viernes, 27 de junio de 2014

viernes, 13 de junio de 2014

Viaje al fin de la noche...

"Viajar es muy útil, hace trabajar la
imaginación. El resto no son sino decepciones y
fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A
eso debe su fuerza.
Va de la vida a la muerte. Hombres, animales,
ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una
novela, una simple historia ficticia. Lo dice Littré,
que nunca se equivoca.
Y, además, que todo el mundo puede hacer
igual. Basta con cerrar los ojos.
Está del otro lado de la vida".

 Y siempre repites la Piedad inacabada. Mientras, la Pietà perfecta espera, paciente y silenciosa. Y por eso le das la vuelta al espejo. Mirarlo te desborda, te marea. Pero debes estudiarlo, cuidarlo, cada día. Leerlo, como un libro. "Los libros son como un hogar. En los libros podemos refugiar nuestros sueños, para que no se mueran de frío". Y Despedirte del resto de espejos. Llorar si es necesario por ese que hubieses querido que se quedase contigo. Y puede que así, descubramos un único camino. El nuestro.

viernes, 16 de mayo de 2014

Pérdidas

Hubo una vez una isla donde habitaban todas las emociones y todos los sentimientos humanos que existen. Convivían, por supuesto, el Temor, la Sabiduría, el Amor, la Angustia, la Envidia, el Odio...Todos estaban allí.
Un día el Conocimiento convocó una reunión y dijo:
-Tengo una mala noticia que darles: la isla se hunde.
Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:
-¡No, cómo puede ser! ¡Si nosotros vivimos aquí desde siempre!
El Conocimiento repitió:
-La isla se hunde.
- ¡Pero cómo puede ser! ¡Quizá estás equivocado!
- El Conocimiento casi nunca se equivoca- dijo la Conciencia dándose cuenta de la verdad-. Si él dice que se hunde, debe ser porque se hunde.
- ¿Pero qué vamos a hacer ahora?- se preguntaron los demás.
Entonces, el Conocimiento contestó:
- Por supuesto, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo les sugiero que busquen la manera de dejar la isla...Construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse, porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella.
- ¿No podrías ayudarnos?- le preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad.
- No -dijo el Conocimiento-, la Previsión y yo hemos construido un avión y en cuanto termine de decirles esto volaremos hasta la isla más cercana.
Las emociones dijeron:
-¡No! ¡Pero no! ¿Qué será de nosotros?
Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia y, llevando de polizón al Miedo, que como no es zonzo ya se había escondido en el motor, dejaron la isla.
Todas las emociones, en efecto, se dedicaron a construir un bote, un barco, un velero... Todas... salvo el Amor.
Porque el Amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:
-Dejar la isla...después de todo los que viví aquí...¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo? Ahhh...compartimos tantas cosas...
Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar el medio para irse, el Amor se subió a cada árbol, olió cada rosa, se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacerlo en otros tiempos. Tocó cada piedra...y acarició cada rama...
Al llegar a la playa, exactamente desde donde el sol salía, su lugar favorito, quiso pensar con esa ingenuidad que tiene el amor:
Quizá la isla se hunda por un ratito...y después resurja...¿por qué no?
Pero la isla se hundía cada vez más...
Sin embargo, el Amor no podía pensar en construir, porque estaba tan dolorido que sólo era capaz de llorar y gemir por lo que perdería.
Se le ocurrió entonces que la isla era muy grande, y que aun cuando se hundiera un poco, siempre él podría refugiarse en la zona más alta... Cualquier cosa era mejor que tener que irse. Una pequeña renuncia nunca había sido un problema para él.
Así que, una vez más, tocó las piedritas de la orilla...y se arrastró por la arena...y otra vez se mojó los pies en la pequeña playa que otrora fue enorme...
Luego, sin darse cuenta demasiado de su renuncia, caminó hasta la parte norte de la isla, que si bien no era la que más le gustaba, era la más elevada...
Y la isla se hundía cada día un poco más...
Y el Amor se refugiaba cada día en un espacio más pequeño...
- Después de tantas cosas que pasamos juntos...- le reprochó a la isla.
Hasta que, finalmente, sólo quedó una minúscula porción de suelo firme; el resto había sido tapado completamente por el agua.
Justo en ese momento el Amor se dio cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad. Comprendió que, si no la dejaba, el amor desaparecería para siempre de la faz de la Tierra...
Caminando entre senderos anegados y saltando enormes charcos de agua, el Amor se dirigió a la bahía.
Ya no había posibilidades de construirse una salida como la de todos; había perdido demasiado tiempo en negar lo que perdía y en llorar lo que desaparecía poco a poco entre sus ojos.
Desde allí podría ver pasar a sus compañeros en las embarcaciones. Tenía la esperanza de explicar su situación y de que alguno de sus compañeros le comprendiera y le llevara.
Observando el mar, vio venir el barco de la Riqueza y le hizo señas. La Riqueza de acercó un poquito a la bahía.
-Riqueza, tú que tienes un barco tan grande, ¿no me llevarías hasta la isla vecina? Yo sufrí tanto la desaparición de esta isla que no pude fabricarme un bote...
Y la Riqueza le contestó:
- Estoy tan cargada de dinero, de joyas y de piedras preciosas, que no tengo lugar para ti, lo siento...- y siguió su camino sin mirar atrás.
El Amor siguió observando, y vio venir a la Vanidad en un barco hermoso, lleno de adornos, mármoles y florecitas de todos los colores. Llamaba muchísimo la atención.
El Amor se estiró un poco y gritó:
-¡Vanidad...Vanidad... llévame contigo!
La Vanidad miró al Amor y le dijo:
- Me encantaría llevarte, pero...¡tienes un aspecto!...¡estás tan desagradable... tan sucio y tan desaliñado!...Perdón, pero creo que afearías mi barco- y se fue.
Y así, el Amor pidió ayuda a cada una de las emociones. A la Constancia, a la Sensualidad, a los Celos, a la Indignación y hasta al Odio. Y cuando pensó que ya nadie más pasaría, vio acercarse un barco muy pequeño, el último, el de la Tristeza.
- Tristeza, hermana- le dijo-, tú que me conoces tanto, tú no me abandonarás aquí, eres tan sensible como yo...¿Me llevarás contigo?
Y la Tristeza le contestó:
- Yo te llevaría, te lo aseguro, pero estoy tan triste....que prefiero estar sola- y sin decir más se alejó.
Y el Amor, pobrecito, se dio cuenta de que por haberse quedado ligado a esas cosas que tanto amaba, él y la isla iban a hundirse en el mar hasta desaparecer.
Entonces se sentó en el último pedacito que quedaba de su isla a esperar el final...
De pronto, el Amor escuchó que alguien chistaba:
- Chst- chst-chst...
Era un desconocido viejito que le hacía señas desde un bote de remos.
El Amor se sorprendió:
-¿A mi?- preguntó, llevándose una mano al pecho.
- Si, si- dijo el viejito- a ti. Ven conmigo, súbete a mi bote y rema conmigo, yo te salvo.
El Amor le miró y quiso darle explicaciones:
- Lo que pasó fue que me quedé...
- Entiendo- dijo el viejito sin dejarle terminar la frase-, sube.
El Amor subió al bote y juntos empezaron a remar para alejarse de la isla.
No pasó mucho tiempo antes de ver cómo el último centímetro que quedaba a flote terminó de hundirse y la isla desaparecería para siempre.
- Nunca volverá a existir una isla como ésta- murmuró el Amor, quizá esperando que el viejito le contradijera y le diera alguna esperanza.
- ¿No? dijo el viejito-, como ésta, nunca.
Cuando llegaron a la isla vecina, el Amor comprendió que seguía vivo.
Se dio cuenta de que iba a seguir existiendo.
Giró sobre sus pies para agradecerle al viejito, pero éste, sin decir una palabra, se había marchado tan misteriosamente como había aparecido.
Entonces, el Amor, muy intrigado, fue en busca de la Sabiduría para preguntarle:
-¿Cómo puede ser? Yo no lo conozco y él me salvó...Nadie comprendía que me hubiera quedado sin embarcación, pero él me ayudó, él me salvó y yo no ni siquiera sé quién es...
La Sabiduría lo miró a los ojos un buen rato y dijo:
- Él es el tiempo. Y el Tiempo, Amor, es el único que puede ayudarte cuando el dolor de una pérdida te hace creer que es imposible seguir adelante.

lunes, 10 de junio de 2013

impulso y conciencia

'Los extremos ni son buenos ni se tocan tanto, pero eso sí, normalmente nos movemos de uno a otro porque lo realmente complicado es alcanzar el equilibrio. Cuando nos reconocemos en una actitud que queremos cambiar, o que creemos errónea, entonces pensamos en la contraria, en el pecado por exceso o por defecto. Pobre Siddartha, que se lo digan a él. Es lento el proceso, lento el camino en el que nos reconocemos y podemos no cambiar pero sí detectar esos roles, controlar los propios, detectar los ajenos, reaccionar a tiempo. Lo difícil para cambiar, claro está, estriba en el camino hecho, al que no podemos volver, porque desde ahí tenemos que reconocer lo que somos, lo que hemos hecho, y empezar en un punto y seguido, no se puede empezar de cero, en una hoja blanca y limpia. Pero en realidad, qué culpa tengo yo si sucede algo malo. Por qué esa manía de responsabilizarnos de todo, lo que hace que dejemos de actuar de forma natural, para pasar a hacerlo desde la culpa, siempre desde dos frentes, el impulso y la conciencia'.

sábado, 11 de mayo de 2013

Estrella Polar

Hay muchas cosas que merecen que yo dedique mi tiempo, mis días, mis palabras. Hay otras muchas que no merecen para nada que lo haga. Y es verdad que a veces no delimito bien el camino, que se interponen y se cruzan ambas, que confundo molinos con gigantes. O que yo quiero siempre, convertir molinos en gigantes, perseguir imposibles, descuidar mi huerto, colmar de regalos otros, cuando ni siquiera me lo han pedido. Mi buena estrella piensa que soy altruista, que regalo mi tiempo a los demás porque soy así de encantadora. Pobrecito mi querido bestia parda, cuánto debe de quererme. No sabe que me acerco a la ciénaga por voluntad propia, como un impulso que me llama desde dentro, porque desde pequeña siento que ése es mi lugar. Como si una parte de mí se resistiera desde lo más profundo a avanzar, a dejar atrás una condena que ya no existe, que ya no es tal, y debió haberse ido hace tanto que ni lo recuerdo, pero se me agarró por dentro como un parásito, y yo pensé, yo creí, que esa era mi identidad.
Echo de menos la claridad de cuando se tiene un espíruto transparente, joven, aún por llenar. Cuando puedes ver el mundo con más objetividad, antes de entrar en el mundo del viento donde te das cuenta de lo mal que hemos diseñado el mundo, lo difícil que nos hemos puesto una meta que debería ser tan básica y normal, como es la independencia, la utilidad, la autosuficiencia, la autorrealización. Mientras el pobre tercer mundo agoniza, nosotros estamos enfrascados en nuestros microproblemas. La situación del mundo es un reflejo de lo que somos nosotros. Dado que no sabemos cuidar de nosotros mismos, tampoco podemos ayudar, ni salvar, a los más débiles, los que están peor que nosotros. Y eso se traduce a cada situación social, de lo más básico a lo más complejo. Si partimos de esa base tal vez puedas entender por qué una se pierde en ese vendaval, por qué yo ya no sé cuál debe ser mi brújula. De pequeña sabía que quería ayudar, que quería que no hubiese hambre, que los animales no sufrieran, veía las cosas tan claras. Tenía tanta sensibilidad. Pero este mundo nos contamina, y tal vez tendríamos que hacer como Nietzsche e irnos a vivir a una montaña, solos, un tiempo, para recobrar toda esa lucidez que la mayoría hemos perdido. Somos incapaces de entendernos entre nosotros. No hay bases desde las que partamos todos, para mejorar, para avanzar.
Claro que hay cosas que nos apasionan, pero eso no es suficiente, no para mí. no como yo lo veo. Yo necesito sentir que hay algo, que hay un Sentido detrás. Que con mi vida contribuyo a que la tierra mejore, que sea más habitable. Y hemos construido un mundo en el que ser útil es el privilegio de unos pocos, donde tienes que pelear por las cosas más básicas.
Lo único que no se lleva el viento en mi vida, es el amor que proceso y que me procesan los demás. El sentido viene acompañado por la calidez de mis raíces. Raíces de las que no quiero depender, raíces a las que quiero ayudar. Mi corazón se colma y se ofrece con suma facilidad, y tengo un radar para las personas que tampoco saben cuidar, que se perdieron, pero ellos ni siquiera lo saben. Y tal vez yo deba tomarlo todo como viene, pensar que ese es mi papel, ayudar, porque de otro modo no (ha) lugar para ser siempre un imán. Estoy rodeada de luceros y lucecitas. Mi Ardid, mi abuela Remedios, se está haciendo cada día más pequeñita por fuera, pero me acompaña siempre por dentro, quiero aprender su idioma, aprender a tener su fuerza, dejarla salir de dentro de mí, porque sé que la llevo. Ella es mi raíz, y yo sólo tengo que escuchar con el corazón, con su querido corazón, que es fiel, servicial, el corazón de una leona que  cuida de sus crías. Fuerte, superviviente, poderosa, risueña, se ríe de sí misma. No sabe hasta qué punto la llevo conmigo. No sabe hasta qué punto siento no estar a la altura, perdida en este pantano, y viendola desde abajo, como una estrella polar.



Bucear en las Aguas

A veces es sólo cuestión de un momento, sólo cuestión de un segundo, pasar de la tormenta a la calma. Puedes habitar en el bosque inhóspito de aullidos y de repente, encontrarte en el jardín de las hadas. Y eres capaz de llegar sin apenas abrir los ojos, como si tus retinas se  supieran el camino y te llevasen de un salto, sin que tengas que pensar. Y vuelve la calma, el lago de Sanabria, las playas de Formentera. Quedan atrás las casas en ruinas rodeadas de grúas, donde aún puedes contemplar trozos de una vida que se fue, parte de una cocina, los juguetes rotos de los niños. Siempre te paras en mitad de la calle cuando ves una casa derruida, una vida rota. Las ruinas tienen su encanto, pero no podemos quedarnos en ellas, porque te consumen y acabas viendo el mundo del revés, y no se puede ordenar el caos desde las alturas de una grúa.
Mirar las ruinas no es una condena, ni tampoco una culpa. Es algo que se puede domesticar. Hasta se pueden mirar con cariño y nostalgia, porque es verdad que tienen un halo misteriosamente romántico, que nos engancha desde las entrañas cuando tenemos debilidad por la belleza cuando está triste.
La visión va cambiando ya, en el momento en que puedes pronunciar estas palabras, porque el lenguaje aleja, describe, objetiva. Y objetivando recobramos el acierto. Quien nombra, llama. Y es cuando debemos aprovechar la oportunidad que nos brinda nuestro propio entendimiento, el que a veces se cuela por un agujero y hace que podamos vernos a nosotros mismos como desde una isla, aislados, fuera de la influencia ajena, externa y necesaria, cuando nos quedamos a solas y encontramos la clave perdida que llevábamos buscando dentro, y fuera, de nosotros.
Cada uno sabe su trayectoria, cómo ha sido su vida, en qué punto se encuentra, si coincide el ideal que se tiene de uno mismo, con lo que en realidad se es. Si nos ayudamos, o somos nuestros peores jueces. Si no nos equivocamos, o si nos perdonamos cuando lo hacemos, si somos capaces de darnos una nueva oportunidad cada día, y el peso que tiene el pasado en nuestro presente. La prioridad que le damos a las cosas que sabemos en nuestro fuero interno que son lo más importante, o si dejamos que sean otras cosas las que invadan nuestro tiempo. Si estamos ardiendo a un clavo, o por el contrario nos amarramos a una solidez difícil, dura pero necesaria. La solidez de no dejarse arrastrar por la corriente, de conseguir mantener el equilibro aunque la corriente apriete, tener clara y aprendida de una forma artificial, esa forma de mirar, de sacar fuerzas fruto de una fe, de un amor que rodea cada paso, cada movimiento cuando te lo recuerdas cada día al despertar, después de la tormenta en la que no sabes lidiar con las olas, que siempre parece nueva y distinta, y te recreas en ella esperando que se calme, preguntándote por qué no lo hace, por qué los demás no son como esperas, por qué hay tantas cosas que no entiendes. Pero una vez que te adentras en ella, más allá de la superficie donde te quejas, empiezas a colarte bajo las olas, evitando que choquen contigo, junto a los arrecifes coralinos y las estrellas de mar.  Y recuerdas que tú puedes quedarte fuera de la tormenta, coger un paraguas, o bucear en las aguas.
Todos llevamos dentro la belleza y el horror, la fuerza y el miedo, los arrecifes y las ruinas. En cada uno cobran una forma, tienen un nombre. Lo que nos diferencia es nuestra manera de relacionarnos con cada una de esas partes, el control y el despliegue. Y sabemos lo que hemos aprendido, las ventajas que tenemos, y las que aún nos quedan por saber, para ir agudizando nuestra mirada, ir esculpiéndonos cada día, aunque cueste y sea arduo, y adelantar el camino hacia el paraíso artificial.

martes, 7 de mayo de 2013

Camina Conmigo

Si quieres, puedes caminar conmigo,  te invito a dar un paseo fugaz, de las nubes violetas hasta las estrellas, cuando se van. Desde el comienzo del día, justo antes del amanecer, cuando Beethoven huía de casa y se tumbaba boca arriba en el bosque, junto al arrullo del río, a mirar el manto estrellado en verano. Donde nació el himno de la alegría. Cerraba los ojos y aún podía escuchar el canto de la noche, de aquellas noches, cuando ya no podía oír a nadie.
Desde que llegamos hasta el momento en que nos paramos acontemplar el metatiempo, el metalenguaje, la geopoesía que te perdiste cuando tú tampoco escuchabas.
¿Que no te acuerdas? Claro que sí, sólo tienes que cerrar los ojos, como hacía él. Antes de que la tierra fuese tierra, y el agua fuese mar. Antes de que a nadie se le ocurriese llamar Precámbrico a la edad sin nombre, al principio, antes de los glaciares, las heladas y de las orogenias. Al principio de todo, ese que dicen que fue el verbo.