lunes, 20 de abril de 2015

Dicho sobre Hannah Arendt

"Era una mujer bella, atractiva, seductora, femenina. [...] Sobre todo
tenía unos ojos brillantes, que centelleaban como estrellas cuando estaba
feliz o apasionada, pero también eran como estanques oscuros, profundos
y alejados en su interioridad. Hannah tenía algo de impenetrable
que parecía reposar en la profundidad pensativa de sus ojos"

domingo, 19 de abril de 2015

La mirada de los otros

La definición spinoziana de la esencia del amor en la Ética demostrada según el orden geométrico queda formulada en los siguientes términos: «e l amor es una alegría acompañada por la idea de una causa
ex terior». Por su parte, el deseo podría definirse como «e l apetito acompañado de la conciencia del mismo». en la versión criticada por Spinoza el amado importa de una manera muy particular: importa en la medida en que es fuente de alegría, sin contemplar el conocimiento de él.
Con otras palabras, este amado es únicamente ocasión, oportunidad, mero soporte material para la idea preconcebida del amor que pueda tener el amante. La desesperada necesidad con la que se buscan, por más apasionada que parezca, es meramente instrumental: se necesitan el uno al otro para arder en el fuego de la pasión, pero ninguno de ellos necesita verdaderamente al otro tal como es, en su real y concreta especificidad. el amor es ana cuestión de supervivencia para el individuo. Lo que aparece como contento o júbilo se basa en realidad en una carencia fundamental inscrita en lo más íntimo del corazón humano: para no amar, había sostenido también el filósofo cuando era joven, haría falta no conocer, pero no amarr equivale a no ser. Bien pudiéramos decir, entonces, que el mundo provoca en el amante la alegría del nmor, pero no la crea.
Es imposible amar intensamente a una persona manteniendo al mismo tiempo la convicción de que su lugar podría ser ocupado por cualquier otra. Se diría que la lógica de funcionamiento interno del amor exige considerar al amado como único e irrepetible. El necesario conocimiento del mismo solo puede seguir, por tanto, la dirección de afirmar su especificidad. Pero el caso es que determinadas personas desencadenan en nosotros dicha emoción mientras que otras no lo hacen en absoluto, y no está claro que Spinoza disponga de una explicación para ello. L o cual acaso no debiera ser valorado como una deficiencia de su planteamiento, sino más bien como el reconocimiento por su parte del irreductible elemento de misterio que acompaña a toda relación amorosa.
La necesidad de que el objeto de amor sea independiente del amante (puesto que en caso contrario no habría genuino florecimiento del yo) constituye, en cierto sentido, el sensor de la emoción amorosa, que es vivida por este de manera tanto más intensa cuanto más siente depender de la persona amada, hasta el extremo de que ni la felicidad misma le resulta capaz de concebir sin ella. Pero la conciencia de tal dependencia, señala Spinoza, es fuente de odio porque es conciencia del poder que posee el amado para disminuir el bienestar del amante. No poder poseer por completo al objeto amado genera el dolor de la angustia y de la frustración (que nada casualmente termina virando en odio cuando se produce esa perdida definitiva que es la ruptura).

Manuel Cruz: Amo luego existo

jueves, 9 de abril de 2015

Mi carta de Lord Chandos

A lo mejor soy capaz de decir todo lo que no sé expresar, en esta pantalla blanca y vacía.
A lo mejor puedo explicar con perceptos y afectos, los conceptos que no consigo que florezcan como mariposas mustias en este bosque inhóspito, donde voy huyendo de la lluvia que me empapa con interrogaciones, y con la nostalgia de un cuento colorido donde sí aparezcan rosales  y relojes.
Pero, donde habito, a veces, todo es gris, y yo me esfuerzo por ver salir al sol, por encontrar el musgo y el líquen, pero no me dejas. Y puedo comunicarme con todos, menos contigo, que te me escurres como la ceniza de un incendio cuya última chispa contemplo apagarse, porque no quieres creer que también hay fuego en ti, para ti; y prefieres recordar el ardor que en otro tiempo te impulsó. Y no me voy a quedar a mirar la última fogata. Pero me gustaría tanto verte florecer, ser partícipe de la armonía preestablecida en la que dejaste de creer, que voy a quedarme cerca, arropada por mi propio verano, haciendo crecer mi propia raíz, esa que me ayudas a ir nutriendo, por si algún día decides que prefieres arder la vida, salir de la tumba, y soplarla conmigo.


"Mi caso es, en dos palabras, el siguiente: he perdido completamente la facultad de pensar o hablar con coherencia sobre cualquier cosa. Al principio, se me fue volviendo imposible discutir sobre un tema elevado o general y pronunciar aquellas palabras tan fáciles de usar que cualquier hombre puede servirse de ellas sin esfuerzo. Sentía un malestar inexplicable sólo con pronunciar 'espíritu', 'alma' o 'cuerpo'. Encontraba imposible dar un juicio en mi interior acerca de los asuntos de la corte, los sucesos del parlamento o lo que queráis, porque las palabras abstractas que usa la lengua de modo natural para sacar a la luz cualquier tipo de juicio se me deshacían en la boca como hongos podridos. Esta infección se fue expandiendo paso a paso como una herrumbre que devora todo lo que queda a su alcance. Todo se fraccionaba, y cada parte se dividía a su vez en más partes, y nada se dejaba sujetar ya por un concepto.  Por el contrario, se me presentaban con mayor fuerza cualquier criatura, un perro, una rata, un escarabajo, un manzano atrofiado, unas roderas serpenteando sobre la colina, una piedra cubierta de musgo"
 Hugo von Hofmannsthal.