lunes, 29 de diciembre de 2014

Importante para mí

Lo que hoy es importante para mí..
Tengo que dejar de pedir consejo, dejar de quejarme, ¿qué necesito en mi vida? ¿qué puedo hacer por conseguirlo? ¡Moverme! No perderme en tonterías ni relaciones imposibles, sentido práctico, en el fondo lo sé siempre. Aprovecha el tiempo. Haz cosas útiles para conseguir sentirte tú útil, no hay otra fórmula. Lucha por lo que quieres, por convertirte en la adulta que sientes que aún no eres. Toma las riendas de tu vida. Deja de dar vueltas.


Pero siento que no me conozco, que nada me pertenece, que nada construyo, que nada soy. No me identifico, me defino a través de ti, me critico a través de ti, y quiero que seas tú quien haga el esfuerzo, quien reconozca que no sabe lo que quiere, que no te conoces en realidad, todo para intentar disimular que soy yo la que sólo se escucha cuando quiere, la que busca tiritas paliativas para un futuro en que me sienta más segura, más firme, más útil, más yo. Y puede que ni siquiera entonces me sepa, me beba. Porque no habré llegado ni a la mitad de mi profundidad, bajo capas y capas de miedo, inseguridad y desconfianza. Porque con eso me identifico, con una interrogación, con la extrañeza, el desconsuelo, y la imaginación, que inventa lo que llevo dentro, porque no lo sabe. Y lo estropea intentando cambiarme, intentado cambiarte, intentando amoldarme, pretendiendo parecerme a quien  creo que representa lo que yo querría ser, y ni siquiera es eso.
Y la belleza se pierde porque ya no sé dónde buscarla, porque las ciénagas me han invadido tanto que no encuentro el concepto, y ni creo ni me creo, ni construyo ni me construyo. Me miento, y me oculto.

Elia no vuelvas a olvidar el tipo de persona que siempre has querido ser, el tipo de persona que admiras. Cuando tengas dudas, pregúntate: ¿a qué personas admiro yo? ¿Quién me ha inspirado? Tienes que ser exigente contigo misma, infórmate cada día, aprende, lucha, eso es lo que quedará de ti, lo que tú decidas cuidarte, cuidar de ti, pulirte y ser una persona de la que puedas estar orgullosa, construyéndote cada día. Teniendo claro lo que es importante en tu vida. Es importante amarte, y amarte significa desarrollarte, conocerte. Estudia, fórmate, encontrarás tu camino seguro. No necesitas a nadie a tu lado, no necesitas ningún bastón, necesitas tu propio apoyo, tu propia fe. Ten la visión de lo que puedes aprender de los demás, no de lo que puedes sacar de ellos. No te decepciones, aprende y construye. Tienes un abismo dentro, ten el coraje de sacarlo. Te quiero. Estoy contigo. Hoy es el primer día del resto de tu vida. No lo olvides. Empieza a hacer hoy cosas por las que puedas estar orgullosa mañana. Te quiero pequeña. Tú puedes. ¡Lucha! Es tu vida y tu momento. Éste y no otro. Adelante. Estás a tiempo.

Por mí

Ni siquiera los semáforos funcionaban en esas calles desiertas y frías. Me recordaron una noche de primavera en Águilas, donde por las noches no alumbran los faroles y la gente deja las bolsas de basura en la puerta de su casa. La mayor soledad que he visto. Lo mayor nostalgia que he visto. Y fue ese día cuando decidí que debí haberla conocido mucho antes, cuando yo todavía creía en lagos desiertos y cuentos que nunca han sido acabados.
Ojalá ahora hubiese sabido dónde se encontraba. Pero no es que quisiera parecer un psicópata, ni perseguirla por las calles mientras ella va a un café y no se da cuenta de nada, como una vez me contó que hizo mi amigo Gabriel. Y es que por entonces ya me había dado cuenta. Ya sabía que era una perla inexplorada, una gema preciosa que no conocía su perfume. Y qué mejor inspiración para un saltimbanqui como yo, que se dirigió hacia una sola dirección en su vida, y acertó. Ahora que me aburren las personas que son como yo, que sólo hablan de sí mismas, desde una identidad sólo verdadera a medias, de la que han hecho su sino. Sé que no me entiendes, lector, pero no te preocupes, yo tampoco lo hago.
Pienso todo esto mientras sigo paseando, en una de tantas noches en las que no consigo dormir, y la gente piensa que me las paso enteras escribiendo. Porque nadie sabe realmente lo que hay dentro de mí. Creo que ella es la única que lo supo, nada más verme. Como María Iribarne, en la novela El Túnel, con el cuadro de Juan Pablo Castel. Ella salió huyendo, porque había entendido, pero no quería saber más. Y él sintió una punzada dentro, como nunca antes. Exactamente igual me sentí yo, sin odiar a los ciegos, sin querer matar a mi María. No, a la mía la dejo tranquila. Por ser la única que desnudó mi alma, y ni tan siquiera lo sabe. Y tal vez por eso no huyó, aunque tampoco se quedó.
Pero no estoy siendo justo. En mis recuerdos intento justificarme, intento dar razones para mi comportamiento, librarme del peso que supone saber que la dejé ir, porque aún no había sabido salir de su cascarón. Yo que tanto he viajado, que tanto he visto, que tanto conozco, no podía hacer nada con una mujer así. Que tenía la llave más valiosa en su mano, pero no había aprendido a usarla.
Y ahora me siento como Dostoievsky en Memorias del Subsuelo, tengo ganas de pelearme contigo, lector, porque sé que me estás juzgando, sé que no me entiendes, sé que piensas que me enredo, que soy un pesado y que las cosas son más sencillas. Pues no, no lo son. No en mi mundo, ni en el reflejo que recibo.
Y por qué escribir sobre mi María. En realidad no lo sé."Porque te crees un escritor desengañado y frustrado del Siglo de Oro" tal vez, no es la primera vez que me lo dicen. "Porque te crees un bohemio fatal y eres tan ególatra que piensas que esto puede interesarle a alguien". Sí, también es posible.
Pero permitidme que os de mi opinión, y me presente: Nadie puede salir de la experiencia subjetiva. Se puede cambiar el enfoque, pero no el telescopio. Sé que no escribo importantes obras científicas, sé que nadie me recordará por ser un genio político, por erradicar el hambre en el mundo, ni por descubrir un remedio a una gran enfermedad. En el abismo que da vértigo del que hace años me hablaron Sartre y Kierkegaard, yo ya elegí un camino diferente, y tal vez menos valioso. El camino no tan seguro de la ciencia, el camino de la subjetividad y el egoísmo. Ni Henry Miller, ni Thomas Mann.
Dicen que tengo talento, que mis novelas tienen éxito y enganchan. Pero ésta es la novela que nunca pude escribir, y que siempre supe que finalmente acabaría escribiendo. Porque no vende desnudarse por dentro. Venden las novelas que hablan de orgasmos de los pezones. Y Dios, no quiero hablar de las Cincuenta Sombras de Grey ni  cómo ha calado de esa forma, sobretodo entre las mujeres, que deben saber que ninguna de ellas tiene un orgasmo a la primera embestida, ni al primer roce. Y claro, también puede que simplemente yo sea un mal escritor, y para colmo un mal amante, pero me indigna que venda tanto la mentira.
Con esto puede que ya os hayáis hecho una idea del tipo de persona que soy. Primer mundo, de buena familia, afortunado en la vida, con sueños que he ido materializando, por una mezcla de suerte y mucha voluntad y trabajo por mi parte.
Por qué escribir sobre María. Sobre cómo supo verme, sobre cómo dejé que se fuera, y sobre cómo ahora es lo único que me motiva cuando cojo una pluma...

Miro el reloj, las 2 de la mañana. Llevo dos horas paseando y dándole vueltas a María. Acabo de pasar por el bar donde la conocí por primera vez, cuando ella no sabía nada de escritores frustrados ni de ciudades de más de un millón de cadáveres. Hubiese querido verla, encontrármela igual que aquella vez, por puro azar. Pero en lugar de eso, es la madrugada de un martes y me siento como un Chico Ostra exiliado en las aceras. Sólo falta que llueva y que me convierta en un vibalbo.  
Ella no sabía nada de mí, no me había visto, y fui yo quien se acercó a hablarle. La vi tan sola en medio de tanta gente... bueno, en realidad no estaba sola, pero me pareció que sí que debía sentirse así. Al principio no hablamos de nada especial, ni siquiera recuerdo qué fue lo primero que le dije, pero entablamos conversación de una forma muy natural, como si ya nos conociéramos. El alcohol ayudó, pero creo que también el hecho de que éramos, y somos, de naturaleza afín. "Y yo que soy amigo de las mariposas y las pompas de jabón, creo que los hombres de naturaleza afín son los que mejor conocen la felicidad". Enseguida comenzamos a hablar de los intereses compartidos que nos unen, la literatura, los libros, el cine. Descubrimos que los dos escribíamos, que habíamos estudiado lo mismo, y que nos gustaban la misma clase de películas. Así que decidimos darnos nuestros teléfonos, nuestro correo electrónico, y también vernos al día siguiente. Pero nunca la llamé. Eso fue hace dos años.
Hasta que me reconoció. Esa noche ella no supo quién era yo, no era consciente, pero sí lo sabía. No sólo me había calado en mis libros, también lo había hecho en persona. Fue ella quien se puso en contacto conmigo, y las palabras salieron solas de mi boca. - He leído algunos de tus libros, no sabía que eras tú. No reconocí tu cara, pero ahora te reconozco a ti. "No te acerques, no me conozcas", -pensé-. -¿Sales con alguien?- Sí, salgo con alguien. -Podrías habérmelo dicho anoche. Sí, tienes razón, debí decírtelo.
Pero no pude. No había podido.
Cómo era posible que ella existiera. Cómo era posible que hubiese estado conmigo sin darse cuenta. Y sin darme cuenta yo.

La rosa con su olor a cuestas. No es fácil dar con alguien así, que brilla tanto, pero no lo sabe. Normalmente das con gente que brilla menos pero se creen más. Gente vulgar. Pero ella era distinta. Me acordé de Los Puentes de Madison, porque yo entendí que aquel fotógrafo del nacional Geographic perdiera la cabeza por un ama de casa perdida en medio de ninguna parte. Podía ver el mundo en sus ojos. Como yo podía ver el océano y la luna en los ojos de María.


Pero no os he contado toda la verdad. Esta noche salí a pasear porque había recibido noticias de ella. No suele escribirme nunca, hacía tiempo que no sabía nada, pero de casualidad ella se enteró de que yo había escrito otro libro, y quería felicitarme. Y yo que no paro, que viajo, que voy y vengo, que lleno salas con mis conferencias a una edad mediana, no puedo reconocer que cambiaría eso por tenerla cerca, por volver atrás y no haberla rechazado, por no haber dejado pasar el tiempo sin darle ninguna señal. Y le he dicho que escriba, y que me escriba.
Como dije antes, María me había visto. Ella sabía lo que yo era. Lo que pasa es que me había idealizado, como todos los que no se saben mirar. Ella estaba perdida en su propio laberinto, queriendo salir, y cuanto más intentaba encontrar la salida, más se perdía buscando. No era capaz de contar una historia completa, no era capaz de saber qué quería contar. Se perdía en divagaciones y al final, como ya le decían sus allegados, no escribía historias, sino retórica. Y quién mejor que ella, para dormir en el desierto…
Una vez terminó sus estudios, sus ilusiones cayeron en un sueño profundo, arropado por la desesperanza, y se sintió como si tuviese que dormir hasta que la solución llegara, la solución en rostro de hombre. Y claro, María era más lista que eso. Pero María, como digo, había caído en la desesperanza, y cuando se olvidó de quién era, se volvió débil, indefensa, insegura. Y por qué sé todo esto… porque yo también la vi a ella. Aunque ahora sólo me atrevo a decirle que me acuerdo mucho de ella, que cuando voy al bar donde la conocí, la siento cerca. Y sé que está saliendo de su laberinto. Sé que va a salir. Y cuando eso ocurra, no sé lo que va a pasar.
Así que, voy a terminar mi paseo. Son las tres, y debo escribir. Mi editorial me ha dado un año de margen para volver a escribir un libro. Pero esto es mentira, me voy a soñar que me encuentro con María, y que hace como Lucía con Lorenzo, en esa película de Julio Medem, donde ella se acerca a Lorenzo, un escritor, en un bar, se le declara, y se van a celebrar que esa misma noche se van a vivir juntos. Ya no te llego al corazón. Claro, como vivo en él… 

Capítulo 2

Lo que Juan no sabía era que María sí que vivía en el suyo, un corazón delator que no la dejaba tener una vida normal, una vida en la que nunca pensara que algo podría ir mejor, donde estuviese tranquila, serena, contenta. Pero María estaba siempre nerviosa, siempre a la defensiva, porque no aceptaba su vida tal como era, no de la manera en que pasaba sin ningún kairós u oportunidad que pintan calva. María no era feliz, Juan tenía razón, pero lo estaba intentando. Cada día aprendía a saber desenvolverse poco a poco en ese laberinto, y no le resultaba fácil. Pensaba que la vida de Juan debía ser más excitante que la suya, y que por eso ella no cabía. (Y a esto se refería Juan: María estaba equivocada al idealizarle). Pero qué importa, pensaba ella. Probablemente sólo ha tenido suerte, probablemente si lo tuviese cerca vería que es inmaduro, voluble, inestable. Que se refugia en sus libros, y además los usa para ligar. Así que ella continuó con su vida insatisfecha, sus relaciones tóxicas con personas que, de seguro, eran maravillosas, pero estaba siendo demasiado duro para ella. Sentía que ya estaba todo roto, y que nunca podría volver la ilusión. Por eso soñaba con ser como Juan, escribir y realizar los sueños que ella quería para sí. No quería volver a ser la primavera que descuida su propio jardín. No otra vez. 

3





 






Mil, y no más

Al final todo se "resuelve" del mismo modo: Todo es culpa mía. Si me siento mal, porque me siento así. Si hay una relación que me sale mal, es mi responsabilidad. Si además escucho, tengo en cuenta, intento entender, pero sin permitir que me hagan daño, malo también. Porque dejo entrar por la vereda la posibilidad de que se me cuestione, de que se me falte al respeto, gratuitamente, y justo cuando yo doy la mano amiga, cuando mi intención es la mejor. Por eso, no puedo fiarme. Y ni siquiera tener la tranquilidad de ser elegante, de dar la oportunidad, de querer hacer las cosas bien

¡Buenos días, Princesa!

He soñado toooda la noche contigo...

Un grano de arena

Voy a hacerle caso a Schopenhauer, y por una vez no me voy a preguntar el por qué de mis ilusiones, tan olvidadas hasta hace nada. Por qué de repente si me hablan de un futuro (y un presente) esperanzador, soy capaz de imaginarlo y creerlo como cierto, como mío. Eso que antes se hacía tan difícil, y ahora simplemente tienes esa fe. A lo mejor tengo que darte las gracias a ti... a lo mejor sólo tengo que dármelas a mí misma. Y aunque fuese por ti, quiero usar ese impulso, ese instinto de vida como lo que me ayude a levantarme, arriba, va-lien-te.


Buscarse es bonito. Quiero escribir para no olvidar, a esta Elia que está bien y no tiene miedo. Que disfruta de la soledad y quiere llenarse, llenarse de sí misma, enamorarse de sí, gustarse, no depender de nadie para estar bien, ahora que por fin lo entiendo. Que lo mejor es estar sola y disfrutar de los regalos del camino, disfrutando primero de mí. No necesito que ese chico esté conmigo, no necestio que ninguno lo esté, sólo quiero dar lo mejor de mí, a mí y a los demás, y compartirlo. Lo demás, si tiene que llegar, llegará solo. Quiero explotar mi bienestar, el placer de mi cuerpo, y la esencia de mi alma. Quiero llenarla de mí, de la Elia que no tiene miedo, se sonríe, se besa, y, por fin, entiende. Desaparecen los reproches a los demás, los miedos, y la necesidad de comunicarlos a los demás, porque se adueña, y le gusta. Está bien. Nada es un drama. Es una suerte tener esta casa para mí sola, para mi disfrute, y dejar volar mi cabeza, minusvalorada hasta ahora. Hay mucho dentro que sacar, y le tiendo la mano, con el corazón, con la sonrisa, y sin expectativas. Quiero escribirme a mí sin esperar que nadie me lea, que nadie me entienda, que nadie me apruebe. Es por mí, y para mí, aunque desee... Porque desear no es necesitar, y sólo tengo que aprender a gestionarlo. Puedo desear a una persona, y no necesitarla para estar bien. Estoy bien. Me encanto en todos los sentidos. Soy guapa, lista, divertida, interesante, tengo mucho partido que sacarme, y lo sé. Y ya no quiero a la Elia que tiene miedo, me quedo con ésta que apuesta por mí, por nosotras, y quiere dejarse salir. Y no hay dolor en estas palabras ni un temor de fondo. Estoy yo, sola. Y estoy bien. Quiero pensar en mí.

mi mejor version

cosas que quiero hacer en mi vida
pintar algo mío (academias)
escribir un libro, obras de teatro... (ponerme ya)
dirigir una obra de teatro
hacer siempre teatro
cantar en algun grupo
ser profesora
aprender más idiomas (francés, inglés..)
leer todo lo que tengo que leer
no me importa trabajar de cualquier cosa mientras hago todo lo que me gusta
quiero ser independiente
delgada
viajar

hola morenita

Cariño sé que tienes mil razones para estar enfadada, sé que te dan ganas de gritar y patalear y te entiendo y es normal. Pero estoy aquí para decirte que poco a poco se pasará, que yo estoy aquí contigo esperándote, que nos queda un largo camino juntas y voy a ser tu mejor apoyo, si me dejas. De verdad, vamos a poder con la otra, con la que nos dice que todo va a ir mal y nos hace daño. Las cosas no siempre serán fáciles ni bonitas pero eso no nos resta valor a lo que somos ni a lo que valemos. Aprenderemos a bailar y a reírnos, como hacen los demás. Nos reiremos juntas de nuestros miedos y nos daremos besos antes de dormir, por cada día que pasemos habiéndolos vencido. Sabes que la vida es bonita. Sabes que tú la ves bonita, que te emocionas con las pequeñas cosas. Sabes que ha llegado el momento y no hay excusas, y va a ser lo mejor que hagas por nosotras en tu vida. Hay mucho dentro, que aún no hemos explorado ni sacado, tienes que confiar en ti, estamos contigo.


Llenar el tiempo de sueños y de acciones para que el miedo no alcance... en eso tengo que ocupar el tiempo cuando piense que hace tiempo que no me río como antes. Esos sueños son hacer cosas que me gusten y poder ganarme la vida con ello, quiero ver mundo, conocer a alguien especial para mí, y yo para él, ser felices juntos. Quiero leer, escribir, ayudar a los demás, y reír y sonreír hasta dormida :)

cosas por las que estoy agradecida

1. Mi familia. Mis padres, mis tías, mi abuela.
2. Mis amigos: juanjo, que me ayuda y me enseña. Carmen, que me quiere. Mariano que me inspira. Jose Ramón, que no tendría por qué.
3. mi capacidad, mi cuerpo, mi tesón, mis piernas
4. La belleza, el arte,
5. la naturaleza
6. los libros
7. el teatro
8. la música
9. mi belleza
10. mi alegría
Nos amenaza el sufrimiento desde tres direcciones distintas: desde nuestro propio cuerpo, que está condenado al deterioro y la descomposición, y que no puede siquiera subsistir sin la presencia del miedo y de la ansiedad como señales de advertencia; desde el mundo exterior, que puede lanzar enfurecido contra nosotros toda clase de apabullantes e implacables fuerzas de destrucción; y, finalmente, desde nuestras relaciones con otros hombres. El sufrimiento que emana de esta última fuente es, quizá, más doloroso que ningún otro. Tendemos a considerarlo como una especie de añadido gratuito, pero, sin embargo, no puede ser menos fatídicamente inevitable que el sufrimiento de cualquier otra procedencia.

Sigmund Freud
El malestar en la cultura
"Si después de mi muerte, quisieran escribir mi biografía,
No hay nada más sencillo.
Sólo dos fechas tiene -la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra cosa todos los días son míos.

Soy fácil de definir.
Vi como un maldito.
Amé las cosas sin ningún sentimentalismo.
Nunca tuve un deseo que no pudiera realizar, porque nunca me cegué.
Incluso el oír nunca fue para mí sino un acompañamiento del ver.
Comprendí que las cosas son reales y diferentes las unas de las otras;
Comprendí esto con los ojos, no con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento sería encontrar todas las cosas iguales.

Un día, me entró el sueño como a un niño pequeño.
Cerré los ojos y dormí.
Aparte de eso, fui el único poeta de la Naturaleza."

Alberto Caeiro, heterónimo de Pessoa

"Entiendo por Utopía la belleza irrenunciable, y aún la espada del destino de un ángel que nos conduce hacia aquello que sabemos imposible, como el autor de estas líneas ha sabido siempre que Filosofía, ella, y no por ser mujer, nunca la podría hacer. Y la coincidencia se revela hasta en las palabras, pues en mi adolescencia alguien me preguntaba, a veces con compasión, a veces con ironía un tanto cruel, ¿y por qué va usted a estudiar Filosofía? Porque no puedo dejar de hacerlo, y en este libro he escrito, en aquel precioso otoño de 1939, qué utópico me parecía, en el más alto grado, poderlo escribir. Y a las Utopías, cuando son de nacimiento, no se las puede discutir aunque uno se rebele contra ellas."

María Zambrano
Filosofía y Poesía

"Por lo demás, cuando hago yo mismo discursos filosóficos o cuando se los oigo a otros, aparte de creer que saco provecho, también yo disfruto enormemente. Pero cuando oigo otros, especialmente los vuestros, los de los ricos y hombres de negocios, personalmente me aburro y siento compasión por vosotros, mis amigos, porque creéis hacer algo importante cuando en realidad no estáis haciendo nada. Posiblemente vosotros, por el contrario, pensáis que soy un desgraciado, y creo que tenéis razón; pero yo no es que lo crea de vosotros, sino que sé muy bien que lo sois." (Platón, el Banquete)

Parece que la ira oye en parte a la razón, pero la escucha mal, como los servidores apresurados, que, antes de oír todo lo que se les dice, salen corriendo y, luego, cumplen mal la orden, y como los perros que ladran cuando oyen la puerta, antes de ver si es un amigo. Así, la ira oye, pero, a causa del acaloramiento y de su naturaleza precipitada, no escucha lo que se le ordena, y se lanza a la venganza. La razón, en efecto, o la imaginación le indican que se le hace un ultraje o un desprecio, y ella, como concluyendo que debe luchar contra esto, al punto se irrita. El apetito por otra parte, si la razón o los sentidos le dicen que algo es agradable, se lanza a disfrutarlo. De modo que la ira sigue, de alguna manera, a la razón, y el apetito no, y por esto es más vergonzoso; pues el que no domina la ira es, en cierto modo, vencido por la razón, mientras que el otro lo es por el deseo y no por la razón.

Aristóteles, Ética Nicomáquea, Libro VII, 6. (1149a 25)


 "Littré señala en una discreta apostilla de su diccionario y es la embriedad, una mezcla de embriaguez y ebriedad, si doy crédito a la factura del concepto, un mixto de fascinación por los abismos y las prácticas de aproximación. La palabra nueva descontaminaría la embriaguez de las ocurrencias adoptadas, desde la revolución industrial, por el lado del alcoholismo. La embriedad permitiría la experimentación de una línea divisoria, que es la mejor invitación a no caer de manera habitual más allá de los límites descubiertos. La embriaguez del alcohólico supone un hombre convertido en objeto, incapaz ya de abstenerse de bebidas inquietantes. A menudo, su dependencia debe relacionarse con una incapacidad para encontrar en él lo que permitiría la firmeza, la resistencia para con los dolores del mundo. La necesidad de consuelo imposible de saciar mediante fuerzas mentales a menudo conduce a buscar la ayuda de sustancias psicotrópicas, portadoras de alma, si se me permite una distorsión etimológica. Ese alcohol no es tanto el signo metafísico de una riqueza como el testigo de una miseria grande, de una pobreza de temperamento"

 Hay dos verdades ineludibles. La soledad y la muerte.

El saber popular dice que la muerte es lo único que no tiene remedio. Pero yo creo que la soledad es más irremediable aún, porque además de ser universal se presenta palpable. La muerte es un horizonte que, por qué negarlo, está allí para nosotros en la forma de un final que puede intentar ser olvidado, ignorado o negado, pero que nuestro fuero más íntimo conoce con certeza. Es la soledad definitiva para con uno mismo.

El saberse mortal y el saberse solo son dos sentimientos distintos. Está claro que el saber constituye un tipo particular de sentimiento. Y no son pocos los artilugios con los que, de manera heroica, intentamos evitar estas verdades. El arte, el sexo, la religión, el trabajo, la televisión, el amor. Todo es válido y nada es suficiente. Uno es uno. En esa frase está resumida la historia. Uno puede comunicarse, unirse, abrazarse, rebelarse, inmolarse, abandonarse a lo ajeno. Nada nos puede librar definitivamente de nuestro destino de ser uno. Nada salvo la muerte.

Ella es liberación de la soledad o la soledad definitiva. Si estar esencialmente solos es un problema, lo es en tanto los puentes que tendemos de alguna manera crean espacios donde las soledades se encuentran y se consuelan mutuamente. Cuando algún puente cae, la soledad vuelve a presentarse palpable y nos golpea en la cara sin tapujos.

Es la intermitencia de la soledad la que hace de ella un problema mayor que el de la muerte. De todas maneras, lo que más me importa de ambas es que plantean un desafío. Llegamos al mundo con estos dos mandatos "estás solo" y "vas a morir". Pues ¿qué hacer con tremendo destino? Pues el arte, el amor, la religión, la sociedad, gigantescas pirámides, la danza, los poemas de Pessoa. Y aprender la arquitectura de los puentes que nos permitan trasponer las fronteras, a veces tan profundas, a veces tan cercanas, que nos separan de las otras soledades mortales que nos rodean.

Yo admiro a los hombres más que a nada en el mundo. No hay nada que pueda compararse a cada uno de nosotros intentando hacer de nuestra fatalidad algo que nos trascienda.
Me emociona profundamente saberme parte de este innumerable destino común. Me emociona y me sirve como puente. Si nuestro encuentro es fugaz, es porque es la condición de todo encuentro. Y está bien que así sea, pues no hay otra cosa que la fugacidad.

Todos bailan y yo también.

Hacen así, así me gusta a mí.

jueves, 4 de diciembre de 2014