domingo, 1 de marzo de 2015

Nebraska


Tiempo hacía, mar, de marinero, que no te oía, que no escuchaba tu murmullo; ya sabes que ando siempre a tientas, que me escondo en cualqueir agujero; que me ilusiono con facilidad, y luego me toca salir corriendo. Y para qué, me pregunto luego, buscar entre los rastrojos, aferrarse a los granos de arena. Teniendo que aprender siempre a caminar a solas, descubriendo lo que habita muy dentro de una. La belleza y la piel que habitas, los interrogantes que, por más familiares que sean, no dejan de angustiarte. No terminas de aprender nunca a convivir con ellos, a entender que forman parte de la magia, de la esencia; El silencio te duele, y el mar te duele.

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