lunes, 21 de octubre de 2024

Demasiado tarde

Comencé el día con lobos en mi espalda, con plomo en las piernas y sin muchas ganas de salir al mundo. Me lo pensé muy mucho pero sabía que tengo que obligarme a cumplir responsabilidades, aunque en mi mente algunas de ellas no tengan mucho sentido. Por suerte al poco esas sensaciones cambiaron y me sentí con algo más de fuerzas para sobrellevar el día. Me puse muchas mentas en mi mente, muchos cambios que quiero hacer porque me siento avocada a unas rutinas que no me hacen bien, y no me reconozco. Intenté hacerlo desde la calma, desde el cariño, y darme muchos ánimos y dejar de ser tan dura conmigo. Es como ir a ciegas cuando intentas ver el mundo de un color tan diferente al que sueles verlo. Hacía buena mañana, había mucho sol. Se supone que iba a pillar mucho tráfico al llegar a la autovía, pero lo que vi fue, nada más llegar, un trágico accidente donde al menos habían implicados tres coches y un camión. Vi a una mujer angustiada, desesperada; y me obligué a sentirme afortunada por no formar parte de esa tragedia. Sé que suena mal, pero esa no es la idea. Después di dos clases, de la asignatura donde no se hace nada, y yo intento entretenerlos como sea para que se porten lo mejor posible. Lo he conseguido en el primer caso, pero ni metiéndoles suspense y adrenalina por las venas a veces es suficiente para conseguir amedrentarlos. No sé si es que no sirvo para ser un sargento, o simplemente no sé leer en sus caras qué es lo que cada uno necesita para bajar la guardia. Siempre me juzgo y paralizo pensando que soy una estafadora por recurrir al cine cuando no hay programación en una asignatura, y siento que los demás lo hacen mejor todo que yo. Sí, ese es el gran apoyo que suelo recibir de mí misma, así de perdida me siento en este mundo. En la segunda clase he tenido que tener bastante más paciencia, aun a sabiendas de que podría haber sido mucho peor, porque no eran demasiados y además se frenan, aunque solo sea momentáneamente. Y no paraba de pensar en lo poco que nos han enseñado a lidiar con todo eso, en las expectativas tan diferentes que te creas al estudiar una carrera como filosofía. Bueno, y en las expectativas que siempre me ha generado la vida, y probablemente sea lo que más daño me haya hecho. Eso, o no haber sabido, o podido, cumplirlas debidamente. También le he contado a mi compañero mis diatribas con esta nueva persona que estoy conociendo. No me ha quedado claro lo que pensa, más allá de que es bueno ser independiente y de que le da mucha pereza pensar en conocer a alguien de cero. Pues claro, amigo; a mí también. Pero en mi rueda de la vida, o me arriesgo o me quedo muerta en vida. Voy buscando la seguridad y la estabilidad pero los caminos cada vez se me hacen más estrechos. Y sé que tengo dos formas de afrontarlo: o adaptarme a lo que tengo e intentar mejorar conmigo misma, o mandarlo todo al carajo, como hago siempre, y quedarme con la sensación de fracaso. Pues sí, quiero protegerme, pero también que me protejan. Aunque, seguramente, para eso último, ya sea demasiado tarde.

domingo, 13 de octubre de 2024

Seguramente

Seguramente, todo este amor que te doy sin que me lo pidas, sin que yo sea del todo consciente, tiene que ver con una parte de mí que se rebela contra toda hostilidad, contra toda piel dura que pugna por salir de una vez. Limpia, sin fisuras. Seguramente, y por supuesto, soy humana, demasiado huamana; y, por alguna razón, tú me despiertas un corazón nuevo que solo quiere jugar de la forma más inocente posible, y lo único que tengo claro es que quiero dejar de maltratarme. Quiero dejar de despertarme cada mañana sintiéndome la persona mas miserable del mundo, porque tengo demasiados motivos para quererme bien, y darme tregua, de una vez. Por mucho que busque fuera, Y por mucho que sepa que ando perdida, como hace veinte años. Pero si hay algo que me merezco y no otra cosa es ver mi mundo y mi vida desde otra perspectiva, porque nadie dijo que tuviese que ser perfecta y, como todos los demás, merezco ser perdonada, ante todo, ante mí misma. Y, la verdad, es que hoy me caigo mucho mejor que ayer, y por una vez no hago caso a esas voces que me dicen: Elia, todo mal. Ya no siento vergüenza de mí misma, seguramente porque jamas merecí sentirla y me alegro por ti porque me has conocido porque siento que aporto luz, ilusión y amor a tu vida, y si no es así, si para ti no fuese suficiente, entiendo que mi niña y yo tenemos mucho que decir

domingo, 3 de enero de 2021

Un parque de bomberos

Viajo en un autobús con un destino errado, con la esperanza de encontrar el camino a casa. Cuando bajo todos los caminos me son familiares, y al mismo tiempo extraños. No consigo dar con el sendero que me lleve al hogar, y mientras tanto recuerdo con dulzura todo aquello que no te he dicho, la despedida que nos une y que no sé asir ahora en mi memoria, pero que de alguna forma me reconcilia contigo, y conmigo. Lo que me habría gustado y nunca fue. En ese sueño en que asumo la realidad y puedo recrearme en recuerdos que nunca se han realizado contigo. Y siento la tentación de escribir, con esta angustia que suele aletargar mis dedos y dejar que mueran en un cajón, recordando a Alejandra Pizarnik, que se hermanó con su tristeza a través de esos dedos, y yo ni siquiera me permito ese consuelo. Mis sueños representan de forma cruda lo que significa la vida para mí, esa búsqueda angustiosa en la que mi brújula da vueltas alrededor de mi morada sin llegar a encontrarla nunca, desechando los caminos que ya he transitado alguna vez y hoy me son extraños.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Y eso fue lo que pasó

Quién me iba  a decir que leyendo Y eso fue lo que pasó he sentido en su totalidad lo que debí haber captado interpretando La más fuerte de Strindberg, un monólogo de veinte minutos que espera ser el final victorioso de una batalla vacía. Batalla que era el sentido de la vida de la protagonista, de las vidas de las mujeres: la batalla por el amor de un hombre. Yo no entendía a aquella mujer despechada que culpaba a otra mujer de su vida desgraciada. Pensé que era normal esa visión femenina distorsionada porque estaba construida desde la mirada de un dramaturgo que solo podía contemplar desde fuera. Pero Natalia Ginzburg te lo advierte en el prólogo: escribir no es el alivio que una espera por una vida vacía, consumida en una búsqueda y una desazón interminable, marcada por el deseo de ser querida por encima de todas las cosas y la competición desesperada por conseguirlo. Natalia escribe el final perfecto para La más fuerte.  

viernes, 1 de mayo de 2020

Desert Raven

La pasión debería ser como una amalgama de risas que se evaporan y que dejan huella a su paso sin darnos cuenta, debería quedarse marcada y poder volver como si fuese una agenda en la que consultar un anhelo, una emoción,  así veo todo el arte del mundo, como emociones que cobran vida y belleza y no tendría por qué esforzarme en hacerlo salir. Me encanta tener que parar de intentar explicar un color a un ciego para mirarte bailar y hacerme reír, y desconcentrarme de mi vuelta a querer dejar piedra de Sísifo una vez más. No quiero ser vosotros, solo quiero llegar al lugar donde ver qué os ata al mundo, qué os hace entender su lenguaje, desprenderos de esa piedra y salir en forma de risa que no se evapora.

jueves, 30 de agosto de 2018

la mano amiga

Hay veces que en el camino se hacen trazas, se hacen lagos donde pasear es menos doloroso, menos transitado y más armonioso. Mi camino ahora es un tanto oscuro, no tan solitario pero un poco triste. A veces me da miedo quedarme sola en la parada, pasar demasiado tiempo dentro de mis pesadillas sin encontrar tregua ni consuelo. A veces lloro cuando se me hace demasiado estrecho, demasiado largo, demasiado inhóspito y desolado, porque tengo esa punzada que no me deja andar con calma. Pero entonces oigo tu voz, la que me relaja. Esa voz que debería ser mi yo desde dentro, hablándome, porque en medio de mi tragedia imaginaria de repente me sale la risa, porque tu ternura me acaricia sin que llegues a tocarme. Cuando me ves llorar y dices "si duele, cura". Y por una vez me siento arropada. Empiezo a decir en voz alta las frases trágicas sobre el camino que me espera. Y la voz ríe y grita: EEERRORRRR. de una forma en que también mi risa estalla. Si no fuera por esa voz sabia, si no fuera por esa mano amiga, mi camino seguiría siendo insondable y neutro, pero mis monstruos se habrían hecho con él hace tiempo.
Tengo tanto que agradecerte, que prefiero seguir escuchando.

martes, 21 de agosto de 2018

Y llegas hasta aquí

Te impacientas mientras te lías un cigarrillo, son las 23:15 de la noche y te has propuesto escribir mientras escuchas I can see Elvis de los Waterboys. Te sientes tan rara ante este familiar teclado del que antes brotaban las palabras desde tus dedos, y ahora miras la pantalla vacía y se ha convertido en todo un desafío.
¿Sobre qué coño escribir? Tal vez sobre este verano que ves terminando en una vorágine ruinas, sinsabores y aventuras. Pero no quieres reflexiones vanas y aburridas.
Y empiezas de nuevo a mirar a tu alrededor, ya has caído en la trampa del autobloqueo. Sobre qué escribir. Lo que querrías es escribir sobre el presente, sobre tu casa vacía desde la que miras al cielo sin ninguna estrella, que hoy es todo oscuridad mezclada con las luces de farolas, la buena música y el ventilador que no ha dejado de dar vueltas en todo el día.
Hoy has pasado la tarde saltando de una lectura a otra. Has decidido que por el momento no quieres estudiar la carrera de psicología pero sí quieres ser autodidacta, así que intentas engancharte a un libro sobre psicopatología, pero lo dejas en el primer tema, porque hace un recorrido histórico sobre lo que se consideraba locura en la época de los griegos, donde ya se pensaba en posesiones demoníacas y se conviritó en tema principal en la Edad Media. Pero tú quieres llegar ya a la meta, y al mismo tiempo te repele la idea de convertir ciertos comportamientos en patología. Aparece la histeria femenina freudiana y terminas por cerrar el libro. Pero justo antes, descubres a un romano del siglo XV que escribió un libro en defensa de la mujer, pero nadie le tomó en serio porque era animista y creía en la magia oculta. Se llamaba Cornelio Agrippa. Su libro era Declaración de la preeminencia del sexo femenino. Lo guardas, pero no lo lees.
Después encuentras Suave es la noche, ese libro que dejaste por la mitad en una época convulsa y ahora te trae la nostalgia y piensas que tal vez éste sea el momento de retomarlo. Pero sigues buscando. Y encuentras el blog de alguien que conoces y que le pasaba un poco como a ti, que había abandonado su blog y no sabía cómo retomarlo. Y te pasas la tarde leyendo su blog, como una inspiración. Como el hermanamiento que necesitabas para salir de ese bloqueo ante la exigencia de escribir algo grande. Esa persona cuyos libros devoras, sobre todo el último, ese que también te agitó cuando lo leíste y te llamó a volver a escribir, pero te resististe una vez más. la embriaguez de su lectura duró poco en ese impulso, pero sí mucho en tu interior. Ese libro fue El dolor de los demás, de Miguel Ángel Hernández Navarro. Escribes en segunda persona en honor a una de sus reflexiones acerca de la cercanía y lejanía consigo mismo al escribir. Yo, tímidamente, aún escribo en segunda. No me atrevo aún a dar el salto al abismo que da vértigo.
Y llegas hasta aquí. Y no puedes seguir escribiendo. Porque si sigues, volverás a escribir sobre lo que siempre solías escribir. O aún peor: te bloquearás.

martes, 14 de agosto de 2018

Desde el cielo se adivina el sinsentido, la belleza, el consuelo y la melancolía. Mis nuevas promesas tienen que ver con la pulcritud, la suavidad, la reflexión tranquila en lugar del impulso frenético. Quiero saber más del universo y alejarme más de los debates egoicos. Volver a darme espacio para escucharme cada día y volver a hermanarme conmigo. Salir de este bloqueo que no me deja escribir ni escribirme.

viernes, 27 de octubre de 2017

El Silencio

Tengo una relación extraña contigo; tal vez sea porque siempre me ha costado acercarme a esa parte de mí que creo que jamás he llegado a conocer del todo... Y así naciste tú, que te vuelves ensordecedor cuando hay algo en mí que grita, porque no sabe convertirse en voz, en sonido; en comunicación.

Me das miedo, tanto que te esquivo entre conversaciones que intentan llegar a algún puerto, donde no existas; donde, por fin, ya no me sienta desterrada y mi identidad adquiera forma. Conversaciones donde permanezco oculta, bajo tu mirada inquisidora amenazando con ser mi única compañía en un futuro próximo. Para mí eres un domingo por la tarde. Un sábado a mediodía. Yo, con las paredes amenazando con caérseme encima. Teniendo tanto que hacer, mi jardín sin cuidar, mi alma sin florecer, y buscando, antes que nada, que tú desaparezcas, para poder ocuparme  después de mí. Buscando llenar ese vacío que me pesa en el cuerpo, esa densidad, esa quietud donde mi vida entera se muestra ante mis ojos. Mi vida, la que no me gusta, en la que me juzgo y me juzgo y todo se vuelve catastrófico. Donde no puedo concentrarme ni leyendo, ni escribiendo. Contigo no me sereno. Me das demasiado vértigo. Cuando estás, tan puro y auténtico, la vida me da un vuelco.

Y, sin embargo, también me envuelves cuando necesito paz. Me envuelves cuando me adentro en el mundo de los sueños; cuando vuelvo al infinito espacio entre mi infancia y el otro lado del universo, donde reaparecen los cuentos que leía de niña en forma de arrullo y poema. Donde quería hacerme tan pequeña que pudiese caber entre las grietas de los muros de camino al colegio, y poder colarme por ellas. Cuando soñaba con un mundo que se abría en medio de la carretera y era sólo para mí.

Me envuelves cuando en mi mente no hay nada. Cuando cierro los ojos y el mundo muere. Me envuelves cuando me siento sola y también me envuelves cuando me siento plena y feliz. Me envuelves cuando miro a los ojos de mi padre. Cuando miro a mis amigos y se me encoge el corazón, sin decirlo, pensando en cuán importantes son para mí, en la melancolía de no poder inmortalizar ese momento en el que estamos juntos y somos felices. Me envuelves cuando siento a mi abuela conmigo, cerca de mí. Me envuelves cuando voy conduciendo, y desde ahí puedo ver nichos que antes estaban vacíos. Flores que antes no estaban y huecos que se van llenando. Me envuelves mientras escucho música, mientras leo los libros que me gustan, cuando veo buenas películas bajo una manta. Me envuelves cuando me das tregua.  Me envuelves en primavera, contemplando el mar y recordando al mismo tiempo, inevitablemente, los versos de Machado cuando perdió a su esposa: "Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar".

Odio cuando apareces sin ser llamado. Odio cuando temo que vengas, odio temer que vengas y no saber adaptarme a ti. Odio que seas un abismo que me separa de mí misma. Odio cuando los demás te imponen entre ellos y yo. Como un huracán que, cuando ya ha arrasado con todo, deja a su paso la paz del cansancio. La tregua que no es tal. El tiempo que ha de pasar para conseguir adaptarse a una nueva situación, tras la borrasca.


Me encanta que me acompañes mientras leo, que me inunde esa paz que tú tanto conoces, que vengáis los dos juntos, la paz y tú, a hacerme compañía. Porque entonces me siento a salvo contigo, y te vuelves la mano amiga.
Me encanta que te tornes viento que acaricia mi rostro mientras el sol me calienta; que te tornes ladera de montaña en la que sobrevuelan alimoches y quebrantahuesos junto a un lago calmo, con una barca solitaria. Acordarme de Casona y su barca sin pescador y del abismo que creaste entre el corazón de Antonio Machado y el mar. La jaula que tuvo que hacerse pájaro, sin saber qué haría con el miedo, de Alejandra Pizarnik. De Ernesto Sábato y sus demonios ciegos.

Y son dos silencios tan distintos, que uno me encoge la garganta y me aprieta la cintura, mientras que el otro ensancha mi alma y desata mi risa y el nudo en mi estómago, y las lágrimas se vuelven de alegría.

martes, 26 de septiembre de 2017

El hombre había...

Desoído el arrullo del mar que, cercano, quería avisarle de la pronta tempestad que iría a acecharle.
Era un mar salvaje, del atlántico norte, entre Tarifa y el otro lado del estrecho. Allí el olor era distinto. Los atardeceres, de intensos colores; y no sabía bien lo que andaba buscando allí, perdido como estaba en medio de su propia vorágine.
Desde Francia todo se veía distinto; de allí venía y no quería volver. Marruecos le había hechizado sin atinar a entender por qué; sentía que era allí donde debía estar, embebido del néctar del té ardiendo, rodeado de abejas hambrientas, de las caras desconocidas pero amables, de la belleza extrema del crepúsculo y las mujeres que le miraban con timidez.
Y allí, escribiendo, pensando, tan cercano a la orilla, no se percató de aquella ola que de repente le trajo de vuelta a la vida.


Ejercicio para Fulgencio Moreno Lax, escritura en 5 minutos. 26 de septiembre de 2017.

sábado, 10 de junio de 2017

Amor Fati

Hace tiempo
que me puse en manos
del azar
y el tiempo infinito
me busco entre las miradas
antiguas y sabias
los libros que me dan sosiego
las experiencias
que me dan esperanza
y poco a poco
en medio de ese paseo
encuentro esta angustia
como un juego
escucho y me oigo
cambiar el mapa
la óptica que determina
mi antesala
y los días me llevan,
arrastrados por el viento
más serena, más tranquila
avanzo con mi angustia
con una fe que nunca tuve
en el amor fati

La sabia lechuza

Con cansancio y desgana
me esfuerzo por encontrar las palabras
en medio de este vacío tan ensordecedor
de tu ausencia
de mi ausencia
de esta congoja silenciosa
y solitaria
y la paradoja
de sentirme afortunada
No quiero quedarme a solas
porque entonces viene de golpe
todo tu ingrávido peso
y el murmullo
de las erinias
Un nudo se me encoge
en la garganta
quiero huir hacia adelante
que todo sea más sencillo
observar
mi personalidad
convertida en llamas
y acabar de madrugada
en medio de mis propias brasas.
No puedo pedir nada,
no puedo pedirte nada
sólo puedo sentir esta tristeza
de un amor dulce
que nunca llegó a ser del todo
que nunca murió del todo
que ha vivido a la espera
de un mañana mejor
que nunca llegaría
Y quisiera tener la fuerza
que entre los dos nunca tuvimos
ya no sé si para seguir sola mi camino
o para haber podido, contigo y conmigo
La sabia lechuza pulula
a altas horas de la noche
ella quiere que florezca
entre las acacias y las moras
que beba del dulce néctar
de la uva y la juventud
mientras siento
que habito un cuerpo
 que no es mío
y un alma
que no me reconoce
Entre libros y vinos me paseo
entre andares y risas me contemplo
y tu sombra
siempre está conmigo
no quiero que este poema se acabe
porque todavía no concibo
que nos hayamos despedido.




jueves, 26 de enero de 2017

Sobrevivo

Me gustaría creer
que la vorágine
de mis días
acabará
en un lago
de argentina
Quisiera pensar
que no me engaño
que no hago mal
que no soy cómplice
de un sistema
en el que no creo
Ojalá
no me sintiera
tan miserable
entre tanta hipocresía
mediocridad
obediencia
y rabia contenida
Me gustaría
valer más que todo eso
y poder plasmarlo
sentirme libre
y vivir de ello
Que el miedo
no sea
la moneda de cambio
y no sentir
que en lugar de vivir
sobrevivo

jueves, 3 de noviembre de 2016

De Antígona, prometeo y otras condenas



En el día mundial del teatro, voy a hacer un homenaje: 
Tras un concierto, dos amigos hablan:

1- Me voy a casa
2- ¿Qué te pasa?
1- Nada, no te preocupes. Siempre estoy igual, me canso hasta yo. No quiero darte la noche, es tu noche.
2- Venga, no te vayas. Tómate la última conmigo y hablamos. ¿Es por lo que me has contado antes?
1- Sí. No lo puedo evitar... Y me siento súper tonta.
2- Hombre, un poco tonta sí que eres -dice el segundo hablante con sorna-. Pero, ¿por qué te martirizas así? No es para tanto. Además, aún no sabes lo que piensa. 
1- Eso se intuye. Se nota. Está en otra parte. No me ha visto. Está haciendo de su vida una obra de arte, y yo no quepo en ella. No hay lugar para mí. Y es normal. ¿Qué hacía yo cuando era más joven? Nada. Estaba muerta de miedo. No era capaz de vivir. Hace todo lo que yo debí hacer cuando tenía su edad. Siente como yo sentía. Tiene mi mismo entusiasmo. Pero yo no tuve el valor de llevarlo a la práctica. Los años, la vida, no pasan sobre él. Arrasa sobre su vida. Su esencia invade cada movimiento, cada paso que da. Es independiente, fuerte. Me ha dicho que quiere irse. Que es así como sabe que tiene hacerlo.
2- Sí, yo también sabía decir esas, pero eso no quiere decir que de verdad sepa lo que significa. Y además, tú haces y hacías muchas cosas. También eres valiente. No tienes que compararte.
1- Le he dicho que yo antes era como el niño de La lengua de las mariposas. Un gorrión. Un gorrión que no sabía salir del nido. Le he hablado del saxo en la niebla. Del muchacho que no sabe tocar, hasta que no se enamora. De la china que llora porque sabe que está tocando para ella. Y no he tenido que explicárselo. Habitamos Lugares Comunes. Es un fueguito de Galeano, que si te acercas, se enciende. Arde la vida con tanta fuerza... y no soporto que no sea para mí. No soporto haberme perdido tantas cosas. 
2- Te repito: no sabes lo que piensa. Tienes que dejar de compararte. 
1-  No me perdono que su valentía me duela. Haber perdido tantos años.
2-  ¿Por qué te empeñas en verlo así?
1- Porque me duele. Él seguirá siendo un fueguito encendido, ardiendo cada día más lejos. Le admiro, y me odio por no ser capaz de disfrutar viéndole volar, por no poder volar con él. Por no haber sabido llegar a las entrañas, como otros invaden las mías.
2- No necesitas sus alas, mi pequeña madame Bovary... Ni deja de existir la Magia que te envuelve, sólo porque alguien no la vea. También ardes la vida, con tantas ganas.
1- Tiene tanta luz que me encandila. El mundo se ve distinto cuando le miro. No entiendo por qué tengo que renunciar a buscarle. No me hace gracia que el universo se burle poniéndomelo delante. Que nunca pueda ser partícipe de esa belleza.
2- Sabes que no es eso. No hay castigos divinos. 
1- Quizá debería rendirme, e intentar ignorar esa parte de mí. Volverme estoica, budista, practicar la atharaxia. Pero no puedo. Sé que no puedo. Estoy viva. Es como mirar el jardín de las delicias. Me gusta todo lo que veo, todas las cosas buenas de la vida. Pero siempre le presto más atención a la misma parte del cuadro. A la misma imagen.
2- Eres así, puro deseo. Por eso eres Madame Bovary. Esa es tu condena. 
1- ¿Qué significa eso?
2- Eres el ciego que lo ve todo, menos a sí mismo. No ves lo que eres. Ni lo que haces. Todos lo vemos menos tú. Eres Prometeo. Porque cada día se te comen las entrañas por robar el fuego, por ser auténtica. Por tu inocencia.  Te lo he dicho muchas veces. Eres mi noche estrellada.
1-  Siempre me has idealizado
2- No. Siempre he sabido verte, porque tú me viste a mí. Tú sabes ver a los demás, y ser su espejo. Pero a cambio de perderte a ti. Tan empática, tan radiante, tan auténtica, tan capaz de envolverte en la manera de sentir de los demás, que no te encuentras. No te ves. Y los que te vemos, nos morimos de rabia.
1- Y entonces, ¿qué virtud es esa? si me estoy consumiendo a mí misma, ¿cómo iba a gustarme, aunque me viera?
2- Eres Antígona. No participas del mundo. Te quedas fuera. Estás fuera. En tu tumba. Pero eres capaz de hacer salir a los demás de la suya. De revivir a las personas, con tu luz. Y ni siquiera te das cuenta. Y quiero verte salir. No eres feliz porque siempre estás buscando fuera. El espejo. Y ni aun cuando lo encontraras, serías feliz, porque queriendo verte a través de otros ojos, nunca estarás satisfecha con la imagen que te devuelva, ningún espejo. Hasta que te canses, y busques otro. Como Madame Bovary. 
1-  Pero me hace desdichada. Mi mayor virtud, es mi mayor condena. Y te extraña que no pueda verme bien.
2-  Sé que acabarás viéndote. No quiero que dejes de ver las cosas malas que haces, o que eres. Pero quiero que veas también las buenas. No sabes la semilla que sembraste en mí al conocerte. No sabes los árboles que han ido creciendo a tu paso. Me cogiste de la mano, me llevaste fuera de la tumba.  Eres tierra fresca. Mi noche estrellada. Estás exenta de coraza. Esa que todo el mundo tiene. Incluso cuando intentas ser quien no eres, no te sale. Eres incapaz de mentir. No puedes. Por eso me desarmaste. Y dejé que me tocaras. ¿Eso, para ti, es haber hecho poco?


Abril 2013

Los poderes curativos -de la poesía-

 Temor y temblor

Hoy no me he hecho justicia
diké como decía Anaximandro
me quedé con la adikía, lo contrario
Hoy me he sido infiel
al no seguir mis propias plegarias
de mañana lo hago, mañana lo haré
pero en medio de este letargo
estoy más cerca que nunca,
me he reconciliado
con ese temor y temblor
tan kierkegaardiano
y sí, es posible
en el fondo me pesa la culpa cristiana
por más que busque
el lado neutro
donde las voces no son tan oscuras
donde, por fin, dejo salir a borbotones
sin tanto titubeo,
sin tanto bloqueo
porque Joseda y Henry Miller tienen razón
escribir
es una forma de vida
y yo
con tanto silencio
me estaba consumiendo a mí misma 

  Salomé

No me gustan
las corbatas
las camisas
cuando son caras
no me gustan
los cuerpos
encerrados en la institución
que me ofrecen
seguridad
que trepe
hasta los hombros
no me gusta
esa sensación
y a veces pienso
que ojalá, y, de verdad
ojalá me gustasen
los cocodrilos bordados
tanto como me gustan
las conversaciones sobre orión
en medio de los bares
porque al final
vuelvo sola a casa
y pienso en que
tu belleza insólita
tu pedantería extrema
me han convertido en la presa
que se lanza sobre la fiera

El día del Pilar

Salgo a la calle contigo
que eres mi padre
y nunca me crees cuando te digo
que de verdad, de verdad
mi corazón se encoge
cuando hablas de ti
como un globo
que explotaría
si no tuviera
familia a la que cuidar
y después
en la mesa
te pones a recitar
las coplas a la muerte de su padre
de jorge manrique
y no, no hablas de ellas
como hacemos los demás
tú las recitas de memoria
y no puedes seguir
porque te emocionas
y entonces te miro
y sé que eres
mi persona favorita
y, cuando pasen los años
tal vez tú no estarás
me sentiré tan vacía
sin ti
que no tendré más remedio
que consolarme
con las coplas
a la muerte de su padre

y lloro ya
que todavía te tengo
porque ya sé
la suerte que tengo
y lo poco preparada que estaré
cuando llegue
ese momento 

Nuestro lienzo

Con tu sudadera
y bajo la lluvia
busco razones, motivos
que me llevaron
y que me llevan
de forma
ajada, melancólica
a estar a tu lado
y cada vez
estoy más lejos
de ti
y algo más cerca
de mi centro
como mantener
con un meñique
nuestro lienzo
que un día intenté pintar
a tu gusto
pero que ahora
abandono
entre la pena, la ira
y el recuerdo

 Arrecife de coral

Como un marinero
que un día se perdió
en medio del mar
ando buscando mi brújula
podría decirse que soy
una pirata
y que la vida puede ser
una aventura
pero ando con cuidado
atravesando tempestades
temblando por si no sé llevar el mando
justo antes de la ventisca
oyendo voces a lo lejos
sumergiéndome
en el fondo
del mar
y de mis miedos
les doy forma
los coloreo
levanto la vista
de Parménides de Elea
y veo una cara antigua, conocida,
familiar
y me devuelve al mundo
de los arrecifes de coral
el que un día fue niño
y pasaba las tardes conmigo
ahora es un hombre
que me pregunta
qué fue de su identidad
y la brújula vuelve
y mi nudo en la garganta
se va

  Gardel

Entre sabios antiguos
y música instrumental
procuro encontrar
las cuatro fuentes de la crisálida
hacer mío el sueño de Escipión
el cuidado de sí
que Sócrates susurra
y entro en calor
desde la bruma
de la ventana
el humo del cigarro
que fuma Gardel
tu mirada perdida
y el poso del café 

 I hurt myself today

En trance
con la diosa
del oráculo de Delfos
me gustaría llegar al epicentro
de mi ser
acercarme
sin que duela
acurrucarme entre los vapores
y no volver a conocer
la frustración
la interrogación
ni decir
con Johnny Cash
I hurt myself today 

El despertar

Últimamente
me cuesta demasiado
abrir los ojos
poner un pie en el suelo
y tú
me das los buenos días
cada mañana
y te imagino
antes del amanecer
subiendo la colina
de la alhambra
meditando
delante de tu panteón
poniendo flores
y dejando salir
la angustia
que te da fuerza
para seguir adelante
y yo
partícipe
de tu intimidad
siento que en ti
alberga
la vida

jueves, 7 de abril de 2016

Qué me pasa, doctor

Ojalá bastase sólo con esto que siento cuando imagino las mil historias que no me atrevo a vivir;
ojalá la belleza que envuelvo en tu silueta te llegara en forma de poema, de rayo de luz;
ojalá esta emoción que llena mi pecho tuviese la fuerza de detener el tiempo, el tuyo y el mío, y nos hiciera olvidar el lenguaje, y nos obligara a ser honestos sólo desde la mirada.
Ojalá bastase con compartir este entusiasmo, que la realidad no se impusiera,
 y el encanto, de nuevo, no tuviera que volver a dormirse en mi boca.

lunes, 8 de febrero de 2016

Lo que construímos

Y poco a poco, mientras te escucho, voy sintiendo cómo mi garganta se va hinchando; y una punzada me recorre, porque la suavidad de ésta, tu voz, me transporta al perdón, a la dulzura que aparenta ser fácil de entregar; tu canción me acaricia, y me vienen los recuerdos, pero ninguno en concreto; nadie en quien pensar con especial pena ni vanagloria. Y entonces pienso en ti, mi presente; y mi niña pequeña querría poder agarrarte sin que nadie la vea; como si fueses un juguete robado, el más preciado; y quisiera que nadie más, nisiquiera tú, viese cuánto querría ser tu amanecer, tu mediodía, y tu anochecer.

lunes, 18 de enero de 2016

Sueños

Y de repente descubres a una tal Sara Herranz que hace los dibujos que tú siempre quisiste hacer, y dudas porque no sabes si es sólo cuestión de apariencia, de una especie de moda, una pose que se muestra al exterior y eso es lo que rechazas; pero por otro lado la idea es tan bella y podrías quitarle las barbas y las camisetas a rayas (malditos modernos) y darle tu enfoque propio, el filosófico y teatral; pero entonces te das cuenta de que tienes treinta y dos años y te preocupa descubrir que pensar en dejar de ser profesora te hace más ilusión que serlo; y te preguntas qué ganará: si la duda, si la espera, si la promesa, si el alcance, o la pobreza.

I'm losing time, que, sin ningún tipo de pudor dice la Holzer; y yo también. Porque no paro, y sin parar no me descubro sino que cubro el atisbo que separa mi corazón de la mano que debería acariciarlo pero en su lugar mira a Kant mientras dice que a la razón no hay que ponerle alas sino plomo. Y tal vez me repita porque no tengo ideas que entrecrucen la belleza que habita en una sola frase, un solo mensaje que sea capaz de resumir todo un sentimiento; como esa obra de teatro, que en un momento hace que mi interior estalle y yo, como siempre, llore. Por lo que yo no sé decir, por lo que no sé expresar, por lo que no sé elegir.

lunes, 17 de agosto de 2015

Rota en pedazos de luz

Y hay tantas sombras de ti que no distingo, tanto colores que no puedo ver, que cuando me asomo desde fuera, alcanzo la penumbra, y es cuando me envuelve el hormigueo por los pies, la mirada que recorre y la garganta se me hincha de luz, de luz pajiza que no sabe a dónde dirigirse. Respiro porque en lugar de pensar siento, intentando comunicar en un estúpido teclado que creo que mi maraña ya no está de mi lado; el camino me pone gigantes que otras veces me parecen molinos, los valores se entrecruzan, se desafían y no quieren que decida; porque dejo el ámbar que me hiere y me aburre para entrar en el sepia de tu memoria y el bermellón de mis ganas, y es entonces cuando el paralelepípedo se desvanece y entro en una orgía de pliegues y relieves, que tú no has visto pero siento tan dentro que podría ser la montaña mágica, esa que es roja y en la que por fin he podido entrar sin miedo a perder mi identidad, y es que ya no importa convertirme en bruma que levita, sin necesitar los bordes picudos que entorpecen mi mirada. Y para qué defenderme de la niebla cuando puedo refrescarme en ella, apartar el azul oscuro casi negro y convertirlo en un manto que ya no me asusta ni me duele.