lunes, 6 de mayo de 2013

El jinete

En el fondo, hay tan pocas cosas...
¿Cómo podría la muerte abrazar la vida de un joven que se deja morir? como si desde pequeño se hubiese dejado arrastrar por una corriente, una corriente inmensa, de esas que nosotros no conocemos, los que hemos tenido suerte y no hemos visto el cariño de lejos. ¿Qué puede hacer sentir, qué puede valer ese pequeño instante de paz, cuando se pone fin a todo lo demás? cuando se ha nacido en el lado oscuro, y ese pequeño jinete no ha tenido quien le levante cuando ha caído al suelo, que ha tenido que sobreponerse a sus pasos solo, y no podía llorar cuando se hacía daño, cuando le hacían daño, porque estaba prohibido caer.
No recuerda casi nada de cuando era un bebé, de cuando tenía tres años. Si piensa en eso le viene una imagen de una habitación oscura, hedionda y desordenada, de donde procedían gritos. Una vez tuvo un sueño, una vez. Empezó a ir al colegio porque así los padres podían librarse por unas horas de él. Allí no hacía caso a nadie, era el peor de todos. Pero estaba ella. 
- ¿Qué te pasa, por qué siempre estás enfadado? ¿Quieres dibujar conmigo? sólo sé hacer paisajes, personas. Dibujo los sitios donde me gustaría ir, las personas que me gustaría conocer. ¿Me ayudarías? quiero dibujar el mar. Y no sé hacerlo.
- Nunca he dibujado nada.
- Pero, ¿hay algo que te guste mucho?
- Los caballos...
- Dibuja uno, por favor. ¿Por qué te gustan los caballos?
- Me gusta pensar que puedo subirme a uno y llegar con él donde quiera. De las estrellas al fondo del mar.
Pero nada de esto está pasando de verdad. Es lo que él imagina mientras ella está dibujando. Piensa que ella le tiene miedo y nunca le habría hablado. 
 De fondo se escucha:
- Lo siento, mi pequeño. Siento tanto no haberme quedado contigo, separarme de ti, permitir que te hayan hecho creer que nada importa.
Aparecen todas las imágenes, peleas, hurtos, cárcel, gritos, policía. Mientras todo eso pasa, el sólo piensa en aquella niña por la que se hubiese perdido, por la que lo habría dado todo, la corriente por la que se habría dejado arrastrar.
Pero todo ha llegado a su fin, esta vez se ha pasado con la dosis, está enfadado hasta con esa niña, porque nunca se acercó, porque sólo le sonreía de lejos, le ofrecía colores para dibujar, los días que le levantaban el castigo.
Déjame quedarme contigo, déjame abrazarte. Ya ha pasado, ya estoy contigo. Ahora todo irá mejor. Tranquilo. Ya queda poco. Dentro de poco te habrás dormido.
- Tu trabajo... debe ser espantoso.
-No creas, a veces es hermoso. Hace poco visité a un enfermo de Alzheimer... dicen que algunos solo recuerdan su infancia... otros imágenes sueltas... Este no recordaba nada y antes de irse me dio las gracias.
- Me gustaría cerrar los ojos, dormirme y olvidarme de todo.
- (Abrazándolo más fuerte) Hace ya tiempo que los tienes cerrados.

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