jueves, 30 de julio de 2015

En el nombre de la Ira

Ojalá con esta rabia que siento pudiera derribar muros, construir otros, darte a ti con ellos, y aprender a no necesitar nada más que eso que llevo dentro y que aún no he explotado, esa mina que me alienta y por la que siento tanta ira, por no haberle prestado atención, por no ser más clara, por estar escondida, por no haber encontrado su camino por sí sola. Este orgullo que hace que me resista a aceptar que no importa el tiempo perdido, que aún puedo hacerlo, pero para mí no es suficiente, porque hubiera querido tomarla de la mano, y de qué me sirve, cuando los demás tampoco me gustan, me parecen cobardes, egoístas, ególatras, y eso debiera hacer yo; no tener escrúpulos, pensar sólo en mí, decir la verdad aunque duela, aunque piense que no es justo y me puedo equivocar. Pero qué puedo decir yo, si no me aprovecho, no me reinvento, que voy a morir potencia, pudiendo ser acto.
Pero esto no es una elegía, ni un romance ni una promesa. Porque lo que se promete, se duda.  

Y es que con tanta porquería
la que nos mandan desde arriba
levantamos paraísos 
de inmundicia y alegría.

sábado, 27 de junio de 2015

Tu viaje, mi viaje

Y yo quiero también llevar una maleta que no pese, unos recuerdos que no me ahoguen, tener unas necesidades que no me condicionen. Quiero, como tú, mirar la luna y que con eso sea suficiente. Sentirme arropada por las montañas, las luces y las olas, y sentirme acompañada y agradecida. Leo y leo esperando poder empaparme de ese espíritu, saber como tú que el miedo es pasajero, ser consciente de que todo es un suspiro, que no tengo que aferrarme a nada, y menos a ti, ni entrar en la dinámica de esperar, de esperarte, de frustrarme. Que ya me sé todala teoría, que si el ego, que si la libertad, que si aceptar. Todo me lo sé, pero la práctica es distinta. Y me canso de sentir que soy una alfarera sin barro, o que no sé moldear el mío.

viernes, 1 de mayo de 2015

Aquí está la Rosa... Bailemos con ella

Las campanas siempre resuenan desde el mismo lado, y a veces, las miro con nostalgia. Forman parte de mí. Otras, en cambio, odio que estén ahí, tan calladas y chirriantes. Y entonces me viene el silencio que se volvió costra una vez que Juana Inés tuvo que callar, como ellas.
No quiero un recordatorio constante, una rutina de iglesia y fuentes con agua... quiero que Schopenhauer tenga razón, poder seguir su ejemplo... o que la vida tenga la magia que promete y poder bailar con la rosa de Hegel, y su olor a cuestas. -El recuerdo conmigo, y yo con nadie-.
La esfinge no va a irse nunca, eso lo sé, pero puede que las campanas algún día se conviertan en un arrullo, y me mezan cuando quiera dormir.  Entonces veré el mundo como desde fuera, me observaré a mí, y podré reír aunque no entienda, aunque no encuentre el sentido en cada paso. Aunque no estés. Y no esperar nada, ni tan siquiera a la primavera, ni siquiera a ti. Revolcarme con los libros, hacer el amor con Nietzsche, y decirle que sus palabras me acarician, pero no me sirven.


Tocaba a rebato la campana desatada por la alarma o la alegría o quién sabe qué, y por primera vez nadie la entendió. Un gentío se juntó en el atrio mientras la campana sonaba sin cesar, enloquecida, y el alcalde y el cura subieron a la torre comprobaron, helados de espanto, que allí no había nadie. Ninguna mano  humana la movía. Las autoridades acudieron a la Inquisición. El tribunal de del Santo Oficio declaró nulo y sin valor alguno el repique de la campana, que fué enmudecida por siempre jamás y expulsada al exilio de México. Juana Inés de Asbaje abandona el palacio de su protector, el virrey Mancera, y atraviesa la plaz mayor seguida por dos indios que cargan sus baúles. Al llegar a la esquina, se detiene y vuelve su mirada hacia la torre, como llamada por la campana sin voz. Juana Inés le conoce la historia. Sabe que fué castigada por cantar por su cuenta.

lunes, 20 de abril de 2015

La Presa que se lanza sobre la Fiera

-Lacan podía meterse sus fantasmas por el orto. Yo estoy cansada de los míos, tendré que bailar con ellos a ver si se marean, y se van a otro lado. No me dejan tener confianza, depositarla, ni cambiarla de lugar. Y para colmo, me devuelven una imagen de mí que no es la mía, y una frustración por parte de fuera. Podría coger la estética del matrimonio de Kierkegaard y lanzársela a alguien a la cabeza...
- ¿Qué pasa con Kierkegaard? ¿Es por él, o por el tema en sí del libro?
- No, mira lo que dice: "Ya ves que tu vida se resuelve en simples episodios en que buscas apenas lo interesante... Si, al menos, se pudiera esperar que la energía que te inflama en esos instantes tomara forma en ti, coordinara tu vida, y la ensanchara, harías seguramente grandes cosas. Porque entonces te transfiguras. Hay en ti una inquietud sobre la cual flota, sin embargo, la clara lumbre de la inteligencia; tu alma se concentra por entero en el único punto que te ocupa; traza tu razón cien proyectos; todo lo dispones para el ataque. ¿Sufres un fracaso en una dirección? Instantáneamente, tu dialéctica casi diabólica se pone a explicar el fracaso, haciéndolo servir a una nueva táctica. Planeas constantemente por encima de ti mismo, y si bien cada una de tus diligencias es por lo menos igualmente decisiva, te reservas, sin embargo, una facultad de interpretación que, con una palabra, puede alterarlo todo. Agrega a ello la efervescencia del sentimiento que le anima. Tus ojos lanzan centellas, o más bien pareces tener cien ojos que brillan, todos ellos en acecho; un rubor fugitivo pasa por tu rostro; te apoyas firmemente en tus cálculos, y sin embargo esperas con una terrible impaciencia. Creo, querido amigo mío, que en definitiva te engañas, y que al imaginarte, como dices, que "captas" a un hombre en su hora afortunada, apenas si te haces cargo de tu propia exaltación. Tienes tanta energía concentrada que llegas a ser creador de ella. Yo he admitido, por esa razón, que tu conducta no es tan perniciosa para el prójimo; pero, en cambio, es absolutamente funesta para ti". 
- No veo ninguna relación contigo...
- Ni yo tampoco, eso es lo más molesto. Tuve que seguir con Oscar Wilde, y entonces me enfadó porque en Un marido ideal, obra de teatro súper victoriana, tanto los hombres como las mujeres, son machistas...
- y ¿De qué te sorprendes? Época victoriana, siglo XIX, tú misma lo has dicho
- Pues porque... porque... es Oscar Wilde, pensaba que era más listo... repudiado en su propio tiempo... No busques nada racional en mis enfados de hoy, no lo hay.  Así que hoy en clase voy a hablar de la irracionalidad en la inteligencia, y de cómo la libertad entre varios se resuelve con la fuerza o con la razón o con los actos benévolos. Y lo voy a relacionar con Salomé, que cuando no obtiene lo que quiere, va cortando cabezas. Si es que ya lo sabía yo, que me tengo que volver como ella. La presa que se lanza sobre la fiera. Lo único que me gustó de Un marido ideal fue Lord Goring, el humor y la forma de no tomarse nada en serio nunca; puede que esa opción sea menos peligrosa que la de Salomé...  Mira, mira lo que dice:
 LORD CAVERSHAM.- ¿Cómo? No comprendo lo que quieres decir. Quiero tener una conversación seria con usted, caballerete.
LORD GORING.- ¿A esta hora, papá?
LORD CAVERSHAM.- ¿Y qué? No son más que las diez. ¿Qué tienes que decir de esta hora? La encuentro admirable.
LORD GORING.- ¡Si es que hoy no es el día que tengo destinado para conversaciones serias, papá! Lo siento mucho, pero no es mi día.
LORD CAVERSHAM.- ¿Qué quiere decir con eso, caballerete?
LORD GORING.- Durante la «season» no hablo en serio más que el primer martes de cada mes, de cuatro a siete.
LORD CAVERSHAM.- Bueno; pues suponte que estamos hoy a martes...
LORD GORING.- Pero ¡si son más de las siete, papá, y mi médico me ha prohibido toda conversación seria pasadas las siete!
Luego, eso me hace hablar en sueños.
LORD CAVERSHAM.- ¿Hablar en sueños? ¿Y qué importa eso? Tú no estás casado...
LORD GORING.- No, papá; no estoy casado.
LORD GORING.- Entra aquí, papá; tus estornudos parten el corazón.
LORD CAVERSHAM.- ¡Alto ahí, caballerete! Creo que tengo derecho a estornudar cuando se me antoje.
LORD GORING.- (Disculpándose.) Ni que decir tiene, papá. Me limitaba a expresarte mi simpatía.
LORD CAVERSHAM.- ¡Al diablo la simpatía! Hay ya demasiada en las cuestiones de hoy día.
LORD GORING.- Opino exactamente lo mismo que tú, papá. Si hubiese menos simpatía en el mundo, habría menos dificultades
LORD CAVERSHAM.- (Dirigiéndose hacia el salón de fumar.) Eso es una paradoja, caballerito. Detesto las paradojas.
LORD GORING.- Y yo también, papá. Todas las personas que se encuentra uno hoy día son paradojas. Es muy molesto. ¡Por eso la sociedad está tan adelantada!
LORD CAVERSHAM.- (Dando media vuelta y contemplando a su hijo, con las espesas cejas fruncidas.) ¿Comprendes siempre realmente lo que dices?
LORD GORING.- (Con una ligera vacilación.). Sí, papá, cuando escucho con atención.
LORD CAVERSHAM.- (Indignado.) ¡Cuando escuchas con atención!... ¡Criatura presuntuosa!.
LORD GORING.- (En tono de súplica.) Mi querido papá, si no tengo más remedio que casarme, me permitirás seguramente elegir la fecha, el sitio y la persona... Sobre todo, la persona.
LORD CAVERSHAM.- (Malhumorado.) Eso es cuenta mía, caballerete. Harías con toda seguridad una elección de lo más deplorable. A mí es a quien hay que consultar primero. A mí deben consultarme, y no a ti. El título está en juego. No es un asunto afectivo. El afecto llega más adelante, en la vida conyugal.
LORD GORING.- Sí; en la vida conyugal el cariño llega cuando los esposos han acabado por odiarse ferozmente. ¿Verdad papá? (Ayuda a su padre a ponerse el abrigo.)
LORD CAVERSHAM.- Claro, caballerito. Claro que no, he querido decir. Estás diciendo muchas tonterías esta noche. Lo que terepito es que el matrimonio es un asunto de sentido común. 
LORD GORING.- Pero ¿no es curioso, papá, que las mujeres con sentido común sean siempre feas? Como es natural, hablo sólo de oídas. 
LORD CAVERSHAM.- Las mujeres, feas o guapas, carecen de sentido común. El sentido común es un privilegio de los hombres.
LORD GORING.- Tienes razón. Y nosotros los hombres somos tan altruistas que no lo empleamos nunca; ¿verdad, papá? 
LORD CAVERSHAM.- Yo lo empleo, caballerete. No empleo otra cosa.
LORD GORING.- Eso dice mamá.
¿Ves? ¡Pues Me hace gracia y me cabrea!
- Vaya un humor de perros tienes hoy




Dicho sobre Hannah Arendt

"Era una mujer bella, atractiva, seductora, femenina. [...] Sobre todo
tenía unos ojos brillantes, que centelleaban como estrellas cuando estaba
feliz o apasionada, pero también eran como estanques oscuros, profundos
y alejados en su interioridad. Hannah tenía algo de impenetrable
que parecía reposar en la profundidad pensativa de sus ojos"

domingo, 19 de abril de 2015

La mirada de los otros

La definición spinoziana de la esencia del amor en la Ética demostrada según el orden geométrico queda formulada en los siguientes términos: «e l amor es una alegría acompañada por la idea de una causa
ex terior». Por su parte, el deseo podría definirse como «e l apetito acompañado de la conciencia del mismo». en la versión criticada por Spinoza el amado importa de una manera muy particular: importa en la medida en que es fuente de alegría, sin contemplar el conocimiento de él.
Con otras palabras, este amado es únicamente ocasión, oportunidad, mero soporte material para la idea preconcebida del amor que pueda tener el amante. La desesperada necesidad con la que se buscan, por más apasionada que parezca, es meramente instrumental: se necesitan el uno al otro para arder en el fuego de la pasión, pero ninguno de ellos necesita verdaderamente al otro tal como es, en su real y concreta especificidad. el amor es ana cuestión de supervivencia para el individuo. Lo que aparece como contento o júbilo se basa en realidad en una carencia fundamental inscrita en lo más íntimo del corazón humano: para no amar, había sostenido también el filósofo cuando era joven, haría falta no conocer, pero no amarr equivale a no ser. Bien pudiéramos decir, entonces, que el mundo provoca en el amante la alegría del nmor, pero no la crea.
Es imposible amar intensamente a una persona manteniendo al mismo tiempo la convicción de que su lugar podría ser ocupado por cualquier otra. Se diría que la lógica de funcionamiento interno del amor exige considerar al amado como único e irrepetible. El necesario conocimiento del mismo solo puede seguir, por tanto, la dirección de afirmar su especificidad. Pero el caso es que determinadas personas desencadenan en nosotros dicha emoción mientras que otras no lo hacen en absoluto, y no está claro que Spinoza disponga de una explicación para ello. L o cual acaso no debiera ser valorado como una deficiencia de su planteamiento, sino más bien como el reconocimiento por su parte del irreductible elemento de misterio que acompaña a toda relación amorosa.
La necesidad de que el objeto de amor sea independiente del amante (puesto que en caso contrario no habría genuino florecimiento del yo) constituye, en cierto sentido, el sensor de la emoción amorosa, que es vivida por este de manera tanto más intensa cuanto más siente depender de la persona amada, hasta el extremo de que ni la felicidad misma le resulta capaz de concebir sin ella. Pero la conciencia de tal dependencia, señala Spinoza, es fuente de odio porque es conciencia del poder que posee el amado para disminuir el bienestar del amante. No poder poseer por completo al objeto amado genera el dolor de la angustia y de la frustración (que nada casualmente termina virando en odio cuando se produce esa perdida definitiva que es la ruptura).

Manuel Cruz: Amo luego existo

jueves, 9 de abril de 2015

Mi carta de Lord Chandos

A lo mejor soy capaz de decir todo lo que no sé expresar, en esta pantalla blanca y vacía.
A lo mejor puedo explicar con perceptos y afectos, los conceptos que no consigo que florezcan como mariposas mustias en este bosque inhóspito, donde voy huyendo de la lluvia que me empapa con interrogaciones, y con la nostalgia de un cuento colorido donde sí aparezcan rosales  y relojes.
Pero, donde habito, a veces, todo es gris, y yo me esfuerzo por ver salir al sol, por encontrar el musgo y el líquen, pero no me dejas. Y puedo comunicarme con todos, menos contigo, que te me escurres como la ceniza de un incendio cuya última chispa contemplo apagarse, porque no quieres creer que también hay fuego en ti, para ti; y prefieres recordar el ardor que en otro tiempo te impulsó. Y no me voy a quedar a mirar la última fogata. Pero me gustaría tanto verte florecer, ser partícipe de la armonía preestablecida en la que dejaste de creer, que voy a quedarme cerca, arropada por mi propio verano, haciendo crecer mi propia raíz, esa que me ayudas a ir nutriendo, por si algún día decides que prefieres arder la vida, salir de la tumba, y soplarla conmigo.


"Mi caso es, en dos palabras, el siguiente: he perdido completamente la facultad de pensar o hablar con coherencia sobre cualquier cosa. Al principio, se me fue volviendo imposible discutir sobre un tema elevado o general y pronunciar aquellas palabras tan fáciles de usar que cualquier hombre puede servirse de ellas sin esfuerzo. Sentía un malestar inexplicable sólo con pronunciar 'espíritu', 'alma' o 'cuerpo'. Encontraba imposible dar un juicio en mi interior acerca de los asuntos de la corte, los sucesos del parlamento o lo que queráis, porque las palabras abstractas que usa la lengua de modo natural para sacar a la luz cualquier tipo de juicio se me deshacían en la boca como hongos podridos. Esta infección se fue expandiendo paso a paso como una herrumbre que devora todo lo que queda a su alcance. Todo se fraccionaba, y cada parte se dividía a su vez en más partes, y nada se dejaba sujetar ya por un concepto.  Por el contrario, se me presentaban con mayor fuerza cualquier criatura, un perro, una rata, un escarabajo, un manzano atrofiado, unas roderas serpenteando sobre la colina, una piedra cubierta de musgo"
 Hugo von Hofmannsthal.