martes, 12 de abril de 2016

Calma perdida

Y hay días que no aguanto el ajetreo, que me gustaría poder quedarme en casa,leyendo los mil libros que me están esperando, o ponerme al sol, para recuperar la calma perdida por este presente del que soy afortunada, pero no me tranquiliza, porque siempre tengo la sensación de no llegar a tiempo, de no estar a la altura, de no tener lo que merezco, y culparme por no haber hecho las mil cosas que ahora querría hacer, y, como Proust, estar cada día en busca del tiempo perdido.
Sentir que no estoy donde debería, y aún así saber que tengo suerte, pero la calma no me invade, no me consuela esto que tengo que algún día se marchitará. Y tú no me ayudas, porque tampoco te ayudas a ti, y te reprocho dejarme sola sin que te des cuenta, no poder contar contigo, sentir que me haces perder el tiempo, ese que para mí es tan valioso.
y ya no puedo esperar ni seguir lamentándome, porque fuera hace demasiado sol. Odio quejarme, odio sentirlo todo, hasta lo más nimio; pero por suerte entonces caigo, caigo y me levanto, me perdono por las cosas que no están en mi mano, me animo por las que sí lo están, e intento tener esa fe tan necesaria, en que no tiene por qué salir mal.

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