Y hete aquí, el día que suena la triste canción de violín. No es mala idea darse de bruces, que sea el propio destino el que te marque el camino. Teniendo las manos llenas.
jueves, 18 de abril de 2013
Remember a Day
Y hete aquí, el día que suena la triste canción de violín. No es mala idea darse de bruces, que sea el propio destino el que te marque el camino. Teniendo las manos llenas.
miércoles, 17 de abril de 2013
La Piedad inacabada
El espejo no siempre devuelve el reflejo que nos gustaría. Eso ocurre cuando durante la mayor parte del tiempo le damos la vuelta para que refleje el exterior, al mundo... a ti. Cuando, pasado un tiempo, volvemos a mirarnos, puede que la imagen sea confusa. Que te descubras en medio de mil caminos, y observes una trayectoria imprecisa de ensayos y errores. Los que miraste, los que hubieses querido transitar. Los caprichosos caminos, volubles, inciertos, dolorosos, pero bellos... Tus favoritos. Los que tú misma te marcaste desde un principio, en cambio, están limpios de huellas, no te ilusionan. Son plomizos, largos, fríos, grises, pero son los que todo el mundo te recomienda, porque tienen recompensa. Y de ahí viene tu lucha interna, el espejo que no entiende lo que muestra, y para ti es un enigma. El abismo cada día es más grande, te da más vértigo. El tiempo pasa y tú tienes que decidirte. Tienes que convencerte desde dentro de que las baldosas irán apareciendo, tienes que confiar en que te estás construyendo, en que vas a llegar al centro. Pero la verdad es que aún no eres Miguel Ángel, no ves una escultura en el mármol. Ves muchas, pero a veces el mármol es demasiado duro. O tu técnica imperfecta. Y siempre repites la Piedad inacabada. Mientras, la Pietà perfecta espera, paciente y silenciosa. Y por eso le das la vuelta al espejo. Mirarlo te desborda, te marea. Pero debes estudiarlo, cuidarlo, cada día. Leerlo, como un libro. "Los libros son como un hogar. En los libros podemos refugiar nuestros sueños, para que no se mueran de frío". Y Despedirte del resto de espejos. Llorar si es necesario por ese que hubieses querido que se quedase contigo. Y puede que así, descubramos un único camino. El nuestro.
martes, 16 de abril de 2013
Maldito Occam
Y es que, normalmente, las cosas son lo que parecen. Y las
explicaciones, cuanto más simples, mejores y más veraces. Cuando una
pasa mucho tiempo buscando una verdad, en los mas recónditos rincones,
en las orillas de los ríos y en las aceras, a veces olvida la
explicación más sencilla, y así, lo más importante. Porque en las pistas
se halla todo lo que necesitas saber. Tu intuición es el mejor arma que
posees. Pero a veces es tan dura, nos muestra verdades tan lejanas a lo
que nos gustaría que fuera... que nos volvemos metafísicos de
conveniencia. Si al final no hay zanahoria, dejamos de confiar en la
navaja propia, y seguimos a ciegas la navaja ajena, llenándonos de
premisas que tienen sentido cuando caminan solas, pero ninguno si no
transitan, no si laten muy dentro de una. Porque nadie mejor que tú lo
sabe. Y por más que quisiera que fueran reales estos Sueños de una visionaria,
que fuese verdad que la vida a veces sólo nos muestra una parte, pero
que queda latente y escondida otra, (la que yo quisiera) al final, la
ilusión por lo que no vemos, por lo que no Es, puede ser agonizante. La
caída insuperable. Y nada vale tanto como esta vida que habita delante
nuestra, como esta rosa con su olor a cuestas, que a veces no confía en
su propio aroma, y en que puede llegar donde desea. Pero llega sin ser
llamada. Sin tener que desplazarse.
lunes, 15 de abril de 2013
El Canto de la Noche
"Mis días, que huelen a frescas montañas, me acompañan de ríos tranquilos en los que me baño.... Yo, toda yo, rodeada de latidos que me acechan"
“Es de noche: a esta hora hablan más fuerte todos los manantiales. Y también mi alma es un manantial. Es de noche: sólo ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante.
Luz soy: ¡Ay, si fuera noche! Mas ésa es mi soledad, estar circundado de luz. ¡Ay, si yo fuese noche y oscuridad! ¡Aun a vosotras os bendecería, pequeñas estrellas centelleantes, luciérnagas del cielo! Vuestros regalos de luz me darían la dicha. Pero yo vivo en mi propia luz, yo reabsorbo en mí las llamas que de mí brotan.
¡Oh, soledad de los generosos! ¡Oh, silencio de los que brillan!Muchos soles giran en los espacios vacíos. A todo lo que es oscuro le hablan con su luz, -para mí callan.
Es de noche: a esta hora brota de mí mi deseo, cual una fuente. – Hablar es lo que deseo. Es de noche: a esta hora hablan más fuerte todos los manantiales. Y también mi alma es una fuente saltarina. Es de noche: a esta hora despiertan las canciones de los amantes, y también mi alma es la canción de un amante.”
Así habló Zarathustra
Friedrich Nietzsche
sábado, 13 de abril de 2013
El día que Woody Allen vino a visitarme
Querido monstruo... de las cavernas:
Hoy no sé qué puedo contarte, qué querrías que te contase. Los días felices te dejan un sabor amargo cuando se pasan. Como cuando reúnes en un viejo baúl miles de tesoros antiguos, y los miras, y sonríes. Son cosas que incluso puede que hayas guardado ayer, o hace muy poco tiempo. Pero las miras con nostalgia, desde el mismo instante. Y sólo esperas no volver a olvidar la lección. No olvidar los momentos en que realmente te has sentido viva y feliz. No olvidar que es ahí donde debes quedarte, donde debes buscarte, explorarte, y seguir. Seguir siempre por ahí, no volver a perderte. Y claro que las viejas pautas siempre pugnan por salir, viejos hábitos que te comen las entrañas para causarte angustia, viejas voces que te dicen que ése no es tu sitio, y qué haces ahí... Pero no dejas que eso te atraviese, y pasa sin rozarte. Y sientes tanta magia al encontrarte en un camerino, mirándote en el espejo, repasando a Anna en tu cabeza, esa joven judía que eres tú durante veinte minutos. Y verte tan ausente. Y ni siquiera eres consciente. Y me siento tan arropada por mí mientras te miro, como si Woody Allen estuviera ahí conmigo, me entendiera perfectamente, y me dijera: ¡Pero ríete!. Como si pudiera hacer un guión con mi vida. Al precio de que nunca pase lo que me gustaría. Haces comedia en tu mente, a causa de la tragedia que sientes. Porque lo que no consigues hacer real, lo conviertes en literatura. De algo tiene que servirme esta nostalgia de tus ojos ausentes, de tus sentimientos en otra parte.
- Claro Woody, es que tú eres un genio. Ya lo has conseguido. Has hecho de tu enfermedad mental un arte. Pero yo luego tendré que enfrentarme a que desaparezca. Al escenario vacío, al silencio, a su ausencia. A la de todos. Y a eso que no quiero, que no me apetece, pero tengo que hacerlo. Y esa voz martillea mi cerebro. TENGO QUE HACERLO.
- Pero Elia, ¿y qué? haz lo mismo que yo, ¿a qué esperas? te lo dice un judío, que de esto entiendo. No se nace con estrella, ni estrellado. Construye tu propia estrella. Ya lo estás haciendo. Mira cómo brilla. ¿Y los regalos? ¿Qué me dices de los regalos? tu familia en primera fila, tus antiguos alumnos, que no tienen por qué, pero están ahí, tu nueva amiga, que de repente es tan importante, el narrador de Nuestro Pueblo, el arcángel Gabriel sin pronunciarse. Y aquí yo, hablando contigo en esa cabeza loca que tienes. ¿Y te quejas?
Y agacho la cabeza. Porque el cabrón siempre tiene razón, hasta en mi cabeza.
Querido bestia parda, ya te advertí que hoy tenía poco que contar...
Hoy no sé qué puedo contarte, qué querrías que te contase. Los días felices te dejan un sabor amargo cuando se pasan. Como cuando reúnes en un viejo baúl miles de tesoros antiguos, y los miras, y sonríes. Son cosas que incluso puede que hayas guardado ayer, o hace muy poco tiempo. Pero las miras con nostalgia, desde el mismo instante. Y sólo esperas no volver a olvidar la lección. No olvidar los momentos en que realmente te has sentido viva y feliz. No olvidar que es ahí donde debes quedarte, donde debes buscarte, explorarte, y seguir. Seguir siempre por ahí, no volver a perderte. Y claro que las viejas pautas siempre pugnan por salir, viejos hábitos que te comen las entrañas para causarte angustia, viejas voces que te dicen que ése no es tu sitio, y qué haces ahí... Pero no dejas que eso te atraviese, y pasa sin rozarte. Y sientes tanta magia al encontrarte en un camerino, mirándote en el espejo, repasando a Anna en tu cabeza, esa joven judía que eres tú durante veinte minutos. Y verte tan ausente. Y ni siquiera eres consciente. Y me siento tan arropada por mí mientras te miro, como si Woody Allen estuviera ahí conmigo, me entendiera perfectamente, y me dijera: ¡Pero ríete!. Como si pudiera hacer un guión con mi vida. Al precio de que nunca pase lo que me gustaría. Haces comedia en tu mente, a causa de la tragedia que sientes. Porque lo que no consigues hacer real, lo conviertes en literatura. De algo tiene que servirme esta nostalgia de tus ojos ausentes, de tus sentimientos en otra parte.
- Claro Woody, es que tú eres un genio. Ya lo has conseguido. Has hecho de tu enfermedad mental un arte. Pero yo luego tendré que enfrentarme a que desaparezca. Al escenario vacío, al silencio, a su ausencia. A la de todos. Y a eso que no quiero, que no me apetece, pero tengo que hacerlo. Y esa voz martillea mi cerebro. TENGO QUE HACERLO.
- Pero Elia, ¿y qué? haz lo mismo que yo, ¿a qué esperas? te lo dice un judío, que de esto entiendo. No se nace con estrella, ni estrellado. Construye tu propia estrella. Ya lo estás haciendo. Mira cómo brilla. ¿Y los regalos? ¿Qué me dices de los regalos? tu familia en primera fila, tus antiguos alumnos, que no tienen por qué, pero están ahí, tu nueva amiga, que de repente es tan importante, el narrador de Nuestro Pueblo, el arcángel Gabriel sin pronunciarse. Y aquí yo, hablando contigo en esa cabeza loca que tienes. ¿Y te quejas?
Y agacho la cabeza. Porque el cabrón siempre tiene razón, hasta en mi cabeza.
Querido bestia parda, ya te advertí que hoy tenía poco que contar...
sábado, 6 de abril de 2013
El Dios del Instante

Tengo una
sensación extraña, de esas que te vienen de muy dentro, y lo invaden todo, que
van desde la punta de tus dedos hasta el faro del fin del mundo. Como un kairós
que te visita y decide quedarse. Cuando llega, sientes los detalles a tu al
rededor, como si tus sentidos se agudizasen, y estuviesen hechos para recibir
cada estímulo con un radar mágico, y sonríes, porque puedes oler el pan del
bar, sentir la nube gris que hay fuera, el chasquido roto de la puerta cada vez
que se abre, y que trae con ella el aire frío del exterior. Cada mantel se hace
especial, porque sabes que se trata de un momento que no se repertirá nunca.
Ése, no. Una tarde cualquiera, pero única, donde se mueve un viento helado en
primavera, y has visto las hojas y semillas de los árboles perderse en el
tejado y en las calles solitarias, como cuando eras pequeña y jugabas en el
parque. Y puedes ver escuelas de tres metros de altura, ovaladas, que te
transportan a la infancia. No a la tuya, no a un momento concreto. A la
infancia. Supongo que es raro, porque sencillamente te sientes feliz. Porque
eres consciente, en ese instante, de lo afortunada que eres de estar ahí, de
poder sentir el rayo de luz que entra desde el cristal de la puerta, que te
calienta y hace que puedas ver el tono exacto de los ojos con más claridad, de
poder hablar con ese entusiasmo de las películas que tanto nos gustan. En este
presente que pronto se desvanecerá, y cada uno tomará su rumbo. Y mientras
hablas del compás de la vida, y saboreas un café, miras de verdad a los ojos de
las personas que te te acompañan y te parecen tan bonitas. Y te gustaría
quedarte siempre en ese instante. Pero en lugar de ponerte triste, saboreas la
vida eterna de los momentos fugaces. Esa que tus ojos me cuentan, que formamos,
desde tan cerca. Cuando las palabras se quedan cortas para describir la luz que
de repente sientes tuya, te pertenece, precisamente porque no necesitas
poseerla, y solo quieres ser partícipe.
Para atrapar ese instante efímero que puede significar la diferencia entre la mediocridad y la grandeza, entre la suerte o el infortunio, hay que agarrar a Kairós del pelo antes de que se escape. Para verlo cuando pasa, hay que mantener los ojos abiertos, la percepción alerta; hay que saber escoger una vida que tenga conciencia del valor del tiempo y de las mil y una maneras en que éste se pierde. Pero Kairós no tendría que llevarme a pensar en el tiempo perdido. Imagino un sitio al que van a parar esos hijos de Kairos que viven en cada uno de nosotros; esos instantes cuyas posibilidades no supimos leer.
Desde la otra orilla
Te saludo de semana en semana. Normalmente en sábado o domingo, que es cuando puedo
despedirla, generalmente con una sonrisa, que al final nunca va tan
mal. Siempre descubriendo libros nuevos, y, con suerte, se cuela algún
concierto de jazz. Casualmente del profesor de música que era tu compañero en el instituto donde trabajaste. Siempre sonriente y siempre un crack. Es estupendo ver que a
pesar de la porquería que nos mandan desde arriba, hay tantas personas
capaces de levantar paraísos de belleza y alegría. Con un contrabajo y
un piano que de repente se cuelan en un bar cercano, un jueves
cualquiera. Donde te encuentras a media familia, entre amigos y desconocidos con los que tienes tanto de qué hablar. Y eso te ayuda a recordar que aunque no estés en la mejor
ciudad del mundo, siempre puedes encontrar, si no tu lugar, al menos sí,
tantos lugares comunes. Vivamos...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




