lunes, 18 de enero de 2016

Sueños

Y de repente descubres a una tal Sara Herranz que hace los dibujos que tú siempre quisiste hacer, y dudas porque no sabes si es sólo cuestión de apariencia, de una especie de moda, una pose que se muestra al exterior y eso es lo que rechazas; pero por otro lado la idea es tan bella y podrías quitarle las barbas y las camisetas a rayas (malditos modernos) y darle tu enfoque propio, el filosófico y teatral; pero entonces te das cuenta de que tienes treinta y dos años y te preocupa descubrir que pensar en dejar de ser profesora te hace más ilusión que serlo; y te preguntas qué ganará: si la duda, si la espera, si la promesa, si el alcance, o la pobreza.

I'm losing time, que, sin ningún tipo de pudor dice la Holzer; y yo también. Porque no paro, y sin parar no me descubro sino que cubro el atisbo que separa mi corazón de la mano que debería acariciarlo pero en su lugar mira a Kant mientras dice que a la razón no hay que ponerle alas sino plomo. Y tal vez me repita porque no tengo ideas que entrecrucen la belleza que habita en una sola frase, un solo mensaje que sea capaz de resumir todo un sentimiento; como esa obra de teatro, que en un momento hace que mi interior estalle y yo, como siempre, llore. Por lo que yo no sé decir, por lo que no sé expresar, por lo que no sé elegir.

viernes, 1 de enero de 2016

Renuncio

Suena Mark Orton y sonrío, y es que este año que ha terminado me resulta difícil de describir; y no quiero hablar de aprendizajes en el tintero. Quiero hablar de la inocencia detrás de unas gafas, de la ternura y la alegría y todo el amor que me despierta la elegancia de un chaval de dieciocho años con toda la vida por delante. Quiero hablar de que hace tiempo que no escribo y me da miedo, porque siento que ya no tengo esa capacidad; o peor, que realmente nunca la tuve. Pero me río porque este año he aprendido a fumarme un porro con esa voz que dentro de mi cabeza me envía esos mensajes en lugar de lanzarme la vida como un desafío; y tal vez sea en el lienzo blanco, ese que aún no he pintado, donde podré plasmar esa visión que nunca antes he tenido.
 Creo que nunca me había emocionado tanto pensar en las infinitas posibilidades del presente, porque por primera vez sí que las veo. Sí que las hago. Sí que las siento. Y aunque mi mente sigue pensando de modo lineal y no cíclico, creo que no me arrepentiré de esto que vivo, de esto que soy; aunque al final algo vaya mal y deba decirme "si hubiera hecho esto...", "si me hubiese dado cuenta de lo otro...".
Te miro y no te necesito, noto cómo mi conciencia va despertando tras un sueño profundo y tú no eres un bastón, más bien una ráfaga de aire que me susurra, que me dice que no le dé demasiada importancia; ni a ella, ni a nada. Que me dice que lo real no es la amargura, que lo real es el brillo y la ilusión nueva de cada día. Que el rencor no existe y que esta construcción es sagrada. Pero viene la voz y me dice que el aire es voluble y tal vez mañana se vaya. Pero lo que sí sé, es que esto sí merece la pena ser construído, que el viento no podrá llevárselo; todo no.
Y pongo fin a mirar al pasado con rabia, aunque no lo entienda, aunque no me guste; y renuncio a acallar estos miedos que llevo dentro, pero prometo usarlos y hacer de mi vida una obra de arte con ellos. Aunque sea mala. Renuncio a vivir de la apariencia, del ego, de competir con las habilidades, mías y de los demás, y renuncio a no escucharme. Renuncio a no escribir. Renuncio a no expresarme.