jueves, 4 de diciembre de 2014

viernes, 29 de agosto de 2014

No hay otros mundos, pero sí hay otros ojos




  He aprendido la magia en otro estadio, en otra   dimensión. He aprendido a compartir sin estar cerca, compartir el amor por las sagradas formas de expresión, por mi propia opinión, por mi pasión compartida.
Otras formas de ser feliz, mucho más importantes, mucho más necesarias. Eso que llevo tanto tiempo teniendo que aprender. Y que me produce la sensación de estar siendo partícipe de algo bello, de algo hermoso.
Esa luz traspasó mis retinas, y primero me dolió, porque sabía que era inmensa, que no podría poseerla, sólo observarla, y me vino el antiguo dolor que tanto he conocido. Pero, después, conseguí asimilarla como propia. Al principio no sin tristeza, no sin la amargura de tener que dejar que se fuera. Pero no quise, no dejé que ese dolor se me agarrase por dentro, ya no.
Esa luz ahora está cosida a mis retinas, se están asimilando, reconociendo, porque siempre la he usado para alumbrar fuera de mí. Nunca para mí.
Y todo apunta a hacerme ver que no podía seguir estando tuerta. Existe vida bajo las cosas. Y una fuerza increíblemente benévola que me hace comprender que no hay razón para tener miedo, jamás.  Decido decir sí a la vida, sí a mi voluntad. Decido ser mi mejor versión en todos los mundos posibles. Ya me he quedado con la esencia, ya he robado el entusiasmo, ya baila en mí un Dios.
(Abril 2013)

martes, 19 de agosto de 2014

El Libro del Desasosiego

"Como todos los grandes enamorados, me gusta la delicia de la pérdida de mí mismo, en la que el gozo de la entrega se sufre completamente. Y, así, muchas veces, escribo sin querer pensar, en un devaneo exterior, dejando que las palabras me hagan fiestas, niño pequeño en su regazo. Son frases sin sentido, que corren mórbidas, con una fluidez de agua sentida, un olvidarse de riachuelo en el que las olas se mezclan e indefinen, volviéndose siempre otras, sucediéndose a sí mismas." (Fernando Pessoa)

"Y súbita, de pronto,
porque sí, la alegría.
Sola, porque ella quiso,
vino. Tan vertical,
tan gracia inesperada,
tan dádiva caída,
que no puedo creer
que sea para mí.
Pero no importa, ya.
Conmigo está, me arrastra.
Me arranca del dudar.
Se sonríe, posible;
toma forma de besos,
de brazos, hacia mí;
pone cara de mía.
Me iré, me iré con ella
a amarnos, a vivir
temblando de futuro,
a sentirla de prisa,
segundos, siglos, siempres,
nadas. Y la querré
tanto, que cuando llegue
alguien
—y no se le verá,
no se le han de sentir
los pasos—a pedírmela
(es su dueño, era suya),
ella, cuando la lleven,
dócil, a su destino,
volverá la cabeza
mirándome. Y veré
que ahora sí es mía, ya."

(Pedro Salinas, La voz a ti debida)

jueves, 7 de agosto de 2014

Save Me

Usted está esperando por un evento en el tiempo que lo salve. ¿No es este el error fundamental? La salvación no está en otro lugar en el tiempo o en el espacio.La mayoría de las personas persiguen placeres físicos o muchas formas de gratificación psicológica porque creen que esas cosas los van a hacer felices o a liberarlos de una sensación de miedo o de carencia. La felicidad puede percibirse
como un sentido realzado de vida alcanzado a través del placer físico, o una sensación de sí mismo más segura y más completa lograda por medio de
alguna forma de gratificación psicológica. Esta es la búsqueda de salvación a partir de un estado de insatisfacción o insuficiencia. Invariablemente, cada satisfacción que se obtiene es fugaz, y la condición de satisfacción o logro habitualmente se proyecta una vez más hacia un punto imaginario lejos del aquí y el ahora. "Cuando logre esto o esté libre de aquello, estaré bien". Esta es la actitud mental inconsciente que crea la ilusión de la salvación en el futuro. La verdadera salvación es un estado liberación del miedo, del sufrimiento, de un estado percibido de carencia y de insuficiencia y por lo tanto de todo deseo, necesidad, codicia y apego. Es la libertad del pensamiento compulsivo, de la negatividad y sobre todo del pasado y el futuro como una necesidad psicológica. Su mente le dice que usted no puede llegar allá desde aquí. Tiene que suceder algo o usted tiene que volverse esto o aquello antes de poder ser libre y realizado. Le dice de hecho que usted necesita tiempo, que usted necesita encontrar, ordenar, hacer, lograr, adquirir, llegar a ser o comprender algo antes de ser libre o completo. Usted ve el tiempo como el medio de salvación, mientras que en verdad este es el mayor obstáculo para la salvación.

martes, 29 de julio de 2014

Mi Laberinto


Hace ya tiempo que el mundo cambió de color, y se pasó a tu parte. Esa parte que aún no conozco, que ni siquiera sé si me fue negada. Que me es simplemente ajena. A veces siento que llevo la mitad de mi vida pendiente de aprender una misma lección, la misma, una y otra vez. Como si tuviese que empezar de cero, porque siempre se me olvida. Porque soy mi propio laberinto, que cada día exploro, en el que me pierdo, y busco un conejo blanco en el lugar equivocado. Este laberinto que parece la biblioteca de la abadía de Guillermo de Baskerville, tenebrosa, oscura, solitaria, polvorienta, y llena de secretos. De ráfagas de aire, espejos, y fantasmas imaginarios. No quiero pasar la vida buscando la poética, para acabar sabiendo lo que sabía desde un principio: que la llevo dentro. Quiero salir del dédalo que me asfixia, en el que veo tu imagen reflejada, como un espejismo, como una condena. Quitarme este hábito que arrastro, como una losa. Como una pequeña Benerice. Estudiando corazones. Sintiendo mentes. Quiero encontrar una luciérnaga en la palma de mi mano. Un canto que me serene en mi garganta. Un claro sin oscuros, en mi mirada.
Y voy a ensayar otra vez. Para esa obra que no sé si algún día estrenaré. Que cada día procuro enfrentar, sabiendo un poco más. Dándome una nueva oportunidad, para olvidarme de ensayar.

Her

"Querida Katherine,

Estoy aquí sentado pensando en todas las cosas por las que quería pedirte perdón, todo el daño que nos hicimos mutuamente, todo de lo que te culpé, todo lo que necesitaba que fueras o dijeras. Siento todo eso. Siempre te querré porque crecimos juntos. Tú me ayudaste a ser quien soy.  Sólo quiero que sepas que parte de ti siempre vivirá dentro de mí, y te doy las gracias por ello. Te conviertas en quien te conviertas, estés donde estés en el mundo, te envío mi amor. Eres mi amiga hasta el final.
te quiere,

Theodor"

viernes, 25 de julio de 2014

He cruzado océanos de tiempo para encontrar(m)e

la Mujer Justa, Farenheit 451, y Drácula.

Me fui a mi cuarto y me acosté en la cama; raro es de decir, dormí sin soñar. 
La desesperación tiene sus propias calmas...

jueves, 3 de julio de 2014

La Parte Maldita

Últimamente mis días son de papel, de papel liso, blanco y pulcro. Ordenados, limpios... y mi parte maldita me susurra: ¡aburridos! ¡vacíos!. Y puede que sea así, qué le voy a hacer, tendré que acostumbrarme a esta parte mía, reírme de mi escasa tolerancia a la frustración, asumir que últimamente estoy como el chiste del camión: Un transeúnte haciendo autostop, finalmente es acogido por un camionero. El autostopista se pone nervioso porque no sabe de qué hablar... y piensa: "No le puedo hablar de política... porque si le digo que soy de Podemos, y él del Pp, me va a echar...Y si le digo que el fútbol no me gusta y él es fanático... igual..." Así que el autostopista, sin saber cómo ni de qué entablar conversación, finalmente, dice: "Pues sí...". Y el camionero, con los ojos inyectados en sangre, le contesta: Pues no... ¡¡Y te bajas del camión!! (Por supuesto, yo soy el camionero...)
Así que, el humor es lo que me queda: reírme de mí. Y como decía, -vuelvo a ponerme seria...- mis días son como papel que voy pintando, de un azul sereno, que a veces mancho con lágrimas, es cierto, pero a veces también me falla el pulso con la risa, y otras me pierdo cuando sueño. No tengo mucha fe últimamente, no siento que todo vaya a ir mejor, y también sé que eso no me beneficia. Voy dando pasitos pequeñitos, y finalmente encuentro tranquilidad y sosiego leyendo un buen libro, ese que me regaló Jarauta, y sí, lo digo a propósito, para que se sepa: me lo regaló el gran Jarauta, y me está gustando mucho. Disfruto de buenas conversaciones con buenos amigos, que me apuntan con linternas para que no me apague, y me arropan para que no pase frío. Me sigo riendo con mi padre. Me sigue dando miedo perderlo. Todos los días le admiro, todos los días me da motivos para quererlo un poco más. Si un día estoy insoportable, en lugar de ofenderse, me dice: ¿Qué te ha pasado ya? y lo peor, es que siempre acierta. Y me desarma. No tengo trabajo propiamente dicho, pero disfruto pudiendo hablar de filosofía un par de horas todos los días a un alumno al que le toca hincar codos en verano. Me miro al espejo y me gusto, aunque mi cara esté triste, y tenga los ojos enrojecidos y mohínos.
Me sigo frustrando, todos los días me cuesta un poco dar el paso, ser positiva, tener esa fe de la que todo el mundo me habla. Pero lo intento, sonrío y me reconcilio con mi parte maldita, la que me hace repetir pautas, andar tan a tientas con todo e indignarme con cualquier cosa. Y quiero usar esa parte para crecerme cada día, que, oye, estoy bastante bien, nada que envidiarme tiene, si es que existe, la Mujer Justa...

viernes, 27 de junio de 2014

viernes, 16 de mayo de 2014

Pérdidas

Hubo una vez una isla donde habitaban todas las emociones y todos los sentimientos humanos que existen. Convivían, por supuesto, el Temor, la Sabiduría, el Amor, la Angustia, la Envidia, el Odio...Todos estaban allí.
Un día el Conocimiento convocó una reunión y dijo:
-Tengo una mala noticia que darles: la isla se hunde.
Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:
-¡No, cómo puede ser! ¡Si nosotros vivimos aquí desde siempre!
El Conocimiento repitió:
-La isla se hunde.
- ¡Pero cómo puede ser! ¡Quizá estás equivocado!
- El Conocimiento casi nunca se equivoca- dijo la Conciencia dándose cuenta de la verdad-. Si él dice que se hunde, debe ser porque se hunde.
- ¿Pero qué vamos a hacer ahora?- se preguntaron los demás.
Entonces, el Conocimiento contestó:
- Por supuesto, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo les sugiero que busquen la manera de dejar la isla...Construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse, porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella.
- ¿No podrías ayudarnos?- le preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad.
- No -dijo el Conocimiento-, la Previsión y yo hemos construido un avión y en cuanto termine de decirles esto volaremos hasta la isla más cercana.
Las emociones dijeron:
-¡No! ¡Pero no! ¿Qué será de nosotros?
Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia y, llevando de polizón al Miedo, que como no es zonzo ya se había escondido en el motor, dejaron la isla.
Todas las emociones, en efecto, se dedicaron a construir un bote, un barco, un velero... Todas... salvo el Amor.
Porque el Amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:
-Dejar la isla...después de todo los que viví aquí...¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo? Ahhh...compartimos tantas cosas...
Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar el medio para irse, el Amor se subió a cada árbol, olió cada rosa, se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacerlo en otros tiempos. Tocó cada piedra...y acarició cada rama...
Al llegar a la playa, exactamente desde donde el sol salía, su lugar favorito, quiso pensar con esa ingenuidad que tiene el amor:
Quizá la isla se hunda por un ratito...y después resurja...¿por qué no?
Pero la isla se hundía cada vez más...
Sin embargo, el Amor no podía pensar en construir, porque estaba tan dolorido que sólo era capaz de llorar y gemir por lo que perdería.
Se le ocurrió entonces que la isla era muy grande, y que aun cuando se hundiera un poco, siempre él podría refugiarse en la zona más alta... Cualquier cosa era mejor que tener que irse. Una pequeña renuncia nunca había sido un problema para él.
Así que, una vez más, tocó las piedritas de la orilla...y se arrastró por la arena...y otra vez se mojó los pies en la pequeña playa que otrora fue enorme...
Luego, sin darse cuenta demasiado de su renuncia, caminó hasta la parte norte de la isla, que si bien no era la que más le gustaba, era la más elevada...
Y la isla se hundía cada día un poco más...
Y el Amor se refugiaba cada día en un espacio más pequeño...
- Después de tantas cosas que pasamos juntos...- le reprochó a la isla.
Hasta que, finalmente, sólo quedó una minúscula porción de suelo firme; el resto había sido tapado completamente por el agua.
Justo en ese momento el Amor se dio cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad. Comprendió que, si no la dejaba, el amor desaparecería para siempre de la faz de la Tierra...
Caminando entre senderos anegados y saltando enormes charcos de agua, el Amor se dirigió a la bahía.
Ya no había posibilidades de construirse una salida como la de todos; había perdido demasiado tiempo en negar lo que perdía y en llorar lo que desaparecía poco a poco entre sus ojos.
Desde allí podría ver pasar a sus compañeros en las embarcaciones. Tenía la esperanza de explicar su situación y de que alguno de sus compañeros le comprendiera y le llevara.
Observando el mar, vio venir el barco de la Riqueza y le hizo señas. La Riqueza de acercó un poquito a la bahía.
-Riqueza, tú que tienes un barco tan grande, ¿no me llevarías hasta la isla vecina? Yo sufrí tanto la desaparición de esta isla que no pude fabricarme un bote...
Y la Riqueza le contestó:
- Estoy tan cargada de dinero, de joyas y de piedras preciosas, que no tengo lugar para ti, lo siento...- y siguió su camino sin mirar atrás.
El Amor siguió observando, y vio venir a la Vanidad en un barco hermoso, lleno de adornos, mármoles y florecitas de todos los colores. Llamaba muchísimo la atención.
El Amor se estiró un poco y gritó:
-¡Vanidad...Vanidad... llévame contigo!
La Vanidad miró al Amor y le dijo:
- Me encantaría llevarte, pero...¡tienes un aspecto!...¡estás tan desagradable... tan sucio y tan desaliñado!...Perdón, pero creo que afearías mi barco- y se fue.
Y así, el Amor pidió ayuda a cada una de las emociones. A la Constancia, a la Sensualidad, a los Celos, a la Indignación y hasta al Odio. Y cuando pensó que ya nadie más pasaría, vio acercarse un barco muy pequeño, el último, el de la Tristeza.
- Tristeza, hermana- le dijo-, tú que me conoces tanto, tú no me abandonarás aquí, eres tan sensible como yo...¿Me llevarás contigo?
Y la Tristeza le contestó:
- Yo te llevaría, te lo aseguro, pero estoy tan triste....que prefiero estar sola- y sin decir más se alejó.
Y el Amor, pobrecito, se dio cuenta de que por haberse quedado ligado a esas cosas que tanto amaba, él y la isla iban a hundirse en el mar hasta desaparecer.
Entonces se sentó en el último pedacito que quedaba de su isla a esperar el final...
De pronto, el Amor escuchó que alguien chistaba:
- Chst- chst-chst...
Era un desconocido viejito que le hacía señas desde un bote de remos.
El Amor se sorprendió:
-¿A mi?- preguntó, llevándose una mano al pecho.
- Si, si- dijo el viejito- a ti. Ven conmigo, súbete a mi bote y rema conmigo, yo te salvo.
El Amor le miró y quiso darle explicaciones:
- Lo que pasó fue que me quedé...
- Entiendo- dijo el viejito sin dejarle terminar la frase-, sube.
El Amor subió al bote y juntos empezaron a remar para alejarse de la isla.
No pasó mucho tiempo antes de ver cómo el último centímetro que quedaba a flote terminó de hundirse y la isla desaparecería para siempre.
- Nunca volverá a existir una isla como ésta- murmuró el Amor, quizá esperando que el viejito le contradijera y le diera alguna esperanza.
- ¿No? dijo el viejito-, como ésta, nunca.
Cuando llegaron a la isla vecina, el Amor comprendió que seguía vivo.
Se dio cuenta de que iba a seguir existiendo.
Giró sobre sus pies para agradecerle al viejito, pero éste, sin decir una palabra, se había marchado tan misteriosamente como había aparecido.
Entonces, el Amor, muy intrigado, fue en busca de la Sabiduría para preguntarle:
-¿Cómo puede ser? Yo no lo conozco y él me salvó...Nadie comprendía que me hubiera quedado sin embarcación, pero él me ayudó, él me salvó y yo no ni siquiera sé quién es...
La Sabiduría lo miró a los ojos un buen rato y dijo:
- Él es el tiempo. Y el Tiempo, Amor, es el único que puede ayudarte cuando el dolor de una pérdida te hace creer que es imposible seguir adelante.