miércoles, 1 de mayo de 2013

Y que Schopenhauer diga lo que quiera

No se nace para estar quieto, ni para estar aburrido. No se nace para soñar delante de unos apuntes, o mientras pones copas en un bar. No hemos nacido para pedir paella para uno en Formentera, (dime que es domingo...), ni para ir a la ciudad de Sylvia. Yo no he nacido para mirar desde fuera, para saludar con educación, para callarme lo que me parece el mundo y lo que puedo conocer de él. Ni para ignorar el abismo que sé que existe aunque yo intente concentrarme entre climas cálidos y revoluciones industriales. Porque entonces me viene el océano profundo y oscuro, el ancho mar que encuentro desde la orilla, desde un avión, un barco, y desde tus ojos. Se nace para temblar, para tambalearse, como los arrecifes que se mueven al compás del agua, como el trance que lleva a cerrar los ojos en un segundo en el que nadie se da cuenta de la combustión que un día, de repente, explota. No hemos nacido para no querer gritar cuando nadie nos oye, para no explorar los propios límites. Para dejar de jugar, ni de llorar de risa hasta que el estómago duele. Para no correr tirando de una cinta de tela en el desierto hasta acabar mareado y exhausto. No se puede ser Eva cuando se ha nacido Lilith. Y que Schopenhauer diga lo que quiera.

martes, 30 de abril de 2013

Faro, cuánto llevo de ventajas

Si me imagino mi vida de aquí a un tiempo, cuando puede que algunas de las necesidades básicas estén cubiertas y sólo quede esperar unas vacaciones o una tarde libre para encontrar el paraíso, es posible que me siente en mi sillón favorito, puede que haga frío y llueva, como hoy. Tal vez recordaré a la Elia que hoy llega a casa calada y gris. Y puede que entonces tampoco haya conseguido entenderlo todo, atraparlo todo. Puede que entonces aún siga emocionándome con las mismas películas, llorando con las mismas escenas, recitando de memoria las mismas partes de los mismos libros, poniendo los mismos ejemplos, escuchando las mismas canciones, acordandome de las mismas melodías cuando miro los arrecifes coralinos bajo el agua. Puede que haya añadido muchos nuevos al repertorio. Y puede que entonces todo lo que ahora no entiendo haya cobrado sentido y piense que formaba parte de una etapa cerrada y necesaria. Quién sabe. Puede que hasta tenga un gato y me ría. Pero lo que quiero decirme, lo que quiero decirte, es otra cosa. Y no sé si voy a encontrar las palabras, porque cuando me pongo a pensarlo, se me agarra por dentro, se me forma un nudo, las letras se me amontonan, y veo borrosa la pantalla. El tiempo pasa, irrevocablemente, sin remedio. Ya me veo arruguitas rodeando mis ojos, y aún no me creo que a pesar de eso esté donde estoy.  Que en mi interior el tiempo sea el del universo, pero mi cuerpo forme parte del tiempo de la tierra. Pero a pesar de eso, de las prisas, y de los años, hay cosas que me niego a olvidar. No voy a olvidar que tengo una familia fuera de mi hogar, formada por personas que no tendrían por qué, pero siempre están. De quienes unas simples palabras tienen el mismo efecto que una chimenea en un día de invierno. Que son como un forro polar. Y mi cuento lleno de ventajas.

viernes, 26 de abril de 2013

Tierra donde se hunden mis raíces

Yo he salido de la tierra. Mis semillas están coladas, a oscuras y frescas, bajo una tierra fértil y llana, regada por el llanto del desconsuelo, de las vidas pasadas y pasajeras,  los Nadies son los que poblaron mis antiguas generaciones. De donde yo vengo no hay esperanza. Las ilusiones son vanas, el destino incierto. A mi alrededor encontré ojos insatisfechos, almas en pena. Más de la mitad de la raíz de la que provengo habita en esa tierra. La que más conozco. La otra mitad, es la que lucha desde dentro, la que me lleva al lugar que primero tuve que inventar en mi imaginación, a través de canciones y cuentos grabados en cintas que yo escuchaba a oscuras, de niña, en la cama. Así fue como descubrí que había algo más esperándome, palpitando desde mis entrañas. Me ha costado mucho desentrañar esa morada. Las raíces me empujan desde abajo, mis brazos y pies están sujetos, las raíces se han convertido en cuerdas que no me sueltan. Pero desde hace un tiempo, he aprendido el lenguaje del bosque, la piedad de los árboles. En cada pálpito, en cada ilusión, en cada libro, en cada pasión que deposito en esa semilla, está el lenguaje de esa tierra mojada que se va abriendo paso, se va apartando, y yo voy saliendo poco a poco, en un llanto feliz. En esa obra de teatro, observando esa otra mitad de mi semilla, hecha del entusiasmo por la vida, por el valor, el amor, el humor, y la sabiduría. Un brazo adelanta, el otro, sujeto, se antepone. No es fácil desatarse, no es fácil soltarse y arrancar una parte que es tuya, que te pertenece, aunque sea la que te impide convertirte en lo que tú serías, si no tuvieras memoria. Si no tuvieras miedo.





martes, 23 de abril de 2013

París era una fiesta



"Judit y Salomé son dos variedades que hallamos en el tipo de mujer más sorprendente, por ser el más contradictorio: la mujer de presa.
La planta de Salomé nace sólo en las cimas de la sociedad. Su educación, en un ambiente de prepotencia, ha borrado en su espíritu la línea dinámica que separa lo real de lo imaginario. Como para ella desear es lograr, han quedado atrofiadas en su alma todas aquellas operaciones que los demás solemos ejercitar para conseguir la realización de nuestros apetitos.
Las energías, de esta suerte vacantes, vinieron a verterse sobre la turbina del Deseo, convirtiendo a Salomé en una prodigiosa fábrica de anhelos, de imaginaciones, de fantasías. En la mujer esto es sobremanera insólito, pues suele encontrar lo deseable entre las cosas reales.
Salomé entrega su persona a un fantasma, a un ensueño de su propia elaboración. De esta suerte, su feminidad se escapa por una dimensión imaginaria. El caso se repite invariable: toda Salomé arrastra en medio de la opulencia una vida malhumorada, displicente, y macerada por la acritud. Echa de menos el soporte material sobre el que pueda descargar su creación fantasmagórica.
Un día de entre los días, por fin, cree Salomé haber hallado en tierra la incorporación de su fantasma. Sólo se parece a su ideal en que es distinto de los demás hombres. Las Salomés buscan siempre un varón tan distinto de los demás varones, que casi pertenece a un nuevo sexo desconocido.
Juan Bautista es un hombre de ideas, un homo religiosus. La tragedia se dispara, inevitablemente, como una reacción química de índole explosiva. Salomé ama a su fantasma, a él se ha entregado, no a Juan Bautista. Es éste meramente un instrumento para dar a aquél corporeidad.
La mujer normal, no se olvide, es lo contrario de la fiera, la cual se lanza sobre la presa. Ella es la presa que se lanza sobre la fiera. Ved por qué, como otras llevan un lirio entre las manos, ella lleva una cabeza segada entre sus largos dedos marmóreos. Rítmico el paso, ondulante el torso, corvino el rostro hebreo, avanza por la leyenda y se inclina su alma con un rapaz encorvamiento  de azor o de neblí. Este es el trágico flirt entre Salomé Princesa, y Juan Bautista intelectual". (José Ortega y Gasset, esquema de Salomé en El espectador).





domingo, 21 de abril de 2013

Mellon Collie


Y entonces será que algo hay esperando, guardado, para mí. Y cada oportunidad que pintan calva, que no puedo coger de los pelos, que se va lejos, tal vez un día volverá en forma de espiga, perejil,  salvia, romero y tomillo. Un Scarborough fair, para mí.

"Está todo tan sucio... Está tan sucio todo"

viernes, 19 de abril de 2013

Fiesta en la cocina

Un día creí que había perdido mi alma. Y lo que sucede es que, muchas veces, me desborda. Es como si tuviese vida propia. Me desobedece, se sale, se pierde. Y, cuando me reconoce, vuelve. Con la frente marchita, y una disculpa. Me cuesta cogerla de la mano, es de aire, y se me escurre entre los dedos. Y paso tanto frío en su ausencia, la he buscado tanto fuera. Pero de repente se acerca, sigilosa, sin que la vea. Acaricia mis manos, y me abraza por la espalda. Me susurra al oído que nunca quiso abandonarme,  que nunca quiso herirme. Que fue mi mano quien la desterró un día de su reinado, hace tanto que ni lo recuerda, y que ella aprendió a vagar. Me hace llorar, la echaba tanto de menos, porque fue así como yo comencé a sentir esta angustia, esta búsqueda incansable, esta sensación de pérdida. El mirar sin ver, el no reconocerla cuando ella quería quedarse conmigo. Pero cuando vuelve, hay fiesta en la cocina. Y hace que todo vuelva a brillar. Me río cuando voy por la calle, me hace reír y llorar, la gente se me queda mirando, seco las lágrimas, y me río más. Hay que tener el espíritu muy templado para afrontar semejante fuerza. Si por ella fuera, siempre estaría jugando. Me está enseñando a jugar...

Tendida en el suelo, me miro en tus ojos. 
Bruja volandera, tú me sobrevuelas. 

Estás aquí, Ana... no tienes miedo. 
Estamos todas, todas contigo. 
(Final de Caótica Ana)

Mi llave


 "Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí. Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo" (Así hablaba Zaratustra)