domingo, 6 de enero de 2013

Sense&Sensibility

Bajo el atardecer helado siempre se abrigaba, y salía a dar largos paseos, lentos y solitarios. Siempre se mantenía fuerte, sosegada. Sin grandes aspavientos, no era como su abuela, que, sola, sabía reírse de cualquier adversidad que a otro cabrearía. Ella admiraba a esa mujer, porque su habitáculo era apacible, y siempre tenía su propia mano amiga, extendida, esperándola al llegar a casa. Ella, insatisfecha con la vida que su marido le había obligado a vivir, se perdía entre los hijos, los nietos, y los libros. Con su pulso inestable, hacía dibujos que dejaban perpleja a su nieta.

jueves, 3 de enero de 2013

Ojos azules, pelo negro

Me encanta que las adolescentes me hagan reír cuando para mí está pasando algo trágico. Se ha convertido en algo que quiero conservar siempre. Antes que estaba tan preocupada por analizar correctamente cada acontecimiento de mi vida, darle el orden y significado exactos, comportarme de la mejor forma posible, y saber por qué los demás actúan de una forma y no de otra... Me encanta que eso se pase a través de tus ojos. Que todo quede en bromas y seguir caminando. Y eso que llevo a mi padre conmigo a cuestas, que me he criado con el humor personificado. Yo y mi manía de ser filósofa compleja.

y vuelvo a la ñoñería, porque Foucault no se centra y yo querría quedarme hablando contigo.

miércoles, 2 de enero de 2013

En su seno reinan todas las vidas

Es lo que siempre está en medio, como una ráfaga, algo que se siente cerca, que todos perciben, porque deja huella. En su seno reinan todas las vidas, porque fagocita todas las que encuentra. Y la tragedia es que nadie puede entrar en la suya, ni siquiera ella. Sólo, a veces, se deja salir, sin darse cuenta. No es una flor que muere como la juventud cae del tallo de la vida, pues crece en regiones estériles donde no corre el agua.
No crea vida, porque es vida. No alimenta, no construye, lo lleva todo dentro, y a todas partes, consigo. Celebra cada paso, se ilusiona en cada movimiento, como un fuego fatuo, rápido, que quisiera quedarse, y aún no ha descubierto la manera. Saborea, huele, pero no encuentra el modo de participar. Como si permanecer le fuese negado por la adversidad.
La danza que sueña la tortuga, un fuego lleno de vida, que se consume a sí mismo, y a todo lo demás, cuando está cerca, cuando se acerca demasiado, cuando va a hacerse real. Un enigma para sí misma.


viernes, 28 de diciembre de 2012

Ojos de Clavo

Tú, que ya no recuerdas cuando te sentías como un Vincent Maloy, aunque en otros años, y algo huraño. Cuando mi pelo era más largo de lo que puedo recordar, mis esperanzas jóvenes, y las tristezas vacías. Cuando sólo me invadía la melancolía y podíamos compartirla, desde mundos separados, opuestos y lejanos.
Días en que yo intentaba analizar desde el intelecto (maldita filosofía) las crecaciones artísticas, y tú te empeñabas en emocionarte con Eduardo Manostijeras. No entendías que yo te hablase inspirada por bandas sonoras, ni yo que tú "salieras a hacer fotos", y que no soportaras la gente.
"Probablemente he hablado más contigo que con nadie, en meses" me decías desde tu mundo, y el mío se me caía encima. Tú que me enseñaste a creer en César Vallejo, en los cementerios, en la soledad compartida, en la belleza de la tristeza, en los hombres grises sin ambiciones, con infusiones de cardamomo, en Bukowski, en flores rotas, en Lost in Translation, y en Virginia Woolf .



jueves, 27 de diciembre de 2012

La Sonrisa de Karenin

Tolstoi decía: "Todas las familias felices se parecen, pero las desgraciadas lo son cada una a su manera". Yo en cambio pienso que es justo al revés.

Tal vez Tolstoi pensó de verdad que esta frase podría dar consuelo a los más desgraciados, a los Nadie que se agolpan en sus casas, con sus trabajos, con sus mentiras, y los gritos nefastos, por, al menos, sentirse únicos, originales, incomprendidos, y diferentes.
Pero yo creo que Todas las familias desgraciadas se parecen, pero las felices lo son cada una a su manera. Y es que todos rendimos culto al miedo, y nos codeamos con la batalla y la tensión diarias. Ya decía Galeano, que los derechos humanos  tendrían que empezar por casa.
En cambio, nadie sabe ser feliz. Pero, cuando uno realmente desea serlo, inventa, crea y descubre mil maneras de llegar a ese tesoro escondido.

(La tuya, tiene una casa de árbol, con ardillas. Tu felicidad es color celeste, llena de tragedias que se acaban, de juegos de guerra en la selva, y canciones compuestas por ti)


(Fuentes: Ana Karenina, La insoportable levedad del ser de Milan Kundera, la elegancia del Erizo de Muriel Barbery, extracto de Mujeres de Eduardo Galeano, No me acostumbro de El último de la fila, algunas canciones de Templeton)

Las Cuatro Fuentes de la Crisálida


Desde los lugares plácidos, las noches parecían oscuras, las calles desoladas, las miradas vacías. Allí comencé, cada día, a escuchar la serenata diurna, que al principio era un amargo (y largo) lamento, de años perdidos, de vidas soñadas, que agonizaban por no poder pasarlas a tu lado, de nuestro lado, y de todos los lados, con los espejos que sólo deseaban romperse, hacerse añicos, o reflejarte a ti, cualquier cosa, mientras me dejasen tranquila a mí. La rosa con su olor a cuestas, 'el recuerdo conmigo, y yo con nadie'.
Desde ese lugar plácido, desde el que un día decidí levantarme, con mi propio peso, por mi propio paso, con todas las voces que dormían conmigo, en mi seno, calladitas desde el principio de los tiempos.  Con toda la congoja, el desconsuelo, habiendo acabado una etapa, como una crisálida escondida, que tiene pánico a su metamorfosis, y vértigo a encontrarse con su su figura exultante de alas ante el espejo. ¿Y qué si tengo miedo? ¿y qué si no puedo aceptar lo que hay dentro? si siempre hay un mañana, y puedo acariciar mi herida, luego.
Ahora que sé que el Intelecto va por un lado. -Yo que quería saber, aunque duela, saber desde el dolor, en este mundo que agoniza-. Y es que el Deseo y el Corazón, viajan sin boleto, y cada uno por su lado. Pero no lo sabía, y el intelecto dolía, el deseo quemaba, el corazón gemía. Menos el Cuerpo, que aunque envejezca, se me alía, me acompaña, casi nunca me falla, que no se queja demasiado, que me acaricia cuando estoy triste, que me abraza cuando deseo estar dentro, y me apoya si quiero estar fuera.
Ahora, que no me peleo con mis cuatro fuentes, que le tiendo la mano al intelecto,  le doy las gracias al cuerpo, alimento al corazón y le doy alas al deseo, huérfano de padre, -no voy a permitirle que taladre-, y que no soy esclava de ninguno.
Desde la dimisión ante la evidencia necesaria de que tengo que luchar, no por ti, ni por pelearme con una pared infranqueable, sino por esa frase que leí, que era para mí, hace quince años:  'ojalá, todo lo que llevas dentro, lo puedas sacar'. Ahora que tus ojos me inspiran, que son un canal donde los sueños cobran vida, donde me transporto, y te transporto, cuando me dejo, cuando te dejas, hacia el lugar en que la belleza recorre cada hueco, donde la risa se vuelve sincera, sin máscara.
Desde esos lugares plácidos, que recién habito, cuando miro al fondo de tus ojos claros. Donde la esfinge ya no da miedo, donde aprendo cada día algo nuevo.
En este invierno, en que ya no temo quedarme en mi guarida, construida con mis dedos.


Fuentes: largo lamento de Pedro Salinas, Rayuela de Cortázar, un poema anónimo (va ya la rosa con su olos a cuestas...) , El silencio de los corderos, Galeano, Benedetti, Sabina, Mercedes Sosa, Michael Ende, y ante todo, la huella de Jodorowsky y las viejas palabras de Asia León

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Máscaras

Y dar gracias a la vida (...que me ha dado tanto) por leer en tus expresiones, por escuchar lo que no dices, sentir lo que me ocultas, y ver tan claro lo que es tan grande.
Lo que nos perdemos entre danzas de marionetas, de vidas con disfraces, de bosques de abedules, que nos impiden ver cada árbol con toda su singularidad.
Lo que nos gusta nuestra careta, y aferrarnos a lo que no nos identifica.
Si aceptáramos que lo que ocultamos es lo más grande que tenemos.
Si en vez de elegir el miedo, la maza, el consuelo, agachar la cabeza, la frente marchita, si en vez de eso te mostraras, me mostrara, yo no tendría que quedarme sin fuerzas y tú no tendrías que echarme de menos, yo podría conocerte de verdad y tú sentirías mi mano recorrerte entre risas, llantos, la dulzura de los arrecifes, de las caricias, dedicadas a eso que escondes,  que me reprochas, y que te inhibes.

(Fuentes: Gracias a la vida de Mercedes Sosa, el árbol de la ciencia Pío Baroja, la maza de Silvio Rodríguez, utopías de infancia, y la incomunicación)