jueves, 3 de noviembre de 2016

Los poderes curativos -de la poesía-

 Temor y temblor

Hoy no me he hecho justicia
diké como decía Anaximandro
me quedé con la adikía, lo contrario
Hoy me he sido infiel
al no seguir mis propias plegarias
de mañana lo hago, mañana lo haré
pero en medio de este letargo
estoy más cerca que nunca,
me he reconciliado
con ese temor y temblor
tan kierkegaardiano
y sí, es posible
en el fondo me pesa la culpa cristiana
por más que busque
el lado neutro
donde las voces no son tan oscuras
donde, por fin, dejo salir a borbotones
sin tanto titubeo,
sin tanto bloqueo
porque Joseda y Henry Miller tienen razón
escribir
es una forma de vida
y yo
con tanto silencio
me estaba consumiendo a mí misma 

  Salomé

No me gustan
las corbatas
las camisas
cuando son caras
no me gustan
los cuerpos
encerrados en la institución
que me ofrecen
seguridad
que trepe
hasta los hombros
no me gusta
esa sensación
y a veces pienso
que ojalá, y, de verdad
ojalá me gustasen
los cocodrilos bordados
tanto como me gustan
las conversaciones sobre orión
en medio de los bares
porque al final
vuelvo sola a casa
y pienso en que
tu belleza insólita
tu pedantería extrema
me han convertido en la presa
que se lanza sobre la fiera

El día del Pilar

Salgo a la calle contigo
que eres mi padre
y nunca me crees cuando te digo
que de verdad, de verdad
mi corazón se encoge
cuando hablas de ti
como un globo
que explotaría
si no tuviera
familia a la que cuidar
y después
en la mesa
te pones a recitar
las coplas a la muerte de su padre
de jorge manrique
y no, no hablas de ellas
como hacemos los demás
tú las recitas de memoria
y no puedes seguir
porque te emocionas
y entonces te miro
y sé que eres
mi persona favorita
y, cuando pasen los años
tal vez tú no estarás
me sentiré tan vacía
sin ti
que no tendré más remedio
que consolarme
con las coplas
a la muerte de su padre

y lloro ya
que todavía te tengo
porque ya sé
la suerte que tengo
y lo poco preparada que estaré
cuando llegue
ese momento 

Nuestro lienzo

Con tu sudadera
y bajo la lluvia
busco razones, motivos
que me llevaron
y que me llevan
de forma
ajada, melancólica
a estar a tu lado
y cada vez
estoy más lejos
de ti
y algo más cerca
de mi centro
como mantener
con un meñique
nuestro lienzo
que un día intenté pintar
a tu gusto
pero que ahora
abandono
entre la pena, la ira
y el recuerdo

 Arrecife de coral

Como un marinero
que un día se perdió
en medio del mar
ando buscando mi brújula
podría decirse que soy
una pirata
y que la vida puede ser
una aventura
pero ando con cuidado
atravesando tempestades
temblando por si no sé llevar el mando
justo antes de la ventisca
oyendo voces a lo lejos
sumergiéndome
en el fondo
del mar
y de mis miedos
les doy forma
los coloreo
levanto la vista
de Parménides de Elea
y veo una cara antigua, conocida,
familiar
y me devuelve al mundo
de los arrecifes de coral
el que un día fue niño
y pasaba las tardes conmigo
ahora es un hombre
que me pregunta
qué fue de su identidad
y la brújula vuelve
y mi nudo en la garganta
se va

  Gardel

Entre sabios antiguos
y música instrumental
procuro encontrar
las cuatro fuentes de la crisálida
hacer mío el sueño de Escipión
el cuidado de sí
que Sócrates susurra
y entro en calor
desde la bruma
de la ventana
el humo del cigarro
que fuma Gardel
tu mirada perdida
y el poso del café 

 I hurt myself today

En trance
con la diosa
del oráculo de Delfos
me gustaría llegar al epicentro
de mi ser
acercarme
sin que duela
acurrucarme entre los vapores
y no volver a conocer
la frustración
la interrogación
ni decir
con Johnny Cash
I hurt myself today 

El despertar

Últimamente
me cuesta demasiado
abrir los ojos
poner un pie en el suelo
y tú
me das los buenos días
cada mañana
y te imagino
antes del amanecer
subiendo la colina
de la alhambra
meditando
delante de tu panteón
poniendo flores
y dejando salir
la angustia
que te da fuerza
para seguir adelante
y yo
partícipe
de tu intimidad
siento que en ti
alberga
la vida

domingo, 17 de abril de 2016

El Abismo Bostezante

 "Yo soy su ángel. Sin el amor de Sofía  no existo" (La ardilla roja, Julio Medem)


- No quería tener que escribirte. Pensé que podría quedarme en este domingo soleado y tempranero, perdida dentro de mí misma; buscando el consuelo en la música lacónica que quisiera protegerme de las calles llenas de ceniza y soledad asfixiante. Claro, ya sabrás lo que estoy escuchando. Pero el impulso que me lleva a dirigirme a ti, es el deseo envolvente de que formes parte de mi historia. Últimamente no hacen más que venirme recuerdos de vidas que no viví. Me viene a la mente un parque en otoño, y una música en escala menor de piano; una chica disfrazada de mimo. Quién sabe. Podría haber sido yo.

Pero, en ese momento, deja de escribir. Y es ahora cuando sabe que él -que cualquiera- pensaría que ésta es una mala historia. Que su estilo es siempre trágico y carente de hilo conductor. Así que, ¿para qué seguir? 
"Voy a salir a la calle", -se dice- y cuando lo hace, busca ese parque.
Con esa música en su cabeza. Pero no encuentra.
 Porque, en el fondo, sabe que todo lo que ansía hallar, no está fuera.
Pero no puede dejar de buscar. De mirar sin tocar. De tocar sin poseer. De poseer sin valorar.

Se ha acabado el paseo solitario, pero, antes de irse, se vuelve a mirar. Y ríe, porque se acuerda de Lost in translation, y se siente arropada por Charlotte, la estudiante de filosofía, acompañante eterna de un marido con la vida hecha. Humilde y trágica, piensa que no sabe hacer fotos, que escribe mal; nunca se encuentra. Y por suerte, sabe que a ella también la acompaña Bill Murray, en la distancia.

- Esa sonrisa me va a matar. A veces me siento tan estúpida. Es como si el tiempo no pasara, la ingenuidad no termina, sigo siendo capaz de emocionarme en unos ojos aún por abrirse del todo, que solo tienen fe, una fe hermosa. Y exteriorizan en sí esa belleza. Y yo me siento partícipe. Todavía. Pero soy una cobarde. Un abismo separa el pecho que se me abre de par en par cuando miro esos ojos tan familiares. Porque si se hiciese real, se estropearía. Y los contadores de historias, prefieren pensarlas, sentirlas, escribirlas. Y yo sólo quisiera tener el valor de  sobrepasar un día esa barrera, o hacerle jurarme que su vida estará a la altura de lo que promete.

Han pasado tantos días que el abismo bostezante ha dormido catorce veces; se acumulan las lecciones que aprender, pero el calor va llegando, los días son largos y soleados. Leer medio Rojo y Negro de Stendhal en un suspiro de dos días. Los dibujos se acaban y cada vez le gustan más. Y no se puede quejar.  Y aquí está, con un presente prometedor y vivo entre las manos; tanto que se le escurre. Aunque el porvenir no se vislumbre, y sea como nubes extrañas desde el horizonte.