaras. ¿Eso, para ti, es haber hecho poco?


Abril 2013

Los poderes curativos -de la poesía-

 Temor y temblor

Hoy no me he hecho justicia
diké como decía Anaximandro
me quedé con la adikía, lo contrario
Hoy me he sido infiel
al no seguir mis propias plegarias
de mañana lo hago, mañana lo haré
pero en medio de este letargo
estoy más cerca que nunca,
me he reconciliado
con ese temor y temblor
tan kierkegaardiano
y sí, es posible
en el fondo me pesa la culpa cristiana
por más que busque
el lado neutro
donde las voces no son tan oscuras
donde, por fin, dejo salir a borbotones
sin tanto titubeo,
sin tanto bloqueo
porque Joseda y Henry Miller tienen razón
escribir
es una forma de vida
y yo
con tanto silencio
me estaba consumiendo a mí misma 

  Salomé

No me gustan
las corbatas
las camisas
cuando son caras
no me gustan
los cuerpos
encerrados en la institución
que me ofrecen
seguridad
que trepe
hasta los hombros
no me gusta
esa sensación
y a veces pienso
que ojalá, y, de verdad
ojalá me gustasen
los cocodrilos bordados
tanto como me gustan
las conversaciones sobre orión
en medio de los bares
porque al final
vuelvo sola a casa
y pienso en que
tu belleza insólita
tu pedantería extrema
me han convertido en la presa
que se lanza sobre la fiera

El día del Pilar

Salgo a la calle contigo
que eres mi padre
y nunca me crees cuando te digo
que de verdad, de verdad
mi corazón se encoge
cuando hablas de ti
como un globo
que explotaría
si no tuviera
familia a la que cuidar
y después
en la mesa
te pones a recitar
las coplas a la muerte de su padre
de jorge manrique
y no, no hablas de ellas
como hacemos los demás
tú las recitas de memoria
y no puedes seguir
porque te emocionas
y entonces te miro
y sé que eres
mi persona favorita
y, cuando pasen los años
tal vez tú no estarás
me sentiré tan vacía
sin ti
que no tendré más remedio
que consolarme
con las coplas
a la muerte de su padre

y lloro ya
que todavía te tengo
porque ya sé
la suerte que tengo
y lo poco preparada que estaré
cuando llegue
ese momento 

Nuestro lienzo

Con tu sudadera
y bajo la lluvia
busco razones, motivos
que me llevaron
y que me llevan
de forma
ajada, melancólica
a estar a tu lado
y cada vez
estoy más lejos
de ti
y algo más cerca
de mi centro
como mantener
con un meñique
nuestro lienzo
que un día intenté pintar
a tu gusto
pero que ahora
abandono
entre la pena, la ira
y el recuerdo

 Arrecife de coral

Como un marinero
que un día se perdió
en medio del mar
ando buscando mi brújula
podría decirse que soy
una pirata
y que la vida puede ser
una aventura
pero ando con cuidado
atravesando tempestades
temblando por si no sé llevar el mando
justo antes de la ventisca
oyendo voces a lo lejos
sumergiéndome
en el fondo
del mar
y de mis miedos
les doy forma
los coloreo
levanto la vista
de Parménides de Elea
y veo una cara antigua, conocida,
familiar
y me devuelve al mundo
de los arrecifes de coral
el que un día fue niño
y pasaba las tardes conmigo
ahora es un hombre
que me pregunta
qué fue de su identidad
y la brújula vuelve
y mi nudo en la garganta
se va

  Gardel

Entre sabios antiguos
y música instrumental
procuro encontrar
las cuatro fuentes de la crisálida
hacer mío el sueño de Escipión
el cuidado de sí
que Sócrates susurra
y entro en calor
desde la bruma
de la ventana
el humo del cigarro
que fuma Gardel
tu mirada perdida
y el poso del café 

 I hurt myself today

En trance
con la diosa
del oráculo de Delfos
me gustaría llegar al epicentro
de mi ser
acercarme
sin que duela
acurrucarme entre los vapores
y no volver a conocer
la frustración
la interrogación
ni decir
con Johnny Cash
I hurt myself today 

El despertar

Últimamente
me cuesta demasiado
abrir los ojos
poner un pie en el suelo
y tú
me das los buenos días
cada mañana
y te imagino
antes del amanecer
subiendo la colina
de la alhambra
meditando
delante de tu panteón
poniendo flores
y dejando salir
la angustia
que te da fuerza
para seguir adelante
y yo
partícipe
de tu intimidad
siento que en ti
alberga
la vida

domingo, 17 de abril de 2016

El Abismo Bostezante

 "Yo soy su ángel. Sin el amor de Sofía  no existo" (La ardilla roja, Julio Medem)


- No quería tener que escribirte. Pensé que podría quedarme en este domingo soleado y tempranero, perdida dentro de mí misma; buscando el consuelo en la música lacónica que quisiera protegerme de las calles llenas de ceniza y soledad asfixiante. Claro, ya sabrás lo que estoy escuchando. Pero el impulso que me lleva a dirigirme a ti, es el deseo envolvente de que formes parte de mi historia. Últimamente no hacen más que venirme recuerdos de vidas que no viví. Me viene a la mente un parque en otoño, y una música en escala menor de piano; una chica disfrazada de mimo. Quién sabe. Podría haber sido yo.

Pero, en ese momento, deja de escribir. Y es ahora cuando sabe que él -que cualquiera- pensaría que ésta es una mala historia. Que su estilo es siempre trágico y carente de hilo conductor. Así que, ¿para qué seguir? 
"Voy a salir a la calle", -se dice- y cuando lo hace, busca ese parque.
Con esa música en su cabeza. Pero no encuentra.
 Porque, en el fondo, sabe que todo lo que ansía hallar, no está fuera.
Pero no puede dejar de buscar. De mirar sin tocar. De tocar sin poseer. De poseer sin valorar.

Se ha acabado el paseo solitario, pero, antes de irse, se vuelve a mirar. Y ríe, porque se acuerda de Lost in translation, y se siente arropada por Charlotte, la estudiante de filosofía, acompañante eterna de un marido con la vida hecha. Humilde y trágica, piensa que no sabe hacer fotos, que escribe mal; nunca se encuentra. Y por suerte, sabe que a ella también la acompaña Bill Murray, en la distancia.

- Esa sonrisa me va a matar. A veces me siento tan estúpida. Es como si el tiempo no pasara, la ingenuidad no termina, sigo siendo capaz de emocionarme en unos ojos aún por abrirse del todo, que solo tienen fe, una fe hermosa. Y exteriorizan en sí esa belleza. Y yo me siento partícipe. Todavía. Pero soy una cobarde. Un abismo separa el pecho que se me abre de par en par cuando miro esos ojos tan familiares. Porque si se hiciese real, se estropearía. Y los contadores de historias, prefieren pensarlas, sentirlas, escribirlas. Y yo sólo quisiera tener el valor de  sobrepasar un día esa barrera, o hacerle jurarme que su vida estará a la altura de lo que promete.

Han pasado tantos días que el abismo bostezante ha dormido catorce veces; se acumulan las lecciones que aprender, pero el calor va llegando, los días son largos y soleados. Leer medio Rojo y Negro de Stendhal en un suspiro de dos días. Los dibujos se acaban y cada vez le gustan más. Y no se puede quejar.  Y aquí está, con un presente prometedor y vivo entre las manos; tanto que se le escurre. Aunque el porvenir no se vislumbre, y sea como nubes extrañas desde el horizonte.