viernes, 27 de octubre de 2017

El Silencio

Tengo una relación extraña contigo; tal vez sea porque siempre me ha costado acercarme a esa parte de mí que creo que jamás he llegado a conocer del todo... Y así naciste tú, que te vuelves ensordecedor cuando hay algo en mí que grita, porque no sabe convertirse en voz, en sonido; en comunicación.

Me das miedo, tanto que te esquivo entre conversaciones que intentan llegar a algún puerto, donde no existas; donde, por fin, ya no me sienta desterrada y mi identidad adquiera forma. Conversaciones donde permanezco oculta, bajo tu mirada inquisidora amenazando con ser mi única compañía en un futuro próximo. Para mí eres un domingo por la tarde. Un sábado a mediodía. Yo, con las paredes amenazando con caérseme encima. Teniendo tanto que hacer, mi jardín sin cuidar, mi alma sin florecer, y buscando, antes que nada, que tú desaparezcas, para poder ocuparme  después de mí. Buscando llenar ese vacío que me pesa en el cuerpo, esa densidad, esa quietud donde mi vida entera se muestra ante mis ojos. Mi vida, la que no me gusta, en la que me juzgo y me juzgo y todo se vuelve catastrófico. Donde no puedo concentrarme ni leyendo, ni escribiendo. Contigo no me sereno. Me das demasiado vértigo. Cuando estás, tan puro y auténtico, la vida me da un vuelco.

Y, sin embargo, también me envuelves cuando necesito paz. Me envuelves cuando me adentro en el mundo de los sueños; cuando vuelvo al infinito espacio entre mi infancia y el otro lado del universo, donde reaparecen los cuentos que leía de niña en forma de arrullo y poema. Donde quería hacerme tan pequeña que pudiese caber entre las grietas de los muros de camino al colegio, y poder colarme por ellas. Cuando soñaba con un mundo que se abría en medio de la carretera y era sólo para mí.

Me envuelves cuando en mi mente no hay nada. Cuando cierro los ojos y el mundo muere. Me envuelves cuando me siento sola y también me envuelves cuando me siento plena y feliz. Me envuelves cuando miro a los ojos de mi padre. Cuando miro a mis amigos y se me encoge el corazón, sin decirlo, pensando en cuán importantes son para mí, en la melancolía de no poder inmortalizar ese momento en el que estamos juntos y somos felices. Me envuelves cuando siento a mi abuela conmigo, cerca de mí. Me envuelves cuando voy conduciendo, y desde ahí puedo ver nichos que antes estaban vacíos. Flores que antes no estaban y huecos que se van llenando. Me envuelves mientras escucho música, mientras leo los libros que me gustan, cuando veo buenas películas bajo una manta. Me envuelves cuando me das tregua.  Me envuelves en primavera, contemplando el mar y recordando al mismo tiempo, inevitablemente, los versos de Machado cuando perdió a su esposa: "Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar".

Odio cuando apareces sin ser llamado. Odio cuando temo que vengas, odio temer que vengas y no saber adaptarme a ti. Odio que seas un abismo que me separa de mí misma. Odio cuando los demás te imponen entre ellos y yo. Como un huracán que, cuando ya ha arrasado con todo, deja a su paso la paz del cansancio. La tregua que no es tal. El tiempo que ha de pasar para conseguir adaptarse a una nueva situación, tras la borrasca.


Me encanta que me acompañes mientras leo, que me inunde esa paz que tú tanto conoces, que vengáis los dos juntos, la paz y tú, a hacerme compañía. Porque entonces me siento a salvo contigo, y te vuelves la mano amiga.
Me encanta que te tornes viento que acaricia mi rostro mientras el sol me calienta; que te tornes ladera de montaña en la que sobrevuelan alimoches y quebrantahuesos junto a un lago calmo, con una barca solitaria. Acordarme de Casona y su barca sin pescador y del abismo que creaste entre el corazón de Antonio Machado y el mar. La jaula que tuvo que hacerse pájaro, sin saber qué haría con el miedo, de Alejandra Pizarnik. De Ernesto Sábato y sus demonios ciegos.

Y son dos silencios tan distintos, que uno me encoge la garganta y me aprieta la cintura, mientras que el otro ensancha mi alma y desata mi risa y el nudo en mi estómago, y las lágrimas se vuelven de alegría.

martes, 26 de septiembre de 2017

El hombre había...

Desoído el arrullo del mar que, cercano, quería avisarle de la pronta tempestad que iría a acecharle.
Era un mar salvaje, del atlántico norte, entre Tarifa y el otro lado del estrecho. Allí el olor era distinto. Los atardeceres, de intensos colores; y no sabía bien lo que andaba buscando allí, perdido como estaba en medio de su propia vorágine.
Desde Francia todo se veía distinto; de allí venía y no quería volver. Marruecos le había hechizado sin atinar a entender por qué; sentía que era allí donde debía estar, embebido del néctar del té ardiendo, rodeado de abejas hambrientas, de las caras desconocidas pero amables, de la belleza extrema del crepúsculo y las mujeres que le miraban con timidez.
Y allí, escribiendo, pensando, tan cercano a la orilla, no se percató de aquella ola que de repente le trajo de vuelta a la vida.


Ejercicio para Fulgencio Moreno Lax, escritura en 5 minutos. 26 de septiembre de 2017.

sábado, 10 de junio de 2017

Amor Fati

Hace tiempo
que me puse en manos
del azar
y el tiempo infinito
me busco entre las miradas
antiguas y sabias
los libros que me dan sosiego
las experiencias
que me dan esperanza
y poco a poco
en medio de ese paseo
encuentro esta angustia
como un juego
escucho y me oigo
cambiar el mapa
la óptica que determina
mi antesala
y los días me llevan,
arrastrados por el viento
más serena, más tranquila
avanzo con mi angustia
con una fe que nunca tuve
en el amor fati

La sabia lechuza

Con cansancio y desgana
me esfuerzo por encontrar las palabras
en medio de este vacío tan ensordecedor
de tu ausencia
de mi ausencia
de esta congoja silenciosa
y solitaria
y la paradoja
de sentirme afortunada
No quiero quedarme a solas
porque entonces viene de golpe
todo tu ingrávido peso
y el murmullo
de las erinias
Un nudo se me encoge
en la garganta
quiero huir hacia adelante
que todo sea más sencillo
observar
mi personalidad
convertida en llamas
y acabar de madrugada
en medio de mis propias brasas.
No puedo pedir nada,
no puedo pedirte nada
sólo puedo sentir esta tristeza
de un amor dulce
que nunca llegó a ser del todo
que nunca murió del todo
que ha vivido a la espera
de un mañana mejor
que nunca llegaría
Y quisiera tener la fuerza
que entre los dos nunca tuvimos
ya no sé si para seguir sola mi camino
o para haber podido, contigo y conmigo
La sabia lechuza pulula
a altas horas de la noche
ella quiere que florezca
entre las acacias y las moras
que beba del dulce néctar
de la uva y la juventud
mientras siento
que habito un cuerpo
 que no es mío
y un alma
que no me reconoce
Entre libros y vinos me paseo
entre andares y risas me contemplo
y tu sombra
siempre está conmigo
no quiero que este poema se acabe
porque todavía no concibo
que nos hayamos despedido.




jueves, 26 de enero de 2017

Sobrevivo

Me gustaría creer
que la vorágine
de mis días
acabará
en un lago
de argentina
Quisiera pensar
que no me engaño
que no hago mal
que no soy cómplice
de un sistema
en el que no creo
Ojalá
no me sintiera
tan miserable
entre tanta hipocresía
mediocridad
obediencia
y rabia contenida
Me gustaría
valer más que todo eso
y poder plasmarlo
sentirme libre
y vivir de ello
Que el miedo
no sea
la moneda de cambio
y no sentir
que en lugar de vivir
sobrevivo

jueves, 3 de noviembre de 2016

De Antígona, prometeo y otras condenas



En el día mundial del teatro, voy a hacer un homenaje: 
Tras un concierto, dos amigos hablan:

1- Me voy a casa
2- ¿Qué te pasa?
1- Nada, no te preocupes. Siempre estoy igual, me canso hasta yo. No quiero darte la noche, es tu noche.
2- Venga, no te vayas. Tómate la última conmigo y hablamos. ¿Es por lo que me has contado antes?
1- Sí. No lo puedo evitar... Y me siento súper tonta.
2- Hombre, un poco tonta sí que eres -dice el segundo hablante con sorna-. Pero, ¿por qué te martirizas así? No es para tanto. Además, aún no sabes lo que piensa. 
1- Eso se intuye. Se nota. Está en otra parte. No me ha visto. Está haciendo de su vida una obra de arte, y yo no quepo en ella. No hay lugar para mí. Y es normal. ¿Qué hacía yo cuando era más joven? Nada. Estaba muerta de miedo. No era capaz de vivir. Hace todo lo que yo debí hacer cuando tenía su edad. Siente como yo sentía. Tiene mi mismo entusiasmo. Pero yo no tuve el valor de llevarlo a la práctica. Los años, la vida, no pasan sobre él. Arrasa sobre su vida. Su esencia invade cada movimiento, cada paso que da. Es independiente, fuerte. Me ha dicho que quiere irse. Que es así como sabe que tiene hacerlo.
2- Sí, yo también sabía decir esas, pero eso no quiere decir que de verdad sepa lo que significa. Y además, tú haces y hacías muchas cosas. También eres valiente. No tienes que compararte.
1- Le he dicho que yo antes era como el niño de La lengua de las mariposas. Un gorrión. Un gorrión que no sabía salir del nido. Le he hablado del saxo en la niebla. Del muchacho que no sabe tocar, hasta que no se enamora. De la china que llora porque sabe que está tocando para ella. Y no he tenido que explicárselo. Habitamos Lugares Comunes. Es un fueguito de Galeano, que si te acercas, se enciende. Arde la vida con tanta fuerza... y no soporto que no sea para mí. No soporto haberme perdido tantas cosas. 
2- Te repito: no sabes lo que piensa. Tienes que dejar de compararte. 
1-  No me perdono que su valentía me duela. Haber perdido tantos años.
2-  ¿Por qué te empeñas en verlo así?
1- Porque me duele. Él seguirá siendo un fueguito encendido, ardiendo cada día más lejos. Le admiro, y me odio por no ser capaz de disfrutar viéndole volar, por no poder volar con él. Por no haber sabido llegar a las entrañas, como otros invaden las mías.
2- No necesitas sus alas, mi pequeña madame Bovary... Ni deja de existir la Magia que te envuelve, sólo porque alguien no la vea. También ardes la vida, con tantas ganas.
1- Tiene tanta luz que me encandila. El mundo se ve distinto cuando le miro. No entiendo por qué tengo que renunciar a buscarle. No me hace gracia que el universo se burle poniéndomelo delante. Que nunca pueda ser partícipe de esa belleza.
2- Sabes que no es eso. No hay castigos divinos. 
1- Quizá debería rendirme, e intentar ignorar esa parte de mí. Volverme estoica, budista, practicar la atharaxia. Pero no puedo. Sé que no puedo. Estoy viva. Es como mirar el jardín de las delicias. Me gusta todo lo que veo, todas las cosas buenas de la vida. Pero siempre le presto más atención a la misma parte del cuadro. A la misma imagen.
2- Eres así, puro deseo. Por eso eres Madame Bovary. Esa es tu condena. 
1- ¿Qué significa eso?
2- Eres el ciego que lo ve todo, menos a sí mismo. No ves lo que eres. Ni lo que haces. Todos lo vemos menos tú. Eres Prometeo. Porque cada día se te comen las entrañas por robar el fuego, por ser auténtica. Por tu inocencia.  Te lo he dicho muchas veces. Eres mi noche estrellada.
1-  Siempre me has idealizado
2- No. Siempre he sabido verte, porque tú me viste a mí. Tú sabes ver a los demás, y ser su espejo. Pero a cambio de perderte a ti. Tan empática, tan radiante, tan auténtica, tan capaz de envolverte en la manera de sentir de los demás, que no te encuentras. No te ves. Y los que te vemos, nos morimos de rabia.
1- Y entonces, ¿qué virtud es esa? si me estoy consumiendo a mí misma, ¿cómo iba a gustarme, aunque me viera?
2- Eres Antígona. No participas del mundo. Te quedas fuera. Estás fuera. En tu tumba. Pero eres capaz de hacer salir a los demás de la suya. De revivir a las personas, con tu luz. Y ni siquiera te das cuenta. Y quiero verte salir. No eres feliz porque siempre estás buscando fuera. El espejo. Y ni aun cuando lo encontraras, serías feliz, porque queriendo verte a través de otros ojos, nunca estarás satisfecha con la imagen que te devuelva, ningún espejo. Hasta que te canses, y busques otro. Como Madame Bovary. 
1-  Pero me hace desdichada. Mi mayor virtud, es mi mayor condena. Y te extraña que no pueda verme bien.
2-  Sé que acabarás viéndote. No quiero que dejes de ver las cosas malas que haces, o que eres. Pero quiero que veas también las buenas. No sabes la semilla que sembraste en mí al conocerte. No sabes los árboles que han ido creciendo a tu paso. Me cogiste de la mano, me llevaste fuera de la tumba.  Eres tierra fresca. Mi noche estrellada. Estás exenta de coraza. Esa que todo el mundo tiene. Incluso cuando intentas ser quien no eres, no te sale. Eres incapaz de mentir. No puedes. Por eso me desarmaste. Y dejé que me tocaras. ¿Eso, para ti, es haber hecho poco?


Abril 2013