lunes, 29 de diciembre de 2014

Importante para mí

Lo que hoy es importante para mí..
Tengo que dejar de pedir consejo, dejar de quejarme, ¿qué necesito en mi vida? ¿qué puedo hacer por conseguirlo? ¡Moverme! No perderme en tonterías ni relaciones imposibles, sentido práctico, en el fondo lo sé siempre. Aprovecha el tiempo. Haz cosas útiles para conseguir sentirte tú útil, no hay otra fórmula. Lucha por lo que quieres, por convertirte en la adulta que sientes que aún no eres. Toma las riendas de tu vida. Deja de dar vueltas.


Pero siento que no me conozco, que nada me pertenece, que nada construyo, que nada soy. No me identifico, me defino a través de ti, me critico a través de ti, y quiero que seas tú quien haga el esfuerzo, quien reconozca que no sabe lo que quiere, que no te conoces en realidad, todo para intentar disimular que soy yo la que sólo se escucha cuando quiere, la que busca tiritas paliativas para un futuro en que me sienta más segura, más firme, más útil, más yo. Y puede que ni siquiera entonces me sepa, me beba. Porque no habré llegado ni a la mitad de mi profundidad, bajo capas y capas de miedo, inseguridad y desconfianza. Porque con eso me identifico, con una interrogación, con la extrañeza, el desconsuelo, y la imaginación, que inventa lo que llevo dentro, porque no lo sabe. Y lo estropea intentando cambiarme, intentado cambiarte, intentando amoldarme, pretendiendo parecerme a quien  creo que representa lo que yo querría ser, y ni siquiera es eso.
Y la belleza se pierde porque ya no sé dónde buscarla, porque las ciénagas me han invadido tanto que no encuentro el concepto, y ni creo ni me creo, ni construyo ni me construyo. Me miento, y me oculto.

Elia no vuelvas a olvidar el tipo de persona que siempre has querido ser, el tipo de persona que admiras. Cuando tengas dudas, pregúntate: ¿a qué personas admiro yo? ¿Quién me ha inspirado? Tienes que ser exigente contigo misma, infórmate cada día, aprende, lucha, eso es lo que quedará de ti, lo que tú decidas cuidarte, cuidar de ti, pulirte y ser una persona de la que puedas estar orgullosa, construyéndote cada día. Teniendo claro lo que es importante en tu vida. Es importante amarte, y amarte significa desarrollarte, conocerte. Estudia, fórmate, encontrarás tu camino seguro. No necesitas a nadie a tu lado, no necesitas ningún bastón, necesitas tu propio apoyo, tu propia fe. Ten la visión de lo que puedes aprender de los demás, no de lo que puedes sacar de ellos. No te decepciones, aprende y construye. Tienes un abismo dentro, ten el coraje de sacarlo. Te quiero. Estoy contigo. Hoy es el primer día del resto de tu vida. No lo olvides. Empieza a hacer hoy cosas por las que puedas estar orgullosa mañana. Te quiero pequeña. Tú puedes. ¡Lucha! Es tu vida y tu momento. Éste y no otro. Adelante. Estás a tiempo.

Por mí

Ni siquiera los semáforos funcionaban en esas calles desiertas y frías. Me recordaron una noche de primavera en Águilas, donde por las noches no alumbran los faroles y la gente deja las bolsas de basura en la puerta de su casa. La mayor soledad que he visto. Lo mayor nostalgia que he visto. Y fue ese día cuando decidí que debí haberla conocido mucho antes, cuando yo todavía creía en lagos desiertos y cuentos que nunca han sido acabados.
Ojalá ahora hubiese sabido dónde se encontraba. Pero no es que quisiera parecer un psicópata, ni perseguirla por las calles mientras ella va a un café y no se da cuenta de nada, como una vez me contó que hizo mi amigo Gabriel. Y es que por entonces ya me había dado cuenta. Ya sabía que era una perla inexplorada, una gema preciosa que no conocía su perfume. Y qué mejor inspiración para un saltimbanqui como yo, que se dirigió hacia una sola dirección en su vida, y acertó. Ahora que me aburren las personas que son como yo, que sólo hablan de sí mismas, desde una identidad sólo verdadera a medias, de la que han hecho su sino. Sé que no me entiendes, lector, pero no te preocupes, yo tampoco lo hago.
Pienso todo esto mientras sigo paseando, en una de tantas noches en las que no consigo dormir, y la gente piensa que me las paso enteras escribiendo. Porque nadie sabe realmente lo que hay dentro de mí. Creo que ella es la única que lo supo, nada más verme. Como María Iribarne, en la novela El Túnel, con el cuadro de Juan Pablo Castel. Ella salió huyendo, porque había entendido, pero no quería saber más. Y él sintió una punzada dentro, como nunca antes. Exactamente igual me sentí yo, sin odiar a los ciegos, sin querer matar a mi María. No, a la mía la dejo tranquila. Por ser la única que desnudó mi alma, y ni tan siquiera lo sabe. Y tal vez por eso no huyó, aunque tampoco se quedó.
Pero no estoy siendo justo. En mis recuerdos intento justificarme, intento dar razones para mi comportamiento, librarme del peso que supone saber que la dejé ir, porque aún no había sabido salir de su cascarón. Yo que tanto he viajado, que tanto he visto, que tanto conozco, no podía hacer nada con una mujer así. Que tenía la llave más valiosa en su mano, pero no había aprendido a usarla.
Y ahora me siento como Dostoievsky en Memorias del Subsuelo, tengo ganas de pelearme contigo, lector, porque sé que me estás juzgando, sé que no me entiendes, sé que piensas que me enredo, que soy un pesado y que las cosas son más sencillas. Pues no, no lo son. No en mi mundo, ni en el reflejo que recibo.
Y por qué escribir sobre mi María. En realidad no lo sé."Porque te crees un escritor desengañado y frustrado del Siglo de Oro" tal vez, no es la primera vez que me lo dicen. "Porque te crees un bohemio fatal y eres tan ególatra que piensas que esto puede interesarle a alguien". Sí, también es posible.
Pero permitidme que os de mi opinión, y me presente: Nadie puede salir de la experiencia subjetiva. Se puede cambiar el enfoque, pero no el telescopio. Sé que no escribo importantes obras científicas, sé que nadie me recordará por ser un genio político, por erradicar el hambre en el mundo, ni por descubrir un remedio a una gran enfermedad. En el abismo que da vértigo del que hace años me hablaron Sartre y Kierkegaard, yo ya elegí un camino diferente, y tal vez menos valioso. El camino no tan seguro de la ciencia, el camino de la subjetividad y el egoísmo. Ni Henry Miller, ni Thomas Mann.
Dicen que tengo talento, que mis novelas tienen éxito y enganchan. Pero ésta es la novela que nunca pude escribir, y que siempre supe que finalmente acabaría escribiendo. Porque no vende desnudarse por dentro. Venden las novelas que hablan de orgasmos de los pezones. Y Dios, no quiero hablar de las Cincuenta Sombras de Grey ni  cómo ha calado de esa forma, sobretodo entre las mujeres, que deben saber que ninguna de ellas tiene un orgasmo a la primera embestida, ni al primer roce. Y claro, también puede que simplemente yo sea un mal escritor, y para colmo un mal amante, pero me indigna que venda tanto la mentira.
Con esto puede que ya os hayáis hecho una idea del tipo de persona que soy. Primer mundo, de buena familia, afortunado en la vida, con sueños que he ido materializando, por una mezcla de suerte y mucha voluntad y trabajo por mi parte.
Por qué escribir sobre María. Sobre cómo supo verme, sobre cómo dejé que se fuera, y sobre cómo ahora es lo único que me motiva cuando cojo una pluma...

Miro el reloj, las 2 de la mañana. Llevo dos horas paseando y dándole vueltas a María. Acabo de pasar por el bar donde la conocí por primera vez, cuando ella no sabía nada de escritores frustrados ni de ciudades de más de un millón de cadáveres. Hubiese querido verla, encontrármela igual que aquella vez, por puro azar. Pero en lugar de eso, es la madrugada de un martes y me siento como un Chico Ostra exiliado en las aceras. Sólo falta que llueva y que me convierta en un vibalbo.  
Ella no sabía nada de mí, no me había visto, y fui yo quien se acercó a hablarle. La vi tan sola en medio de tanta gente... bueno, en realidad no estaba sola, pero me pareció que sí que debía sentirse así. Al principio no hablamos de nada especial, ni siquiera recuerdo qué fue lo primero que le dije, pero entablamos conversación de una forma muy natural, como si ya nos conociéramos. El alcohol ayudó, pero creo que también el hecho de que éramos, y somos, de naturaleza afín. "Y yo que soy amigo de las mariposas y las pompas de jabón, creo que los hombres de naturaleza afín son los que mejor conocen la felicidad". Enseguida comenzamos a hablar de los intereses compartidos que nos unen, la literatura, los libros, el cine. Descubrimos que los dos escribíamos, que habíamos estudiado lo mismo, y que nos gustaban la misma clase de películas. Así que decidimos darnos nuestros teléfonos, nuestro correo electrónico, y también vernos al día siguiente. Pero nunca la llamé. Eso fue hace dos años.
Hasta que me reconoció. Esa noche ella no supo quién era yo, no era consciente, pero sí lo sabía. No sólo me había calado en mis libros, también lo había hecho en persona. Fue ella quien se puso en contacto conmigo, y las palabras salieron solas de mi boca. - He leído algunos de tus libros, no sabía que eras tú. No reconocí tu cara, pero ahora te reconozco a ti. "No te acerques, no me conozcas", -pensé-. -¿Sales con alguien?- Sí, salgo con alguien. -Podrías habérmelo dicho anoche. Sí, tienes razón, debí decírtelo.
Pero no pude. No había podido.
Cómo era posible que ella existiera. Cómo era posible que hubiese estado conmigo sin darse cuenta. Y sin darme cuenta yo.

La rosa con su olor a cuestas. No es fácil dar con alguien así, que brilla tanto, pero no lo sabe. Normalmente das con gente que brilla menos pero se creen más. Gente vulgar. Pero ella era distinta. Me acordé de Los Puentes de Madison, porque yo entendí que aquel fotógrafo del nacional Geographic perdiera la cabeza por un ama de casa perdida en medio de ninguna parte. Podía ver el mundo en sus ojos. Como yo podía ver el océano y la luna en los ojos de María.


Pero no os he contado toda la verdad. Esta noche salí a pasear porque había recibido noticias de ella. No suele escribirme nunca, hacía tiempo que no sabía nada, pero de casualidad ella se enteró de que yo había escrito otro libro, y quería felicitarme. Y yo que no paro, que viajo, que voy y vengo, que lleno salas con mis conferencias a una edad mediana, no puedo reconocer que cambiaría eso por tenerla cerca, por volver atrás y no haberla rechazado, por no haber dejado pasar el tiempo sin darle ninguna señal. Y le he dicho que escriba, y que me escriba.
Como dije antes, María me había visto. Ella sabía lo que yo era. Lo que pasa es que me había idealizado, como todos los que no se saben mirar. Ella estaba perdida en su propio laberinto, queriendo salir, y cuanto más intentaba encontrar la salida, más se perdía buscando. No era capaz de contar una historia completa, no era capaz de saber qué quería contar. Se perdía en divagaciones y al final, como ya le decían sus allegados, no escribía historias, sino retórica. Y quién mejor que ella, para dormir en el desierto…
Una vez terminó sus estudios, sus ilusiones cayeron en un sueño profundo, arropado por la desesperanza, y se sintió como si tuviese que dormir hasta que la solución llegara, la solución en rostro de hombre. Y claro, María era más lista que eso. Pero María, como digo, había caído en la desesperanza, y cuando se olvidó de quién era, se volvió débil, indefensa, insegura. Y por qué sé todo esto… porque yo también la vi a ella. Aunque ahora sólo me atrevo a decirle que me acuerdo mucho de ella, que cuando voy al bar donde la conocí, la siento cerca. Y sé que está saliendo de su laberinto. Sé que va a salir. Y cuando eso ocurra, no sé lo que va a pasar.
Así que, voy a terminar mi paseo. Son las tres, y debo escribir. Mi editorial me ha dado un año de margen para volver a escribir un libro. Pero esto es mentira, me voy a soñar que me encuentro con María, y que hace como Lucía con Lorenzo, en esa película de Julio Medem, donde ella se acerca a Lorenzo, un escritor, en un bar, se le declara, y se van a celebrar que esa misma noche se van a vivir juntos. Ya no te llego al corazón. Claro, como vivo en él… 

Capítulo 2

Lo que Juan no sabía era que María sí que vivía en el suyo, un corazón delator que no la dejaba tener una vida normal, una vida en la que nunca pensara que algo podría ir mejor, donde estuviese tranquila, serena, contenta. Pero María estaba siempre nerviosa, siempre a la defensiva, porque no aceptaba su vida tal como era, no de la manera en que pasaba sin ningún kairós u oportunidad que pintan calva. María no era feliz, Juan tenía razón, pero lo estaba intentando. Cada día aprendía a saber desenvolverse poco a poco en ese laberinto, y no le resultaba fácil. Pensaba que la vida de Juan debía ser más excitante que la suya, y que por eso ella no cabía. (Y a esto se refería Juan: María estaba equivocada al idealizarle). Pero qué importa, pensaba ella. Probablemente sólo ha tenido suerte, probablemente si lo tuviese cerca vería que es inmaduro, voluble, inestable. Que se refugia en sus libros, y además los usa para ligar. Así que ella continuó con su vida insatisfecha, sus relaciones tóxicas con personas que, de seguro, eran maravillosas, pero estaba siendo demasiado duro para ella. Sentía que ya estaba todo roto, y que nunca podría volver la ilusión. Por eso soñaba con ser como Juan, escribir y realizar los sueños que ella quería para sí. No quería volver a ser la primavera que descuida su propio jardín. No otra vez. 

3





 






Mil, y no más

Al final todo se "resuelve" del mismo modo: Todo es culpa mía. Si me siento mal, porque me siento así. Si hay una relación que me sale mal, es mi responsabilidad. Si además escucho, tengo en cuenta, intento entender, pero sin permitir que me hagan daño, malo también. Porque dejo entrar por la vereda la posibilidad de que se me cuestione, de que se me falte al respeto, gratuitamente, y justo cuando yo doy la mano amiga, cuando mi intención es la mejor. Por eso, no puedo fiarme. Y ni siquiera tener la tranquilidad de ser elegante, de dar la oportunidad, de querer hacer las cosas bien

¡Buenos días, Princesa!

He soñado toooda la noche contigo...

Un grano de arena

Voy a hacerle caso a Schopenhauer, y por una vez no me voy a preguntar el por qué de mis ilusiones, tan olvidadas hasta hace nada. Por qué de repente si me hablan de un futuro (y un presente) esperanzador, soy capaz de imaginarlo y creerlo como cierto, como mío. Eso que antes se hacía tan difícil, y ahora simplemente tienes esa fe. A lo mejor tengo que darte las gracias a ti... a lo mejor sólo tengo que dármelas a mí misma. Y aunque fuese por ti, quiero usar ese impulso, ese instinto de vida como lo que me ayude a levantarme, arriba, va-lien-te.


Buscarse es bonito. Quiero escribir para no olvidar, a esta Elia que está bien y no tiene miedo. Que disfruta de la soledad y quiere llenarse, llenarse de sí misma, enamorarse de sí, gustarse, no depender de nadie para estar bien, ahora que por fin lo entiendo. Que lo mejor es estar sola y disfrutar de los regalos del camino, disfrutando primero de mí. No necesito que ese chico esté conmigo, no necestio que ninguno lo esté, sólo quiero dar lo mejor de mí, a mí y a los demás, y compartirlo. Lo demás, si tiene que llegar, llegará solo. Quiero explotar mi bienestar, el placer de mi cuerpo, y la esencia de mi alma. Quiero llenarla de mí, de la Elia que no tiene miedo, se sonríe, se besa, y, por fin, entiende. Desaparecen los reproches a los demás, los miedos, y la necesidad de comunicarlos a los demás, porque se adueña, y le gusta. Está bien. Nada es un drama. Es una suerte tener esta casa para mí sola, para mi disfrute, y dejar volar mi cabeza, minusvalorada hasta ahora. Hay mucho dentro que sacar, y le tiendo la mano, con el corazón, con la sonrisa, y sin expectativas. Quiero escribirme a mí sin esperar que nadie me lea, que nadie me entienda, que nadie me apruebe. Es por mí, y para mí, aunque desee... Porque desear no es necesitar, y sólo tengo que aprender a gestionarlo. Puedo desear a una persona, y no necesitarla para estar bien. Estoy bien. Me encanto en todos los sentidos. Soy guapa, lista, divertida, interesante, tengo mucho partido que sacarme, y lo sé. Y ya no quiero a la Elia que tiene miedo, me quedo con ésta que apuesta por mí, por nosotras, y quiere dejarse salir. Y no hay dolor en estas palabras ni un temor de fondo. Estoy yo, sola. Y estoy bien. Quiero pensar en mí.

mi mejor version

cosas que quiero hacer en mi vida
pintar algo mío (academias)
escribir un libro, obras de teatro... (ponerme ya)
dirigir una obra de teatro
hacer siempre teatro
cantar en algun grupo
ser profesora
aprender más idiomas (francés, inglés..)
leer todo lo que tengo que leer
no me importa trabajar de cualquier cosa mientras hago todo lo que me gusta
quiero ser independiente
delgada
viajar

hola morenita

Cariño sé que tienes mil razones para estar enfadada, sé que te dan ganas de gritar y patalear y te entiendo y es normal. Pero estoy aquí para decirte que poco a poco se pasará, que yo estoy aquí contigo esperándote, que nos queda un largo camino juntas y voy a ser tu mejor apoyo, si me dejas. De verdad, vamos a poder con la otra, con la que nos dice que todo va a ir mal y nos hace daño. Las cosas no siempre serán fáciles ni bonitas pero eso no nos resta valor a lo que somos ni a lo que valemos. Aprenderemos a bailar y a reírnos, como hacen los demás. Nos reiremos juntas de nuestros miedos y nos daremos besos antes de dormir, por cada día que pasemos habiéndolos vencido. Sabes que la vida es bonita. Sabes que tú la ves bonita, que te emocionas con las pequeñas cosas. Sabes que ha llegado el momento y no hay excusas, y va a ser lo mejor que hagas por nosotras en tu vida. Hay mucho dentro, que aún no hemos explorado ni sacado, tienes que confiar en ti, estamos contigo.


Llenar el tiempo de sueños y de acciones para que el miedo no alcance... en eso tengo que ocupar el tiempo cuando piense que hace tiempo que no me río como antes. Esos sueños son hacer cosas que me gusten y poder ganarme la vida con ello, quiero ver mundo, conocer a alguien especial para mí, y yo para él, ser felices juntos. Quiero leer, escribir, ayudar a los demás, y reír y sonreír hasta dormida :)

cosas por las que estoy agradecida

1. Mi familia. Mis padres, mis tías, mi abuela.
2. Mis amigos: juanjo, que me ayuda y me enseña. Carmen, que me quiere. Mariano que me inspira. Jose Ramón, que no tendría por qué.
3. mi capacidad, mi cuerpo, mi tesón, mis piernas
4. La belleza, el arte,
5. la naturaleza
6. los libros
7. el teatro
8. la música
9. mi belleza
10. mi alegría
Nos amenaza el sufrimiento desde tres direcciones distintas: desde nuestro propio cuerpo, que está condenado al deterioro y la descomposición, y que no puede siquiera subsistir sin la presencia del miedo y de la ansiedad como señales de advertencia; desde el mundo exterior, que puede lanzar enfurecido contra nosotros toda clase de apabullantes e implacables fuerzas de destrucción; y, finalmente, desde nuestras relaciones con otros hombres. El sufrimiento que emana de esta última fuente es, quizá, más doloroso que ningún otro. Tendemos a considerarlo como una especie de añadido gratuito, pero, sin embargo, no puede ser menos fatídicamente inevitable que el sufrimiento de cualquier otra procedencia.

Sigmund Freud
El malestar en la cultura
"Si después de mi muerte, quisieran escribir mi biografía,
No hay nada más sencillo.
Sólo dos fechas tiene -la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra cosa todos los días son míos.

Soy fácil de definir.
Vi como un maldito.
Amé las cosas sin ningún sentimentalismo.
Nunca tuve un deseo que no pudiera realizar, porque nunca me cegué.
Incluso el oír nunca fue para mí sino un acompañamiento del ver.
Comprendí que las cosas son reales y diferentes las unas de las otras;
Comprendí esto con los ojos, no con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento sería encontrar todas las cosas iguales.

Un día, me entró el sueño como a un niño pequeño.
Cerré los ojos y dormí.
Aparte de eso, fui el único poeta de la Naturaleza."

Alberto Caeiro, heterónimo de Pessoa

"Entiendo por Utopía la belleza irrenunciable, y aún la espada del destino de un ángel que nos conduce hacia aquello que sabemos imposible, como el autor de estas líneas ha sabido siempre que Filosofía, ella, y no por ser mujer, nunca la podría hacer. Y la coincidencia se revela hasta en las palabras, pues en mi adolescencia alguien me preguntaba, a veces con compasión, a veces con ironía un tanto cruel, ¿y por qué va usted a estudiar Filosofía? Porque no puedo dejar de hacerlo, y en este libro he escrito, en aquel precioso otoño de 1939, qué utópico me parecía, en el más alto grado, poderlo escribir. Y a las Utopías, cuando son de nacimiento, no se las puede discutir aunque uno se rebele contra ellas."

María Zambrano
Filosofía y Poesía

"Por lo demás, cuando hago yo mismo discursos filosóficos o cuando se los oigo a otros, aparte de creer que saco provecho, también yo disfruto enormemente. Pero cuando oigo otros, especialmente los vuestros, los de los ricos y hombres de negocios, personalmente me aburro y siento compasión por vosotros, mis amigos, porque creéis hacer algo importante cuando en realidad no estáis haciendo nada. Posiblemente vosotros, por el contrario, pensáis que soy un desgraciado, y creo que tenéis razón; pero yo no es que lo crea de vosotros, sino que sé muy bien que lo sois." (Platón, el Banquete)

Parece que la ira oye en parte a la razón, pero la escucha mal, como los servidores apresurados, que, antes de oír todo lo que se les dice, salen corriendo y, luego, cumplen mal la orden, y como los perros que ladran cuando oyen la puerta, antes de ver si es un amigo. Así, la ira oye, pero, a causa del acaloramiento y de su naturaleza precipitada, no escucha lo que se le ordena, y se lanza a la venganza. La razón, en efecto, o la imaginación le indican que se le hace un ultraje o un desprecio, y ella, como concluyendo que debe luchar contra esto, al punto se irrita. El apetito por otra parte, si la razón o los sentidos le dicen que algo es agradable, se lanza a disfrutarlo. De modo que la ira sigue, de alguna manera, a la razón, y el apetito no, y por esto es más vergonzoso; pues el que no domina la ira es, en cierto modo, vencido por la razón, mientras que el otro lo es por el deseo y no por la razón.

Aristóteles, Ética Nicomáquea, Libro VII, 6. (1149a 25)


 "Littré señala en una discreta apostilla de su diccionario y es la embriedad, una mezcla de embriaguez y ebriedad, si doy crédito a la factura del concepto, un mixto de fascinación por los abismos y las prácticas de aproximación. La palabra nueva descontaminaría la embriaguez de las ocurrencias adoptadas, desde la revolución industrial, por el lado del alcoholismo. La embriedad permitiría la experimentación de una línea divisoria, que es la mejor invitación a no caer de manera habitual más allá de los límites descubiertos. La embriaguez del alcohólico supone un hombre convertido en objeto, incapaz ya de abstenerse de bebidas inquietantes. A menudo, su dependencia debe relacionarse con una incapacidad para encontrar en él lo que permitiría la firmeza, la resistencia para con los dolores del mundo. La necesidad de consuelo imposible de saciar mediante fuerzas mentales a menudo conduce a buscar la ayuda de sustancias psicotrópicas, portadoras de alma, si se me permite una distorsión etimológica. Ese alcohol no es tanto el signo metafísico de una riqueza como el testigo de una miseria grande, de una pobreza de temperamento"

 Hay dos verdades ineludibles. La soledad y la muerte.

El saber popular dice que la muerte es lo único que no tiene remedio. Pero yo creo que la soledad es más irremediable aún, porque además de ser universal se presenta palpable. La muerte es un horizonte que, por qué negarlo, está allí para nosotros en la forma de un final que puede intentar ser olvidado, ignorado o negado, pero que nuestro fuero más íntimo conoce con certeza. Es la soledad definitiva para con uno mismo.

El saberse mortal y el saberse solo son dos sentimientos distintos. Está claro que el saber constituye un tipo particular de sentimiento. Y no son pocos los artilugios con los que, de manera heroica, intentamos evitar estas verdades. El arte, el sexo, la religión, el trabajo, la televisión, el amor. Todo es válido y nada es suficiente. Uno es uno. En esa frase está resumida la historia. Uno puede comunicarse, unirse, abrazarse, rebelarse, inmolarse, abandonarse a lo ajeno. Nada nos puede librar definitivamente de nuestro destino de ser uno. Nada salvo la muerte.

Ella es liberación de la soledad o la soledad definitiva. Si estar esencialmente solos es un problema, lo es en tanto los puentes que tendemos de alguna manera crean espacios donde las soledades se encuentran y se consuelan mutuamente. Cuando algún puente cae, la soledad vuelve a presentarse palpable y nos golpea en la cara sin tapujos.

Es la intermitencia de la soledad la que hace de ella un problema mayor que el de la muerte. De todas maneras, lo que más me importa de ambas es que plantean un desafío. Llegamos al mundo con estos dos mandatos "estás solo" y "vas a morir". Pues ¿qué hacer con tremendo destino? Pues el arte, el amor, la religión, la sociedad, gigantescas pirámides, la danza, los poemas de Pessoa. Y aprender la arquitectura de los puentes que nos permitan trasponer las fronteras, a veces tan profundas, a veces tan cercanas, que nos separan de las otras soledades mortales que nos rodean.

Yo admiro a los hombres más que a nada en el mundo. No hay nada que pueda compararse a cada uno de nosotros intentando hacer de nuestra fatalidad algo que nos trascienda.
Me emociona profundamente saberme parte de este innumerable destino común. Me emociona y me sirve como puente. Si nuestro encuentro es fugaz, es porque es la condición de todo encuentro. Y está bien que así sea, pues no hay otra cosa que la fugacidad.

Todos bailan y yo también.

Hacen así, así me gusta a mí.

jueves, 4 de diciembre de 2014

viernes, 29 de agosto de 2014

No hay otros mundos, pero sí hay otros ojos




  He aprendido la magia en otro estadio, en otra   dimensión. He aprendido a compartir sin estar cerca, compartir el amor por las sagradas formas de expresión, por mi propia opinión, por mi pasión compartida.
Otras formas de ser feliz, mucho más importantes, mucho más necesarias. Eso que llevo tanto tiempo teniendo que aprender. Y que me produce la sensación de estar siendo partícipe de algo bello, de algo hermoso.
Esa luz traspasó mis retinas, y primero me dolió, porque sabía que era inmensa, que no podría poseerla, sólo observarla, y me vino el antiguo dolor que tanto he conocido. Pero, después, conseguí asimilarla como propia. Al principio no sin tristeza, no sin la amargura de tener que dejar que se fuera. Pero no quise, no dejé que ese dolor se me agarrase por dentro, ya no.
Esa luz ahora está cosida a mis retinas, se están asimilando, reconociendo, porque siempre la he usado para alumbrar fuera de mí. Nunca para mí.
Y todo apunta a hacerme ver que no podía seguir estando tuerta. Existe vida bajo las cosas. Y una fuerza increíblemente benévola que me hace comprender que no hay razón para tener miedo, jamás.  Decido decir sí a la vida, sí a mi voluntad. Decido ser mi mejor versión en todos los mundos posibles. Ya me he quedado con la esencia, ya he robado el entusiasmo, ya baila en mí un Dios.
(Abril 2013)

martes, 19 de agosto de 2014

El Libro del Desasosiego

"Como todos los grandes enamorados, me gusta la delicia de la pérdida de mí mismo, en la que el gozo de la entrega se sufre completamente. Y, así, muchas veces, escribo sin querer pensar, en un devaneo exterior, dejando que las palabras me hagan fiestas, niño pequeño en su regazo. Son frases sin sentido, que corren mórbidas, con una fluidez de agua sentida, un olvidarse de riachuelo en el que las olas se mezclan e indefinen, volviéndose siempre otras, sucediéndose a sí mismas." (Fernando Pessoa)

"Y súbita, de pronto,
porque sí, la alegría.
Sola, porque ella quiso,
vino. Tan vertical,
tan gracia inesperada,
tan dádiva caída,
que no puedo creer
que sea para mí.
Pero no importa, ya.
Conmigo está, me arrastra.
Me arranca del dudar.
Se sonríe, posible;
toma forma de besos,
de brazos, hacia mí;
pone cara de mía.
Me iré, me iré con ella
a amarnos, a vivir
temblando de futuro,
a sentirla de prisa,
segundos, siglos, siempres,
nadas. Y la querré
tanto, que cuando llegue
alguien
—y no se le verá,
no se le han de sentir
los pasos—a pedírmela
(es su dueño, era suya),
ella, cuando la lleven,
dócil, a su destino,
volverá la cabeza
mirándome. Y veré
que ahora sí es mía, ya."

(Pedro Salinas, La voz a ti debida)

jueves, 7 de agosto de 2014

Save Me

Usted está esperando por un evento en el tiempo que lo salve. ¿No es este el error fundamental? La salvación no está en otro lugar en el tiempo o en el espacio.La mayoría de las personas persiguen placeres físicos o muchas formas de gratificación psicológica porque creen que esas cosas los van a hacer felices o a liberarlos de una sensación de miedo o de carencia. La felicidad puede percibirse
como un sentido realzado de vida alcanzado a través del placer físico, o una sensación de sí mismo más segura y más completa lograda por medio de
alguna forma de gratificación psicológica. Esta es la búsqueda de salvación a partir de un estado de insatisfacción o insuficiencia. Invariablemente, cada satisfacción que se obtiene es fugaz, y la condición de satisfacción o logro habitualmente se proyecta una vez más hacia un punto imaginario lejos del aquí y el ahora. "Cuando logre esto o esté libre de aquello, estaré bien". Esta es la actitud mental inconsciente que crea la ilusión de la salvación en el futuro. La verdadera salvación es un estado liberación del miedo, del sufrimiento, de un estado percibido de carencia y de insuficiencia y por lo tanto de todo deseo, necesidad, codicia y apego. Es la libertad del pensamiento compulsivo, de la negatividad y sobre todo del pasado y el futuro como una necesidad psicológica. Su mente le dice que usted no puede llegar allá desde aquí. Tiene que suceder algo o usted tiene que volverse esto o aquello antes de poder ser libre y realizado. Le dice de hecho que usted necesita tiempo, que usted necesita encontrar, ordenar, hacer, lograr, adquirir, llegar a ser o comprender algo antes de ser libre o completo. Usted ve el tiempo como el medio de salvación, mientras que en verdad este es el mayor obstáculo para la salvación.

miércoles, 30 de julio de 2014

Luz de mi Vida

"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta"

 Siempre intento dar sentido a todo lo que me rodea, a todas las situaciones, a todas las personas, incluso para explicar por qué no lo tiene. Será por eso que a veces se me nota un poco demasiado que estudiaba filosofía, no lo sé. Lo cierto es que siempre me ha angustiado la sensación de no poder aferrar al entendimiento nada de lo que pasa en el ámbito humano, que la inteligencia emocional de las personas sea tan caótica, que cada uno ande con su dolor, traumas y taras a cuestas, reafirmándose en ellas, en lugar de mirarse como un cirujano observa a su paciente antes de operarle. Sin defensas, sin juicios, queriendo descubrir, más que defender, buscando desvelar, más que atacar. Y te frustras llegando a casa, en la humedad de una noche de primavera, pensando en lo que te cuesta entender por qué las personas actúan como lo hacen, y te miras a ti, sabiendo que pasado un tiempo entenderás las cosas que necesitas saber. Pero te reprochas no ser más avispada, más perfecta, ahora. te enfadas con Aristóteles por no haberte dado una solución mágica. Hasta que te das cuenta de que tú siempre intentas actuar del mejor modo posible, y que, a pesar de ello, te culpas. Que hasta los peores errores los cometes por haber querido controlar tu parte irracional, porque el sentido común no lo es tanto, y la justicia exacta no existe. Porque siempre vas a decir o hacer algo que luego vas a lamentar. De ahí que me haya sentido en mi vida continuamente en un mar de dudas. Son las ganas y el ansia de hallar el bien y la verdad, una seguridad en las acciones. Aunque esto no significa que la sangre no actúe, que a veces no quieras hacer daño cuando algo te lo hace a ti. No significa que seas inocente. Yo también soy la cauterización de una herida, que puede llegar a ser agresiva para defenderse.
Aunque, en el fondo... 
Kakuro... El corazón se me encoge como un gatito hecho un ovillo. 
Perseguir las estrellas, para no acabar como un pez en la pecera...(Muriel Barbery: La elegancia del erizo)

24 abril 2013

martes, 29 de julio de 2014

Mi Laberinto


Hace ya tiempo que el mundo cambió de color, y se pasó a tu parte. Esa parte que aún no conozco, que ni siquiera sé si me fue negada. Que me es simplemente ajena. A veces siento que llevo la mitad de mi vida pendiente de aprender una misma lección, la misma, una y otra vez. Como si tuviese que empezar de cero, porque siempre se me olvida. Porque soy mi propio laberinto, que cada día exploro, en el que me pierdo, y busco un conejo blanco en el lugar equivocado. Este laberinto que parece la biblioteca de la abadía de Guillermo de Baskerville, tenebrosa, oscura, solitaria, polvorienta, y llena de secretos. De ráfagas de aire, espejos, y fantasmas imaginarios. No quiero pasar la vida buscando la poética, para acabar sabiendo lo que sabía desde un principio: que la llevo dentro. Quiero salir del dédalo que me asfixia, en el que veo tu imagen reflejada, como un espejismo, como una condena. Quitarme este hábito que arrastro, como una losa. Como una pequeña Benerice. Estudiando corazones. Sintiendo mentes. Quiero encontrar una luciérnaga en la palma de mi mano. Un canto que me serene en mi garganta. Un claro sin oscuros, en mi mirada.
Y voy a ensayar otra vez. Para esa obra que no sé si algún día estrenaré. Que cada día procuro enfrentar, sabiendo un poco más. Dándome una nueva oportunidad, para olvidarme de ensayar.

Her

"Querida Katherine,

Estoy aquí sentado pensando en todas las cosas por las que quería pedirte perdón, todo el daño que nos hicimos mutuamente, todo de lo que te culpé, todo lo que necesitaba que fueras o dijeras. Siento todo eso. Siempre te querré porque crecimos juntos. Tú me ayudaste a ser quien soy.  Sólo quiero que sepas que parte de ti siempre vivirá dentro de mí, y te doy las gracias por ello. Te conviertas en quien te conviertas, estés donde estés en el mundo, te envío mi amor. Eres mi amiga hasta el final.
te quiere,

Theodor"

viernes, 25 de julio de 2014

He cruzado océanos de tiempo para encontrar(m)e

la Mujer Justa, Farenheit 451, y Drácula.

Me fui a mi cuarto y me acosté en la cama; raro es de decir, dormí sin soñar. 
La desesperación tiene sus propias calmas...

sábado, 19 de julio de 2014

Descifrarte

"Los extrermos, ni son tan buenos, ni se tocan tanto"

En los terrenos pantanosos nunca fue sencillo caminar, menos cuando las personas que dicen quererte y ser tu apoyo, se vuelven dañinas en cuanto no haces lo que esperan de ti. Siempre es fácil aconsejar y hacerse el altruista cuando hay un interés bajo la piel y una mano disfrazada de amiga, a la que le salen garras cuando reaccionas. Hay amores que no lo son tanto, e indiferencias que son dolorosas, pero veraces.

A veces nos da miedo enfrentarnos al espejo, a lo que hay bajo cada capa, aunque tu único afán real sea mirar, buscar, rastrear lo que hay debajo de cada sentimiento que tienes. Hay veces que el impulso es más fuerte que la conciencia, y entonces, entiendes que hay algo que no funciona, que no funcionaba desde hace tiempo.

Y no es porque no sepas lo que quieres, a lo mejor es porque sabes perfectamente lo que no quieres y no volverás a querer nunca para ti. Y la conciencia, por mucho que ataque, también lo sabe... y te deja en paz.
Y aunque el impulso sea mayor que la conciencia, en realidad, lo que hace, es que te des cuenta de que sigues vivo, que estás ahí, que los miedos no son tan reales porque nunca sabes lo que va a ocurrir. Y debes tomar ese impulso como el primer arranque, no como la solución. Aunque te encuentres vulnerable. Aunque tu único afán sea dar y recibir. No siempre es posible y tienes que aceptarlo.

Y tienes el mensaje por todas partes: "Estás tan llena de posibilidades... Puedes sacarte tanto partido..." y cuando ingenua, preguntas, sacar posibilidades, ¿a qué? y con los ojos muy abiertos, te responden: ¡¡A TI!!. Esa ecuación que parece tan sencilla... y que para ti es la ecuación más difícil. Descifrarte.

martes, 8 de julio de 2014

Lilith

Hoy, Martes 8 de Julio, parto a tierras lejanas, tierras que he estudiado, en el instituto, en la universidad. En historia del arte, en filosofía, en historia. Una parte de mí, esa de la que ya he hablado,  me dice: ¡pero si vas a ver cuatro piedras! y la otra parte se ríe. Cómo no me voy a reír.. si esf una fiefzta...
Pocas veces he estado fuera de España y ésta va a ser una de ellas, espero coger carrerilla y seguir llenando mi tiempo en sueños, metas y cosas que me hacen ilusión. Os doy permiso, de no hacerlo, para perseguirme y apedrearme como si de una escena de la vida de Brian se tratase, y hubiese dicho ¡Jehová, Jehová!, sin ningún tipo de pudor.

Bienaventurados los gansos, porque ellos heredarán la Tierra... 

jueves, 3 de julio de 2014

La Parte Maldita

Últimamente mis días son de papel, de papel liso, blanco y pulcro. Ordenados, limpios... y mi parte maldita me susurra: ¡aburridos! ¡vacíos!. Y puede que sea así, qué le voy a hacer, tendré que acostumbrarme a esta parte mía, reírme de mi escasa tolerancia a la frustración, asumir que últimamente estoy como el chiste del camión: Un transeúnte haciendo autostop, finalmente es acogido por un camionero. El autostopista se pone nervioso porque no sabe de qué hablar... y piensa: "No le puedo hablar de política... porque si le digo que soy de Podemos, y él del Pp, me va a echar...Y si le digo que el fútbol no me gusta y él es fanático... igual..." Así que el autostopista, sin saber cómo ni de qué entablar conversación, finalmente, dice: "Pues sí...". Y el camionero, con los ojos inyectados en sangre, le contesta: Pues no... ¡¡Y te bajas del camión!! (Por supuesto, yo soy el camionero...)
Así que, el humor es lo que me queda: reírme de mí. Y como decía, -vuelvo a ponerme seria...- mis días son como papel que voy pintando, de un azul sereno, que a veces mancho con lágrimas, es cierto, pero a veces también me falla el pulso con la risa, y otras me pierdo cuando sueño. No tengo mucha fe últimamente, no siento que todo vaya a ir mejor, y también sé que eso no me beneficia. Voy dando pasitos pequeñitos, y finalmente encuentro tranquilidad y sosiego leyendo un buen libro, ese que me regaló Jarauta, y sí, lo digo a propósito, para que se sepa: me lo regaló el gran Jarauta, y me está gustando mucho. Disfruto de buenas conversaciones con buenos amigos, que me apuntan con linternas para que no me apague, y me arropan para que no pase frío. Me sigo riendo con mi padre. Me sigue dando miedo perderlo. Todos los días le admiro, todos los días me da motivos para quererlo un poco más. Si un día estoy insoportable, en lugar de ofenderse, me dice: ¿Qué te ha pasado ya? y lo peor, es que siempre acierta. Y me desarma. No tengo trabajo propiamente dicho, pero disfruto pudiendo hablar de filosofía un par de horas todos los días a un alumno al que le toca hincar codos en verano. Me miro al espejo y me gusto, aunque mi cara esté triste, y tenga los ojos enrojecidos y mohínos.
Me sigo frustrando, todos los días me cuesta un poco dar el paso, ser positiva, tener esa fe de la que todo el mundo me habla. Pero lo intento, sonrío y me reconcilio con mi parte maldita, la que me hace repetir pautas, andar tan a tientas con todo e indignarme con cualquier cosa. Y quiero usar esa parte para crecerme cada día, que, oye, estoy bastante bien, nada que envidiarme tiene, si es que existe, la Mujer Justa...

viernes, 27 de junio de 2014

jueves, 26 de junio de 2014

Ana me ha abandonado

Desde que Ana me abandonó, me siento un poco extraña, como si me tuviese que volver a construir, pero ahora lo acepto con resignación y curiosidad, no pataleo ni pienso en lo desgraciada que soy, ni echo de menos sus pinturas con cera ni las canciones de Évora, ni su Caos.
Es la primera vez que pienso en mí misma, que me he vuelto una cínica y mi lado romántico queda en un discreto segundo plano: es lo de menos. Lo de más es descubrir este vasto mundo con mis ojos recién estrenados.

sábado, 14 de junio de 2014

Deseada

- PEDRO: Siéndote fiel, nunca me fui más fiel a mí mismo. Pero busco una explicación a este parar del tiempo.

- DESEADA: ¿Tienes la sensación de perderlo?

- PEDRO: Lo reencuentro en ti. Frente a ti no tengo intenciones, ni buenas ni malas. Me rindo, me entrego sin condiciones. Me dejo ir tal cual soy. No tengo ganas de volver a correr por las calles del mundo.

Max Aub, Deseada


viernes, 13 de junio de 2014

Viaje al fin de la noche...

"Viajar es muy útil, hace trabajar la
imaginación. El resto no son sino decepciones y
fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A
eso debe su fuerza.
Va de la vida a la muerte. Hombres, animales,
ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una
novela, una simple historia ficticia. Lo dice Littré,
que nunca se equivoca.
Y, además, que todo el mundo puede hacer
igual. Basta con cerrar los ojos.
Está del otro lado de la vida".

 Y siempre repites la Piedad inacabada. Mientras, la Pietà perfecta espera, paciente y silenciosa. Y por eso le das la vuelta al espejo. Mirarlo te desborda, te marea. Pero debes estudiarlo, cuidarlo, cada día. Leerlo, como un libro. "Los libros son como un hogar. En los libros podemos refugiar nuestros sueños, para que no se mueran de frío". Y Despedirte del resto de espejos. Llorar si es necesario por ese que hubieses querido que se quedase contigo. Y puede que así, descubramos un único camino. El nuestro.

El cielo de Lima

A veces no importa que nos despierte la angustia, que nos posemos en ella con un café en la mano y la voluntad en la otra, siempre que procuremos con ella entendernos para poder salir a flote, salir a flote de ese mar que imaginó Juan Ramón Jiménez cuando aún ni lo había visto por primera vez, y apenas sabía de su existencia. Porque hasta los más grandes poetas, que, casi se diría, designados antes de nacer por las estrellas, saben lo que es el desconsuelo, el deseo y los sueños dentro de un corazón que sienten incompleto e insatisfecho.
Y tiene que imaginarse y estar dispuesto a dejar todo atrás para irse con su desconocida Georgina, su espejismo de felicidadad, a la cual no conoce, no ha visto en su vida. El pobre Juan Ramón que no entiende, no sabe que no es ella quien le escribe realmente, que ha sido burdamente engañado, le dicen que ella ha muerto, y tiene que aceptarlo como viene. El dolor de la pérdida, y la humillación del engaño.
Y yo que leo su desesperación, me la quedo por dentro, y mi angustia se siente menos sola.
Porque siempre me quedará este mujeriego que se enamoró de un fantasma, y que luego no pudo superar la muerte de su mujer. Siempre me quedarán cosas por hacer, libros por leer, sitios por ver.
Los sueños son amigos cuando los sientes realizables, cuando  puedes compartirlos con alguien.
Pero se vuelven tristes cuando te despiertas como si te hubiesen engañado, como a él. De repente se tiñen de gris, como en unas fotos viejas y descoloridas que te da miedo mirar. Y te duele volver a esas fotos, o ver los colores en las de los demás.
Y tienes que reinventarte de nuevo, encontrarte de nuevo, rehacerte otra vez. Y ya no queda el calor de la compañía, sólo quedan las miradas vacías, el temor latente, la incertidumbre creciente. Las voces al otro lado, que te dicen que pasará, pero tú las escuchas desde lejos, como desde un mar sin faro, con un faro apagado.
Pero tienes que seguir nadando, buscando los siempres en los jamases.
Hoy lo haré por Juan Ramón. Mañana, no lo sé.



“CARTA A GEORGINA HÜBNER EN EL CIELO DE LIMA”
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
El cónsul del Perú me lo dice: “Georgina Hübner
[ha muerto”...
¡Has muerto! ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Qué día?
¿Cual oro, al despedirse de mi vida, un ocaso,
iba a rosar la maravilla de tus manos
cruzadas dulcemente sobre el parado pecho,
como dos lirios malvas de amor y sentimiento?
...Ya tu espalda ha sentido el ataúd blanco,
tus muslos están ya para siempre cerrados,
en el tierno verdor de tu reciente fosa,
el sol poniente inflamará los chuparrosas...
¡Ya está más fría y más solitaria La Punta 
 que cuando tú la viste, huyendo de la tumba,
aquellas tardes en que tu ilusión me dijo:
“¡Cuánto he pensado en usted, amigo mío!”...
¿Y yo, Georgina, en ti? Yo no sé cómo eras...
¿Morena? ¿Casta? ¿Triste? ¡Sólo sé que mi pena
parece una mujer, cual tú, que está sentada,
llorando, sollozando, al lado de mi alma!
¡Sé que mi pena tiene aquella letra suave
que venía, en un vuelo, a través de los mares,
para llamarme “amigo”... o algo más...no sé...
algo que sentía tu corazón de veinte años!
—Me escribiste: “Mi primo me trajo ayer su libro

—¿Te acuerdas? —Y yo, pálido: “Pero... ¿usted
[tiene un primo?”.
Quise entrar en tu vida y ofrecerte mi mano
noble cual una llama, Georgina... ¡En cuantos barcos
salían, fue mi loco corazón en tu busca...
yo creía encontrarte, pensativa, en La Punta,
con un libro en la mano, como tú me decías,
soñando, entre las flores, encantarme la vida!...
Ahora, el barco en que iré, una tarde, a buscarte,
no saldrá de este puerto, ni surcará los mares,
irá por lo infinito, con la proa hacia arriba,
buscando, como un ángel, una celeste isla...
¡Oh, Georgina, Georgina! ¡Qué cosas!... mis libros
los tendrás en el cielo, y ya le habrás leído
a Dios algunos versos... tú hollarás el poniente
en que mis pensamientos dramáticos se mueren...
desde ahí, tú sabrás que esto no vale nada,
que, salvado el amor, lo demás son palabras...
¡El amor! ¡El amor! ¿Tú sentiste en tus noches
el encanto lejano de mis ardientes voces,
cuando yo, en las estrellas, en la sombra, en la brisa,
sollozando hacia el sur, te llamaba: Georgina?
Una onda, quizás, del aire que llevaba
el perfume inefable de mis vagas nostalgias
¿pasó junto a tu oído? ¿Tú supiste de mí
los sueños de la estancia, los besos del jardín?
¡Cómo se rompe lo mejor de nuestra vida!
Vivimos... ¿Para qué? ¡Para mirar los días
de fúnebre color, sin cielo en los remansos...
para tener la frente caída entre las manos,
para llorar, para anhelar lo que está lejos,
para no pasar nunca el umbral del ensueño,
ah, Georgina, Georgina! ¡Para que tú te mueras
una tarde, una noche... y sin que yo lo sepa!
El cónsul del Perú me lo dice: “Georgina Hübner
[ha muerto”...
Has muerto. Estás, sin alma, en Lima,
abriendo rosas blancas debajo de la tierra...
Y si en ninguna parte nuestros brazos se encuentran,
¿qué niño idiota, hijo del odio y del dolor,
hizo el mundo, jugando con pompas de jabón?

jueves, 12 de junio de 2014

En busca del tiempo perdido

Me he prometido y te prometí que escribiría, que buscaría la belleza en este mundo, que no voy a volver a vivir en el mundo de espinas pudiendo habitar el de la mano amiga, los sueños compartidos, y la esperanza por encima de todo. Me prometo y te prometo, que no voy a seguir empeñándome, que voy a aceptar lo que me ha pasado, lo que me pasa, y que cada día es mi nuevo comienzo. Perdonar y perdonarme, leer hasta dormida, tener fe aun cuando no vea la salida. Confiar y sacar lo mejor que llevo dentro, estar preparada para las oportunidades que se me presenten.


Nubes extrañas

He echado de menos esas conversaciones, esas reflexiones que mantenía conmigo misma y con quien quisiera leerme. Nunca lo he valorado mucho, pero son voces viejas, como éstas, que acompañan. Echo de menos la calidez de mi voz, la belleza de mis pensamientos, las yemas de mis dedos cuando tecleaban mis ilusiones. Echo de menos mi alegría, mi corazón en paz, mis defensas relajadas. Echo de menos mi esencia, que no suele salir del todo, pero últimamente no aparece. Y no lo digo triste, ni desde el reproche. Me gusta echarme de menos. Es señal de que en el fondo no debo caerme tan mal, no debo estar tan enfadada conmigo misma siempre. Debe ser que hay una parte de mí que no está enfadada, ni en pugna constante con el mundo y todo lo que de él no me gusta. Una parte calladita que me mira y sonríe, paciente, esperando que me canse, que me agote y me rinda. Una parte de mí que quiere abrazarme, entenderme, consolarme, una parte de mí que sabe que soy la única que puede hacerlo y que está esperando, sentada, a que vuelva, para arroparme. Una parte de mí que está dispuesta a no poner resistencia, a no empeñarse en nada, aun cuando sienta que a su alrededor los demás se empeñan. Que no teme que le hagan daño. Que no necesita tener razón, dormir con un ojo abierto, ser más lista que el resto. La misma que me perdona por seguir en el camino equivocado, tal vez el de Swamm, ese que he elegido que ahora me acompañe.
Y a veces me pregunto cómo alguien con tanto amor puede dejarlo tan de lado. Puede que tenga la misma capacidad de sentir su contrario. Y sufro como nadie se imagina. Y entro en ese bucle porque no puedo perdonarme pensar que soy yo la que peor sufrimiento se autoinflige. Pero hay que salir del bucle, más cuando sé que no soy eso. Más cuando sé que tengo el coraje. Más cuando sé que puedo hacer lo que yo quiera, que lo que decido es porque quiero, y mis motivos tendré, y no sólo es el miedo.

Hamlet no duda: busca la solución auténtica y no las puertas de la casa o los caminos ya hechos -por más atajos y encrucijadas que propongan. Quiere la tangente que triza el misterio, la quinta hoja del trébol. Entre sí y no, qué infinita rosa de los vientos. Los príncipes de Dinamarca, esos halcones que eligen morirse de hambre antes de comer carne muerta.
    Cuando los zapatos aprietan, buena señal. Algo cambia ahí, algo que nos muestra, que sordamente nos pone, nos plantea. Por eso los monstruos son tan populares y los diarios se extasían con los terneros bicéfalos. ¡Qué oportunidades, qué esbozo de un gran salto hacia lo otro!
    Ahí viene López.
    -¿Qué tal, López?
    -¿Qué tal, che?
    Y así es como creen que se saludan. 





A veces, los días se despiertan nublados, como hoy. En el último sábado de Agosto. Y no sabes si es una suerte o una desgracia, pero ya no eres la misma. El futuro sigue apareciendo como una marea, como un obstáculo que no sabes descifrar, que te ilusiona pero en el que no terminas de confiar. El presente sigue incompleto... pero ya no piensas tanto en todo eso. Ni tampoco te juzgas igual. Ya sólo quieres una mano amiga que te serene, y sobretodo, la tuya propia, que te apoye cuando otros no lo hacen. Y ya no duele tanto que los demás te decepcionen. Claro que duele. Pero entiendes que aquellos que te juzgan, llevan su propio lastre. Y que si estuvieran en paz, no tendrían la necesidad de hacerlo. Y sólo quieres quedarte con lo bueno. Con las personas que te inspiran, que llevan el camino que tú quieres seguir. Que se ríen de sí mismas, y que han leído tanto que tienes que mirar la wikipedia cada vez que hablas con ellas. Que no ponen tantas condiciones a su amor, y que cumplen con su palabra. Aunque eso suponga quedarme un poco más sola. Menos de los demás, y más de mí.
Cada vez, necesito menos cosas...

domingo, 1 de junio de 2014

Para no olvidar

No debería escribir ni escribirte, pero algo tengo que hacer este domingo gris de mayo, estresada entre la vida que palpita dentro y la obligación de quedarme entre papeles que puede que algún día me sirvan para llenar clases, cumplir metas, y pagarme viajes.
Así que debo desterrarme y desterrarte. La vida es estupenda desde todos los ángulos, aunque viva en una pequeña ciudad con más huerta que cadáveres, aunque en ella se me caiga el mundo y yo tenga que levantarlo cada día para seguir creyendo, para seguir recordando que eso no soy yo. Por eso se lo prometo a tus ojos oceánicos, y sobretodo me lo prometo a mí.
Pues sí, no sé plantearme nada sin esta magia necesaria, y no basta con conocerla, hay que sacarla y aplicarla, no abandonar la esencia ni los propios sueños. Y me escribo para no olvidarlo.
Ahora sí, vuelvo a agachar la cabeza...

martes, 20 de mayo de 2014

No Tomorrow

And I find it kind of funny
I find it kind of sad
The dreams in which I'm dying are the best I've ever had
I find it hard to tell you,
I find it hard to take
When people run in circles it's a very, very
Mad world

But, I will...

lunes, 19 de mayo de 2014

El faro de mi isla

Érase una vez una laguna donde se encontraba desterrada una criatura de la naturaleza. El tiempo era húmedo allí, siempre estaba nublado y no había nadie más. Pero, a veces, la criatura encontraba espejismos que le hablaban y ella los escuchaba atentamente. Les contaban cuentos que la transportaban, le hacían olvidar esa laguna que habitaba no sabía desde cuándo. Ellos le hablaban de soles, de lunas, de estrellas, de castillos, de arenas, de paraísos no tan artificiales.
A ella le encantaba imaginárselo todo porque pensaba que nunca los volvería a ver, ya hacía mucho tiempo que su mundo cambió de color y se había vuelto gris. Había caído en la desesperanza, no podía esperar más, y no paraba de llorar. La laguna se iba inundando poco a poco con sus lágrimas. Las voces que escuchaba siempre le llegaban como lejanas resonancias, y sentía que sus gritos eran silenciosos y nadie más podía escucharlos.
A pesar de estar tan sola, no había aprendido a construir ni a defenderse, vivía entre palmeras y hojas secas, y cuando llovía, siempre se mojaba. Estaba indefensa y desolada. Y tan enfadada con el mundo, y consigo misma, que todos los días eran iguales para ella. Tiempo atrás, sus amigos habían acabado por abandonarla porque decían que no escuchaba, que no quería, que no reía, que se había desterrado a esa laguna ella misma pero que ni siquiera lo sabía.
Un día, esta criatura encontró por fin a alguien, un niño que la miraba ilusionada.
- ¡Hola!
"Inocencia es el niño..." pensó la criatura, recordando las palabras de Nietzsche.
- Me has olvidado -me dijo-. Ya no recuerdas quién soy, desde que aprendiste a verme como un enemigo, me rechazaste.
- ¿Cómo voy a conocerte, si no eres más que un niño? -dijo ella.
Al acercarse a él, vió que sus ojos tenían un brillo especial. El niño estaba rodeado de dibujos, de historias expresadas en garabatos. Había dibujado todo con lo que ella soñaba. La luz, el  mar, el cielo azul.
- Todo eso me resulta familiar...
- Claro, lo hicimos nosotros.
Ella no entendía nada, y le preguntó de qué se conocían. El niño se levantó y le mostró miles de lugares recónditos que a ella le provocaban nostalgia. Vio tantas imágenes, algunas dolorosas, las más certeras, y otras muy hermosas, que había olvidado.
- ¿Qué vas a hacer conmigo, ahora que me has recuperado?
- No volver a abandonarte.
- ¿Y cuando llueva y tengas frío? ¿Te olvidarás de mí?
- Nunca más me olvidaré de ti. Te arroparé con mis brazos para que no vuelvas a pasar frío.
- ¿Por qué te has sentido siempre tan sola? ¿No sabías que yo estaba contigo?
- No, no lo sabía. Perdóname.
- Y los días difíciles, los días en que decidas volver a esta laguna, abandonar nuestro arco iris, ¿volverás a huir de mí?
La criatura del universo comenzó a llorar
- Nunca he sabido cuidarte, ya lo sabes. Pero sí he sabido cuidar a los demás. Así que te cuidaré tan bien como siempre he hecho con el resto, con todo el mimo, todo el amor, toda la atención y la fe que he puesto en otros. Y aprenderé que eres lo más importante. Que sólo te necesito a ti. Que eres el faro de mi isla.

viernes, 16 de mayo de 2014

Si no te aferras

“Recordar es el mejor modo de olvidar”

Sigmund Freud


Una cosa es estar juntos y conectados, en una relación de pareja donde él o ella pueden irse, acercarse o quedarse y yo puedo también hacer lo propio, y otra cosa es estar enganchados.

Engancharse no es estar juntos, porque no sirve para conectarse con el otro, sino para tironear, para retener, para atrapar al otro y que no se pueda ir. Para escaparse va a tener que lastimarse y lastimarme, porque estamos atrapados. Esto no es estar juntos, ni tiene que ver con amor. Esto es un disfraz de la manipulación y del intento de controlar tu vida. Y a pesar de la gravedad de este planteo, nos seducen estas situaciones de control, nos encanta tener estos vínculos "seguros". Vivimos de alguna manera viendo cómo hacemos para tener al otro atrapado, para que el otro no se escape, para que no se vaya y dimensionamos las relaciones de pareja como relaciones en las que: "Los dos somos uno". "Somos una sola carne". "Yo para el otro y el otro para mí".

De alguna manera nos encanta este símbolo infame de nuestra condena al sufrimiento garantizado, que es: "No puedo vivir sin vos". ¡Qué pesado que suena!

Un poco más tibio pero igualmente condicionante es “Me haces tan feliz". Y yo digo siempre: no acepten, porque si aceptan tener ese poder van a tener que aceptar “Me arruinas la vida".

Pero lo cierto es que no tenés ese poder, nunca lo tuviste, aunque yo quisiera concedértelo. Me puede lastimar algo que hagas, algo que digas, eso sí, ¿pero hacerme sufrir?, la verdad que no.

¿Qué puede hacer el otro? “Puede hacer todo lo que a mí no me gusta" Muy bien, bárbaro. Pero si hace todo lo que a mí me disgusta ¿para qué me quedo? "Me quedo porque lo quiero" Bueno, si vos te quedas porque lo querés ¿es el otro el que te está haciendo sufrir? De ninguna manera. Entonces digo que soy yo el que me hago sufrir. ¡Claro que sí! Y posiblemente no sea sólo yo, pero seguro que tiene que ver más conmigo que con vos. Y lo que tiene que ver más conmigo que con vos es aquello que al principio llamamos el "sistema de creencias" de cada uno. Si me creo que para ser feliz vos tenés que hacer tal cosa y tal otra. Que para ser feliz vos tenés que conducirte de tal manera. Que para que yo sea feliz vos no tendrías que decir tal cosa o tal otra. Que para que yo no sufra vos deberías querer exactamente lo que yo quiero, en el exacto momento en que yo lo quiero. Y que no tendrías que querer ninguna otra cosa, porque si vos querés alguna otra cosa en un momento que no es el momento en que yo lo quiero, entonces yo sufro por tu culpa.

Y si no tenés el poder de hacerme sufrir mientras estés conmigo, menos aún tendrás ese poder si nos separamos. Pero no me voy, me quedo. ¿Para qué me quedo? Para cambiarte. Para conseguir que seas diferente. Para lograr que quieras exactamente eso que yo quiero. Y sobre todo porque no soporto la idea de perderte. ¡Eso! Para no perderte, te voy a cambiar. Lo cual significa en la práctica primero martirizarte y después de todas maneras perderte. Dos dramas al precio de uno. Y yo sostengo que este es un camino que nosotros tomamos para intentar evitar la pérdida, para esquivar la elaboración de un duelo.

¿Quién quiere estar al lado de alguien que ya no te ama? Yo no, vos tampoco y seguramente ninguno de los que leen esto en este momento. Entonces dejo de pretender agarrarte, dejo de querer engancharte. Y abro las manos y permito que te vayas. Y soporto el dolor sabiendo que una vez que elabore el duelo, una vez que trabaje con ese dolor, voy a quedar libre para poder amar a otra persona.."Sí, pero ¿quién me va a querer a mí ahora...?" Ah, entonces no te retengo por lo mucho que te amo, te retengo por mi propia inseguridad. Me quiero quedar en el confort de la tranquilidad de lo que tengo. No quiero conocer lo que sigue. No está mal, pero no tiene nada que ver con el amor.

Cuando veo infinitas parejas que sufren por estas cosas, me dicen que hacen todo esto porque no soportarían el dolor de la pérdida, que viven cagándose la vida porque no soportarían vivir durante seis meses el dolor que les ocasionaría no estar más con esa persona.

Casi todos preferimos tratar de ver cómo hacemos para manipular la conducta del otro para que haga lo que nosotros queremos, antes que pasar por el camino de las lágrimas y dar lugar, después de llorar, a que aparezca una persona que sea más afín con mis gustos y principios. Parece que obtuviéramos más placer en establecer nuestro poder, que en buscar otro que quiera lo que yo quiero.

En un divorcio el duelo significa aprender que la pérdida de este vínculo puede conducir a un encuentro mayor después. Con mi mejor amigo, mi hermano, mi hijo, mi pareja, lo mejor que me podría pasar es que cada uno de nosotros haga lo que en realidad tiene ganas de hacer y encontrarnos después, posiblemente para compartir aquello que más te gustó y aquello que más me gustó a mí. Pero para esto hay que soltar. Hay que dejar de temerle a la pérdida.

En la mesa del café, en la peluquería, en los vestuarios de los clubes, uno escucha una y otra vez comentarios como estos: "Ah, no! ¿Y si ella sale a tomar algo con un amigo y resulta que el amigo le gusta más que yo? Mejor que no salga con ningún amigo, mejor que no vea a ningún hombre, mejor que use anteojeras por la calle, mejor que nunca salga a la calle."

"¡Ah, no! ¡Y si él sale con sus amigos y se encuentra con otra chica, y si después los dos...? Vaya a saber... mejor lo controlo, mejor lo celo, mejor me le cuelgo encima para que no haya ninguna posibilidad de que me abandone".

Este es un martirio persecutorio y siniestro producto de mi propia dificultad para enfrentarme con la pérdida.

¿Y digo que lo hago porque te quiero mucho? ¡¡¡¡Mentiras!!!! Esto lo hago porque no he aprendido de verdad a soltar, porque no me di cuenta de que el único camino al crecimiento es elaborar los duelos de las cosas que no tengo; de que el único camino en realidad necesario para mi propio crecimiento es que yo viva mi historia como el pasaporte para lo que sigue.

Si de noche lloras porque el sol no está, las lágrimas te impedirán ver las estrellas. R. Tagore.

Seguir llorando aquello que no tengo me impide disfrutar esto que tengo ahora. Aprender a enfrentarse con el tema de la pérdida es aceptar vivir el duelo, saber que aquello que era es aquello que era y que ya no es más o por lo menos que ya no es lo mismo que era. De hecho nunca es lo mismo. Decía Heráclito: imposible bañarse dos veces en el mismo río. Ni el río trae la misma agua ni yo soy el mismo. Hay una pérdida necesaria. Cuando me doy cuenta de que algo ha muerto, de que algo está terminado, ese es un buen momento para soltar. Cuando ya no sirve, cuando ya no cumple, cuando ya no es, es el tiempo de soltar.

Lo que seguro no voy a hacer, si te amo de verdad, es querer retenerte. Lo que seguro no voy a hacer es tratar de engancharte, si es verdad que te amo.

¿Te amo a vos, o amo la comodidad de que estés al lado mío? ¿Estoy relacionado con vos, individuo, persona o estoy relacionado con mi idea de que ya te encontré y no quiero salir a buscar más a nadie?

La verdad es que la pregunta que hago a todos es la que me hago a mí. Si mañana yo llego a mi casa y mi esposa, después de 26 años de casados, me dice que no me quiere más...¿qué pasa? Primero dolor, angustia, tristeza y luego más dolor. Y después las dudas.

Me pregunto: ¿quiero yo seguir viviendo con alguien que no me quiere? Yo, no ella. Yo ¿quiero seguir?

La quiero enormemente ¿Alcanza? ¿Puedo yo quererla por los dos? La verdad...¡que no! Y la verdad es que esta es la historia: como sé que no puedo determinar que me quieras ni quererte por ambos, entonces...te dejo ir. No te atrapo, no te agarro, no te aferro, no te aprisiono. Y no te dejo ir porque no me importe, te dejo ir porque me importa.

“Pero, Jorge, hay situaciones, momentos, donde una pareja pelea y lucha por el vínculo y después de un tiempo de roces se vuelven a encontrar". Sí, hay miles de parejas que antes de encontrarse debieron separarse y otras que se separaron y nunca se volvieron a encontrar y hay miles más que no se separaron nunca y vivieron cagándose la vida para siempre, y hay toda la serie de variaciones que se te ocurran. Pero seguramente el final de la historia de una pareja no pasa por cuánto consiga alguno de los dos mantener prisionero al otro. Cuando una pareja en problemas viene a consultar a un terapeuta, basta que uno de los dos sienta que se terminó, que no quiere más, que no tiene emoción, que se acabó el deseo, basta con que uno sostenga que agotó todos los recursos pero no le pasa nada, basta eso para saber que no hay mucho para rescatar.

Si hay deseo, si se quieren, si se aman, si les importa cada uno del otro, si creen que hay algo que se pueda hacer, aunque no sepan qué, los problemas se pueden resolver (mejor dicho, se puede intentar resolverlos) Pero si para alguno de los dos se terminó verdadera y definitivamente, se terminó para ambos, y no hay nada más que hacer... Por lo menos en esta vuelta de la calesita. Quizás en la próxima te saques la sortija montada en el mismo pony, pero en esta vuelta no hay más premios para repartir.

Y entonces habrá que decirle al que ama: tengo malas noticias para vos. Lo siento, se terminó.
¿Y ahora? No lo sé. Seguramente te duela. Pero te puedo garantizar que no te vas a morir. Si no te aferras no te vas a morir. Si no pretendes retener al otro, no te vas a morir. Salvo, como dije, que vos creas que te vas a morir.