jueves, 16 de agosto de 2012

Hasta Mañana

El dieciséis de Agosto, ella abre los ojos, con dificultad, tras el sueño, algo más tarde de lo que le hubiese gustado, pero es que su sueño estaba muy interesante. Atontada aún, y cansada, se lava la cara, y se mira al espejo. Esta mañana no se gusta mucho. Por su mente pasa la batalla diaria que le espera, la ve reflejada, y aparta la vista.
Coge cinco libros, los mete en su bolso, y sale a la calle, dispuesta a seguir construyendo un espejismo llamado rutina diaria. Huye a su lugar de escapada, el café de todos los días, que siempre había sido solitario, pero lleno de fantasmas... hasta el día en que él apareció. Como un reloj, todos los días, a las diez en punto de la mañana.
Ella ya lo sabe, él a las diez y media se marchará, para volver a su propia batalla. Desde que él llegó, ella finge ya que sólo va a leer. Levanta su libro, y la vista, porque él está también.
Y ella, sueña que sueña, se lo lleva de escapada. Le coge de la mano y le propone volar a tierras lejanas en su media hora de descanso, en lugar de estar, cada uno, en su mesa de todos los días. Él, con su zumo, su tostada, su periódico y su café, ella con su granizado y sus cinco libros... Pero esta vez, ella le coge del brazo, y le propone montar una campaña, en la India. `Nos vamos a la India. Y vamos a convertir en una escuela para niños pobres el Tahmahal`. Entonces él la mira, serio, con sus ojitos azules que empiezan a brillar, y sus rizos de oro. 'Eso está hecho, Lucía...'.
Cuando llegan, ella le señala con el dedo a sus futuros hijos, que corretean por el patio del jardín, en el atardecer de la India. ¡Cuidado... no os hagáis daño! grita él, como buen padre preocupado.
De repente, el tiempo vuelve. Él  arrastra su silla. Se levanta. Pide la cuenta, y empieza a caminar. La mira. Le mira. Se miran. Son cinco segundos. Las diez y media. "Hasta mañana".
Y ella, en ese libro que finge leer, sin darse cuenta, escribe: "No te vayas. Quédate conmigo".
Después,  observa su mesa, ahora vacía, y llena de ausencia. "Hasta mañana, mon amour".
Y el mundo retorna su giro. Hasta las diez del día siguiente.
Ella sonríe, complacida, porque Galeano le ha acariciado su rostro, y su herida, con esta frase: "menos mal que la mente viaja sin boleto..."