sábado, 25 de julio de 2015

Sin Nombre

Es curioso el olor de la calle en verano. La tendencia a estar encerrada, a la sombra. El verano como un período de espera, porque todos los proyectos comenzaban, o comienzan, cuando el verano se termina. Y usar este tiempo para desconectar, para observar, pensar, volver a escribir. Las caras parecen distantes, los disfraces tan veraces, y te preguntas qué hay debajo de toda esa estética tan bien cuidada, si realmente se corresponde la dureza del estilo con la forma de vida, y de sentir. Y claro, tú te sientes una blanda, venga a buscar abrazos y unos ojos que por un instante sean capaces de verte de verdad. Es maravilloso sentir esa conexión, poder decirle a alguien que sientes que no encajas en ninguna parte; y decirlo de verdad. El misterio de tu propia identidad aún por conocer, poder observar tus miedos, tus tendencias, tus prejuicios desde fuera, y frustrarte primero; actuar después.  Darte cuenta de lo importante que es esa convivencia a solas, darse tiempo para salir al mundo, pensar antes de hablar, para dominar esos fantasmas que sabes que no eres tú, pero que te acompañan desde hace tanto que los sientes como propios. Todos los esquemas cambian, una y otra vez, y ya no sabes si eres así de voluble, que es porque no te conoces, o porque de verdad necesitas explorar tantas posibilidades como gotas de agua de mar. Tienes mucho frío porque es tan fácil desabrigarse así, tan fácil sentirte sola, incomprendida; e intentar que te salven los demás. Porque la única certeza que tienes -maldito Descartes- es este sentimiento desbordante que te acompaña, que hace que los demás te llamen dulce, pero que tú si pudieras lo arrancarías y querrías ver la vida a través de los ojos de cualquiera, convencida de que, de seguro, sería más sencilla.
Pasa el tiempo y  los demás cada vez te parecen más enigmáticos, no sabes si debes defenderte de ellos, tomarlos como un apoyo, o alejarte como una opción necesaria. Tu boceto sigue sin estar definido, sigues siendo pura potencia -maldito Aristóteles-, y el acto, son los sentimientos que intentas descifrar, dar sentido, una y otra vez. Buscando el alma en el arte, el significado último... y así, cómo vas a centrarte en el Aion, en verdear. Y ya no sé lo que quiero decir, porque me define lo indefinido, el nudo en la garganta, este desahogo, tras el cual tendré que actuar, y volver al eterno retorno.

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