Otra madrugada, 3:47, y todos los miedos que me echaban de menos, esta noche han decidido venir a hacerme compañía. Y repartirse por mi cuerpo.
Algunos han invadido mi corazón, y éste, incómodo y molesto, late cada vez más fuerte. Otros me están dejando la boca seca, hecha un trapo. Y el resto, los más antiguos y familiares, han ido directos al estómago, que me habla, siempre, como un pájaro de mal agüero.
Y mi cerebro no entiende, se resiste, porque él mantiene la imagen de cuando era pequeñito, lúcido y sano. Le pregunta a mi cuerpo cómo ha podido pasar esto, cuándo se fue por su lado, cómo dejé de ser cuerda, y de tocar el suelo. Y eso, -se dice-, que siempre nos gustó volar. A él, y a mí.
Porque ahora mis entrañas viajan -sin boleto- a lugares que mi mente no ha elegido, a regiones que me torturan, donde sólo hay lugar para la ansiedad, el pánico, y el Corazón Delator. Donde ni siquiera nos queda el consuelo de la cercanía, de los sueños, donde antes podía sentirme cómoda, segura.
Y avanzo por laberintos de desconfianza, donde jamás había estado, y donde no quiero estar.
(Y no te quiero, y no me quiero estafar).
Cuando tus fantasmas se acercaron, no me importó recibirlos. Les preparé una taza de café, abrí mis brazos. Es cierto que al principio me asusté un poco, pues no acostumbro a familiarizarme con fantasmas ajenos, y menos, con tantas ganas. Pero esta vez era distinto. Todo era diferente. Por ser los tuyos. Despertaron en mí una curiosidad inusitada.De una manera que aún no alcanzo a entender, conseguí comunicarme con ellos, e incluso, a veces, convencerlos para que te dejasen tranquilo. Me explicaban todo el tiempo las dificultades, la lucha diaria, con fórmulas indescifrables, que yo, con una ligera caricia, desde la yema de los dedos, conseguía calmar, e incluso, a veces, disipar.
Ellos, no obstante, insistían en quedarse, y cuanto más se empeñaban, con más fuerza me sentía yo para hacerles frente, y defenderte.
Me quedé con ellos tanto tiempo, que decidí presentarles a los míos, en vez de salir corriendo. Quería acariciar cada milímetro, redimir con ese acto todos los tropiezos pasados, enfocando en esta meta todo el tiempo perdido, todo el sinsentido que nos había acompañado, todo el amor perdido en las aceras de mi pensamiento.
Y eso consiguió hacerme sentir viva, a mí y a mis fantasmas... Aunque, ellos, se llaman así por algo: Como siempre, dejé mi parte racional a un lado, prestando atención sólo a mis necesidades límbicas, y a las de tus fantasmas. Yendo directa a lo que duele. A la carne viva.
Y no sé si voy a poder lidiar con ellos. Con todos, y conmigo. No sé si lo que llevo dentro será suficiente para, si no vencerlos, al menos, conseguir que se hagan amigos.
No quiero que me destrocen. No quiero que los míos siembren la muerte y el gemido, y te destrocen a ti.
La parte viva de mi cerebro, la que aún perdura, está andando en direcciones inexploradas, pero quiere mantener el lado cuerdo, el del Cronopio pequeñito, y hacer de los fantasmas unas sábanas blancas con las que arroparnos, y comernos... el corazón delator, el estómago de mal agüero y la lengua de trapo. Para que la mente viaje, al fin, y nos deje tranquilos.
Fuentes: El corazón delator de Allan-Poe, Galeano, Ahora yo de Mario Alonso Puig, Historia de Cronopios y Famas, de Cortázar, y el cañón llamado Rosita Wicke, que siembra la muerte y el gemido.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Fueguitos
Lo primero, fue el silencio. Luego, los disparos, los empujones, las lágrimas, y los guantazos. Por último, el desconsuelo.
No sabía de dónde venían, ni cómo podía luchar contra ellos, o evitarlos.
Era como si perteneciese a una especie desconocida, que, por algún milagro, había logrado sobrevivir. Y como tal, las demás especies, fuertes y enraizadas, aprovechaban la coyuntura para demostrar su superioridad, intentando acabar con él. Pero, por alguna razón que sólo la mente humana podría explicar, o al menos entender, había algunas especies que no sólo lo toleraban, sino que, y sin motivo justificable, lo cuidaban. Y cuando aquél fueguito preguntaba ¿Por qué? esas especies raras le decían: "Tú no te puedes ver. Ellos sí. Por eso intentan destruirte. Ven lo peor de ellos, reflejado en tus ojos. No lo pueden soportar. Y yo te veo a ti, escondido bajo millones de capas, de llamas, y todas las máscaras."
Luego, empezaron los abrazos.
Fuentes: Galeano, Ibiza, el miedo, y mi lugar en el mundo.
No sabía de dónde venían, ni cómo podía luchar contra ellos, o evitarlos.
Era como si perteneciese a una especie desconocida, que, por algún milagro, había logrado sobrevivir. Y como tal, las demás especies, fuertes y enraizadas, aprovechaban la coyuntura para demostrar su superioridad, intentando acabar con él. Pero, por alguna razón que sólo la mente humana podría explicar, o al menos entender, había algunas especies que no sólo lo toleraban, sino que, y sin motivo justificable, lo cuidaban. Y cuando aquél fueguito preguntaba ¿Por qué? esas especies raras le decían: "Tú no te puedes ver. Ellos sí. Por eso intentan destruirte. Ven lo peor de ellos, reflejado en tus ojos. No lo pueden soportar. Y yo te veo a ti, escondido bajo millones de capas, de llamas, y todas las máscaras."
Luego, empezaron los abrazos.
Fuentes: Galeano, Ibiza, el miedo, y mi lugar en el mundo.
lunes, 7 de mayo de 2012
Árbol de Hoja Caduca
Esta noche tus
manos se contonean alrededor de mis entrañas, las acarician, y a veces las
desgarran.
Quisiera que
fuera dulce, delicado, que adivinase cada movimiento que quisiera compartir, al
son que pugna por ser liberado, digno.
Pero sólo
siento que las mariposas se marean, chocan entre ellas, y quieren convertirse en capullo pronto. Antes de volver a sentirse gusano, mortal, moribundo insecto. Y
todo vuelva a empezar.
Eres como un
enigma, como un código, y a la vez, cercano. La hoja de morera, el árbol al que
me hubiera subido, donde me habría balanceado, tranquila, segura…
Pero ahora me
dueles, y sólo quiero esperar, sabiendo que el otoño
llegará, y que tú eres un árbol de hoja caduca.
lunes, 26 de diciembre de 2011
Pensar, Vivir, Soñar, Comprender, Compartir...
Pero ya no importa
que las balas me alcancen
ni que yo te lance claveles
que tú nunca vas a oler
y papeles
en los que nunca voy a escribir,
mientras me toquen
los dedos del viento.
Ahora me dedico a escucharle
-a través de tus ojos, tal vez-.
Pero morir llena, no vacía
Y yo voy sumando cadáveres
en esta dramática comedia
que alguna vez espero convertir
en arte y poesía.
Esto no es una elegía,
ni es un romance, ni un verso
Más bien una acción de gracias
Por darle a mis ansias
razón para un beso
Una modesta corona encontrada en la aurora.
Tú me recuerdas el mundo de un adolescente
Un seminiño asustado, mirando a la gente
Un ángel interrogado, un sueño acostado
La maldición, la blasfemia de un continente,
y un poco de muerte…
Y un poco de muerte.
La ley del Deseo
Ya lo dijo Kundera: Sólo tenemos una vida, ojalá pudiéramos vivir dos veces, o ver, desde una mirilla, qué habría pasado si, en vez de una decisión, hubiésemos optado por otra... El origen de la Tragedia.
...Que la primera vez marca el destino de las personas. O que es señal de lo que son. De lo que quieren. De lo que esperan. De sus desengaños e ingenuidades.
Pensar tanto no debe ser bueno. Pero no conozco otra forma de relacionarme con el mundo. Con la vida. La balsa de la medusa.
Premisas equivocadas.
Pruebas de casos.
Reducciones al absurdo.
Derivadas perdidas.
Secuentes inconclusos.
Lógica truncada, menor y desafinada...
Eros&Tánatos
A veces me gusta que Eros y Tánatos converjan. Que no todo sea luz y buenas palabras (…o apariencias).
No quiero lo que estoy esperando oír. Me gusta ver lo que sale de las entrañas de una persona, porque me parece lo más auténtico. Lo genuino, inefable y crudo.
Pero por eso, también, las mariposas ya no me llaman. Ya no bailan para ti. Ni te hablo de lo que me gusta de la luna, del caos, de los sutiles olores, ni de todo lo que nos queda por hacer.
A ti me une lo que nadie ve. Lo que nadie conoce de nosotros, porque es nuestro.
Pero ahora el encanto no existe. Ni tan siquiera duerme. Queda el Desencanto, y el deseo de la sangre. La vista nublada. Risas compartidas, y engaños fingidos, cómplices. Lo Vulgar.
Cambié el Verso, lo Sublime, por la Prosa vil de la vida (sucia eficacia...).
Porque aposté por el Abismo, ya no tengo Vértigo.
Libre de mostrarme, de la forma en que antes ansiaba.
Y ahora, desde el vacío, te miro. Y ya no duele.
Juntos, esperamos a Godot, entre suspiros.
Y no quiero saber nada de lo que te pasa. De lo que sufres. De lo que recuerdas. De tu vida antes de conocerme. Porque he aprendido las reglas del juego, y este es mi Último Tango en París.
Me has convertido en una autómata. En un Malentendido de Camus. Que no miente. Que no sufre. Pero, sobre todo, que no siente.
Ahora que te has ido, que volé (y volaste) lejos de mi nido, y sabes que no lo necesito, que aprendí a cuidarme mucho, ahora que conoces, que sabes de mi fuerza, no me sueltas.
Pero el autómata no olvida. Ni el existencialismo es un humanismo, ni París era una fiesta. Ni más ni menos de lo que ves (ni tan arrepentida, ni encantada…) y pongo mi alma al revés.
Pero mi esencia es la misma. Ávida de conocimiento y experiencia (sólo así, decía Cicerón, puede ser sabio el filósofo) Contemplando. Escuchando.
Pero desde las gradas, ese es tu legado. Y jugar a jugar. Y mirar sin ver. (Felices los que son felices...)
Porque esta vez, tu tiempo, tu tiempo, es el que se agota para hacer(m)e sentir.
Mientras yo lleno de tardes mi tranquilidad
para adornar mis pensamientos.
Y estoicamente sé
que puedo vivir así.
Sin Ulises en Ítaca
y sin alquimistas.
Sin altruismos enmascarados
ni regalos envenenados...
Fuentes: Freud, Federico García Lorca, El último de la fila, Kierkegaard, Esperando a Godot, Ernest Hemingwa; Sartre, Uva de la vieja parra de el último de la fila
No quiero lo que estoy esperando oír. Me gusta ver lo que sale de las entrañas de una persona, porque me parece lo más auténtico. Lo genuino, inefable y crudo.
Pero por eso, también, las mariposas ya no me llaman. Ya no bailan para ti. Ni te hablo de lo que me gusta de la luna, del caos, de los sutiles olores, ni de todo lo que nos queda por hacer.
A ti me une lo que nadie ve. Lo que nadie conoce de nosotros, porque es nuestro.
Pero ahora el encanto no existe. Ni tan siquiera duerme. Queda el Desencanto, y el deseo de la sangre. La vista nublada. Risas compartidas, y engaños fingidos, cómplices. Lo Vulgar.
Cambié el Verso, lo Sublime, por la Prosa vil de la vida (sucia eficacia...).
Porque aposté por el Abismo, ya no tengo Vértigo.
Libre de mostrarme, de la forma en que antes ansiaba.
Y ahora, desde el vacío, te miro. Y ya no duele.
Juntos, esperamos a Godot, entre suspiros.
Y no quiero saber nada de lo que te pasa. De lo que sufres. De lo que recuerdas. De tu vida antes de conocerme. Porque he aprendido las reglas del juego, y este es mi Último Tango en París.
Me has convertido en una autómata. En un Malentendido de Camus. Que no miente. Que no sufre. Pero, sobre todo, que no siente.
Ahora que te has ido, que volé (y volaste) lejos de mi nido, y sabes que no lo necesito, que aprendí a cuidarme mucho, ahora que conoces, que sabes de mi fuerza, no me sueltas.
Pero el autómata no olvida. Ni el existencialismo es un humanismo, ni París era una fiesta. Ni más ni menos de lo que ves (ni tan arrepentida, ni encantada…) y pongo mi alma al revés.
Pero mi esencia es la misma. Ávida de conocimiento y experiencia (sólo así, decía Cicerón, puede ser sabio el filósofo) Contemplando. Escuchando.
Pero desde las gradas, ese es tu legado. Y jugar a jugar. Y mirar sin ver. (Felices los que son felices...)
Porque esta vez, tu tiempo, tu tiempo, es el que se agota para hacer(m)e sentir.
Mientras yo lleno de tardes mi tranquilidad
para adornar mis pensamientos.
Y estoicamente sé
que puedo vivir así.
Sin Ulises en Ítaca
y sin alquimistas.
Sin altruismos enmascarados
ni regalos envenenados...
Fuentes: Freud, Federico García Lorca, El último de la fila, Kierkegaard, Esperando a Godot, Ernest Hemingwa; Sartre, Uva de la vieja parra de el último de la fila
Anacrónica Madame Bovary
Dicen que todo sucede por alguna razón… El problema es saber cuál.
Mientras tanto, yo sigo sorprendiéndome a mí misma, abriendo nuevos horizontes… o eso me gustaría creer. Haciendo cosas impensables hace un tiempo. Abriéndome paso entre la maleza, que antes, simplemente, habría ignorado, porque me asustaba.
Por intentar conocerme, casi caigo al abismo, en un equilibrio inestable donde apenas me reconozco, donde me encuentro extraña (y ya decía Freud: que no somos dueños ni de nuestra propia casa…) pero en el que siento que debo estar, que es necesario para mí.
La curiosidad me puede, en todo lo que me queda por vivir.
No dejo de apostar, de abrir puertas que ni tan siquiera sabía que existían.
Otras veces, en cambio, siento que me protejo demasiado, en un caparazón pre-púber, para no hacerme daño. Pero intento, procuro, no hacerlo. Porque quiero que todo esto sirva de algo. Y no despertar una mañana sintiendo que realmente voy andando a tientas, en sinsentidos y malentendios de Camus, en oscuros túneles inventados por Ernesto Sábato, pintados por Juan Pablo Castel, y pensados por María Iribarne.
Sigo anclada en ideales anacrónicos, en pensamientos que no me conducen a ninguna parte, pero que son el único recordatorio de lo que un día fui. Pero sé que el hipnotismo es igual a desasosiego, y la esperanza igual a desengaño. (Y un año, igual a trescientos sesenta y cinco días de desengaños...)
Sólo queda, como diría Woody Allen en Desmontando a Harry, -en un lenguaje existencialista postmoderno-,
"Nihilismo
Cinismo
Sarcasmo
Y Orgasmo".
Porque la Emma Bovary de hoy, no se suicidaría con un triste matarratas.
Fuentes: Kierkegaard, Freud, El Túnel de Ernesto Sábato, Madame Bovary de Gustave Flaubert, Desmontando a Harry, y una época de búsqueda y camino a la perdición.
Mientras tanto, yo sigo sorprendiéndome a mí misma, abriendo nuevos horizontes… o eso me gustaría creer. Haciendo cosas impensables hace un tiempo. Abriéndome paso entre la maleza, que antes, simplemente, habría ignorado, porque me asustaba.
Por intentar conocerme, casi caigo al abismo, en un equilibrio inestable donde apenas me reconozco, donde me encuentro extraña (y ya decía Freud: que no somos dueños ni de nuestra propia casa…) pero en el que siento que debo estar, que es necesario para mí.
La curiosidad me puede, en todo lo que me queda por vivir.
No dejo de apostar, de abrir puertas que ni tan siquiera sabía que existían.
Otras veces, en cambio, siento que me protejo demasiado, en un caparazón pre-púber, para no hacerme daño. Pero intento, procuro, no hacerlo. Porque quiero que todo esto sirva de algo. Y no despertar una mañana sintiendo que realmente voy andando a tientas, en sinsentidos y malentendios de Camus, en oscuros túneles inventados por Ernesto Sábato, pintados por Juan Pablo Castel, y pensados por María Iribarne.
Sigo anclada en ideales anacrónicos, en pensamientos que no me conducen a ninguna parte, pero que son el único recordatorio de lo que un día fui. Pero sé que el hipnotismo es igual a desasosiego, y la esperanza igual a desengaño. (Y un año, igual a trescientos sesenta y cinco días de desengaños...)
Sólo queda, como diría Woody Allen en Desmontando a Harry, -en un lenguaje existencialista postmoderno-,
"Nihilismo
Cinismo
Sarcasmo
Y Orgasmo".
Porque la Emma Bovary de hoy, no se suicidaría con un triste matarratas.
Fuentes: Kierkegaard, Freud, El Túnel de Ernesto Sábato, Madame Bovary de Gustave Flaubert, Desmontando a Harry, y una época de búsqueda y camino a la perdición.
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